SANTA BÁRBARA, UN GOLPE DE GUBIA DE FRANCESCO GALLEANO


 

 

 

Santa Bárbara fue titular de la extinguida Hermandad de los Artilleros fundada en Cádiz hacia 1725 y que tuvo su primera sede en el Convento de la Candelaria. La asociación se transfirió hacia 1771 a la Real Isla de León, junto al Departamento Marítimo y las brigadas de Artillería de Marina, trasladadas a esta localidad tres años antes.

La imagen se veneró durante quince años en la iglesia conventual del Carmen, donde los carmelitas descalzos le cedieron a la Hermandad la cuarta capilla de la nave de la epístola. Aún se conserva actualmente el altar original con la representación de la torre, atributo de Santa Barbara.

Ya en el año 1785, la Hermandad se traslada a la nueva Parroquia de San Francisco que, por su condición de castrense, estaría más en consonancia con la Hermandad de los Artilleros de la Armada. Desde entonces, permaneció en esta sede durante cerca de dos siglos.

La imagen fue retirada al culto hace más de cuarenta años y actualmente se encuentra en un deficiente estado de conservación. A finales del mes de agosto del año 2007, el restaurador y artista isleño, Eduardo Martínez Pérez, tras una visita a la Parroquia de San Francisco, se ha hecho cargo del proceso de restauración de la Santa, que se encuentra en peligro de desintegración de la madera debido al corrosivo ataque de los xilófagos durante décadas.

La talla de Santa Bárbara presenta los rasgos característicos de la escuela genovesa, con la marcada influencia del caposcuola de la escultura ligur, Anton Maria Maragliano. Son característicos los bellos ojos de cristal, coronados por unas finas y arqueadas cejas, la nariz típica de la escuela, siendo casi una continuación de la frente, barbilla redondeada que deja entrever una grácil papada, labios muy dibujados y carnosos en la zona central así como las pequeñas orejas que asoman por el bello pelo tallado, recogido en un moño italiano.

La talla está cargada del movimiento y teatralidad propios del barroco italiano, siguiendo el característico movimiento helicoidal con proyección plana en forma de “S”, heredado de la obra de Anton Maria, en donde una mano sujeta el manto contra el pecho y la otra se alza del resto de la talla. Son destacables también los bellos estofados, así como los característicos pies calzados por sandalias y apoyados en un tosco montículo pétreo.

 

 

Tras un estudio minucioso por parte del restaurador, de las características morfológicas, técnicas y estilísticas, y de los datos que se desprenden de los diferentes métodos de análisis científicos aplicados, atribuye la imagen de Santa Bárbara a Francesco Galleano (1713-1753), autor del Resucitado del gaditano Convento de San  Francisco, imagen con la que guarda evidentes similitudes desde los distintos campos analizados.

Esta atribución se ha visto respaldada a través de la documentación facilitada por el historiador local Fernando Mósig Pérez. Entre esta documentación se encuentran los datos anteriores sobre la extinguida Hermandad de los Artilleros, y, en especial, un par de documentos que atestiguan la autoría de Francesco Galleano, el cual realizó la imagen en Cádiz hacia el año 1735, junto con el retablo que presidía, por encargo de la Hermandad, recibiendo “100 pesos de a ocho reales de plata antigua.” como cantidad a cuenta por su trabajo.

Por otro lado, destaca la mediación de Jesús Garrido Pérez, estudioso de la escultura genovesa en los templos de la bahía de Cádiz, quien aportó su colaboración a la atribución de la autoría de la bella imagen de Santa Bárbara.

La importancia de este hallazgo radica en que la talla de Santa Bárbara se convierte en la segunda obra documentada, junto al Resucitado gaditano, del insigne imaginero de la escuela gaditano genovesa, Francesco Galleano, siendo un nuevo punto de partida para futuras investigaciones que arrojen luz acerca de la producción de Galleano en la provincia de Cádiz.

Igualmente con esta atribución se enriquece el patrimonio histórico artístico de la ciudad de San Fernando y se recupera un perdido trozo de nuestra historia.

 

 
 

 

Fotografías de Antonio Luis Belizón Ibáñez y Jesús Garrido Pérez para el portal Isla Pasión

 

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