NUEVOS DATOS SOBRE EL CRISTO DE LA BUENA MUERTE DE CÁDIZ

Miguel Ángel Castellano Pavón (18/03/2017)


 

 

Hace ya algunos meses encontré en un anticuario de Cádiz un documento sobre la compraventa de una capilla en el convento de san Agustín de nuestra ciudad a nombre de doña Luisa de Villavicencio. Y lo curioso era que su ubicación, como se describe, estaba a continuación del Santo Crucifijo (Cristo de Animas posteriormente llamado de la Buena Muerte). Cito:

 

"...arrimado a la peana de la capilla colateral del Santo Xto. cuya propiedad y uso es de dicha comunidad".

 

Dado que, según inventarios conocidos del mencionado cenobio, no se conoce otro Crucifijo que éste de Ánimas y, posteriormente de la Desamortización, de la Buena Muerte, considero que es un dato más que interesante que, en esta fecha de 1654, unos cuatro años aproximadamente después de la llegada del Cristo, supiéramos su ubicación. El documento tiene fecha de 25 de septiembre de 1654.

 

 

En relación también con la misma hermandad gaditana de la Buena Muerte, visitando el Archivo Diocesano de la ciudad he podido leer tres de los cuatro inventarios que existen del convento que nos ocupa. Y cuál es mi sorpresa que, tanto en el inventario del 10 de agosto de 1887, como en los de 1879 y 1900, el Cristo, que ya aparece con el nombre de Buena Muerte, seguía ocupando su segunda capilla.

Recordemos que la primera ubicación del Crucificado en el convento de san Agustín sería la capilla colateral al Altar Mayor en la nave del Evangelio. Y la segunda, por permuta con la Hermandad de Humildad, la de hoy dedicada a santa Rita. Pero hay más:

 

"...nave del Evangelio capilla cerrada por rejas de hierro. Una hornacina se da culto al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, titular de la Hermandad del mismo nombre. Esta escultura, de Montañés (recordemos el equívoco mantenido durante décadas), es propiedad de la Iglesia; y tiene Virgen de los Dolores, pequeña de media talla, frontal de madera y altar".

 

Esta imagen, a todas luces, no podía ser, por sus proporciones, la actual titular (ver enlace superior) entregada años después, el 8 de diciembre del año 1939, por doña Dolores Lacoste y Sicre. Luego es evidente que la Hermandad de la Buena Muerte, aunque no procesionara, tuvo otra Virgen Dolorosa antes de la incorporación de la que rinde culto hoy en día. El texto está firmado por el capellán Cándido de Picamil, bajo cuya presidencia se fundó, el 1 de diciembre del año 1894, dicha corporación de penitencia.

No queremos olvidar el acompañamiento que tuvo la Hermandad de la representación de la Piedad, obra de los talleres de Olot (Girona), que estuvo saliendo con el crucificado hasta su venta en 1921.

 

 

La talla del Cristo de la Buena Muerte la costeó un fraile agustino llamado Alonso Suárez (ver enlace inferior). Pagó por ella 300 ducados en 1649, más del doble de lo que costaba un Crucificado en la época. El alto precio está en consonancia con la calidad de la talla. Nos da a entender que el escultor que la realiza valoraba mucho su trabajo y que tuvo que ser un artista cotizado.

En el Cádiz de mediados del siglo XVII, en plena expansión económica, era muy frecuente la importación de obras italianas, sobre todo las procedentes de Génova. El convento de los Agustinos, en particular, abre sus conexiones con Italia con la realización en Génova de sus dos portadas marmóreas, firmada la principal en 1647. Grandes artistas estaban trabajando para la Iglesia de San Agustín en la segunda mitad del XVII: el flamenco José de Arce, Jacinto Pimentel y el retablista Alejandro Saavedra. En 1649, se puso al culto una obra que, formal y estilísticamente (salvo en Arce), en principio nada tiene que ver con ninguno de dichos imagineros. Bien pudo elegir Alonso Suárez a uno de éstos, los mejores de los que habia en Cádiz por entonces, para que le hiciera su Crucificado, o buscarlo entre los existentes en el ámbito geográfico cercano, pero en cambio, y siempre desde nuestra opinión particular, no lo hizo. ¿Conoció y trató Alonso Suárez directamente con Alessandro Algardi, o simplemente adquirió una talla por que creyó que era la mejor o lo más bello que jamás habia visto?. En cualquier caso, buen gusto no le faltó al agustino, ni tampoco anduvo escaso de fondos, ya que no sólo costeó la hechura del Crucificado, sino que además le arregló un sitial por valor de 1703 reales de vellón.

El Santísimo Cristo de la Buena Muerte, antiguo de las Ánimas, de San Agustín de Cádiz, sólo puede ser una obra maestra de un gran escultor. Pensamos, por lo que hemos expuesto, que puede ser de la mano y el genio de Alessandro Algardi, el gran maestro que domina parte del panorama escultórico del XVII. Capacidad, habilidad, talento y genio tenía el boloñés para plantear y resolver una obra como la gaditana; y, además, pensamos que la escultura concuerda con su estilo y maneras, y refleja su carácter y personalidad artística.

Desde que, en 1649, el Crucificado de la Buena Muerte se puso al culto, siempre despertó devoción, de ahí la creación de su cofradía en el siglo XIX. Con su presencia imponente, majestuosa y poderosa, ya sea en un sitial, en un retablo (que lo tuvo), o en su paso procesional, cumple con su función de llevar al creyente el mensaje de la redención, el triunfo sobre la muerte y el pecado, y la doble naturaleza de Jesús, la humana y la divina.

 

 

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Fotografías de Miguel Ángel Castellano Pavón y Hermandad de la Buena Muerte (Cádiz)

 

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