LA ESTELA DE MARAGLIANO EN LA REAL ISLA DE LEÓN (Y II)
Jesús Garrido Pérez
2.1 OBRAS MAYORES (II)
Tras haber analizado cuatro, vamos a hacer mención de las dos "obras mayores" que quedan dentro de la imaginería isleña que sigue fielmente el estilo del maestro ligur Anton Maria Maragliano.
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2.1.5.
San José
Una de las pocas obras documentadas del “discípulo favorito” de Maragliano, Pietro Galleano, es el bellísimo San José de la Iglesia Conventual del Carmen. Tallada en madera de tilo encarnada y policromada, pertenece al escaso grupo de tallas genovesas que se encuentran firmadas por su autor (la firma aparece en la base de la imagen: PIETRO GALEANO SCULTOR GENOVA), además de ser una de las pocas piezas documentadas del pupilo de Maragliano. La imagen recuerda en su hechura al “San Roque” de la Iglesia de San Colomano di Vignale, así como al de la localidad genovesa de Chiavari, obras también de Pietro Galleano.
2.1.6.
Virgen de los Siete Dolores
En la Iglesia Conventual del Carmen también se encuentra la “imagen de candelero” de la Virgen de los Siete Dolores. Según Fray Juan Dobado, fue tallada entre 1730-1733 para la nueva Iglesia conventual consagrada en 1733, siendo prior Fray Juan de los Reyes.
La Dolorosa presenta los rasgos característicos del maestro ligur Anton Maria, de su escuela genovesa y de la obra atribuida a Francesco Galleano. En particular guarda mucha similitud con la “Virgen de los Dolores” de la Cofradía Servita de Cádiz, obra atribuida recientemente por el restaurador Pedro Manzano a Francesco Galleano (9).
La cabeza aparece inclinada hacia la derecha, con marcada expresión de ausencia y dolor y un misticismo particular, la nariz es recta y levemente puntiaguda, y presenta, al igual que otras obras atribuidas a Galleano, la boca abierta con bellos dientes tallados. Las cejas son finas y arqueadas, mostrando también la barbilla redondeada y una grácil papada. Las manos aparecen en actitud piadosa, con las palmas unidas sin entrelazar los dedos.
A
pesar de la similitud con las obras atribuidas a Francesco, y en especial con
la Virgen de los Dolores de Cádiz, tiene un “toque de virtuosismo” y una
“calidad” algo superior a la Dolorosa gaditana, quizás debido a que a lo
largo de su historia no ha sido reformada su hechura y policromía (al
contrario que la Virgen gaditana), o quizás porque sea obra de su hermano
Pietro, el más virtuoso de los artistas ligures después de Maragliano.
2.2 OBRAS MENORES
En cuanto a las “obras menores” (menores en tamaño e importancia pero no en calidad), cabe destacar doce interesantes piezas escultóricas.
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2.2.1.
Imágenes del retablo de la Virgen del Rosario y de San Miguel Arcángel y las
Ánimas.
En
primer lugar, encontramos las cuatro tallas secundarias realizadas para adornar los
bellos retablos de San Miguel y de la
Virgen del Rosario
(10). Nos referimos a las imágenes de
San
José, San Antonio, Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís.
La calidad artística de estas imágenes, así como los acentuados rasgos maraglianescos, hace pensar que son obras directas de Anton Maria. No obstante, la hechura y rasgos generales de estas obras no están en plena consonancia con las imágenes de “San Francisco y San Jerónimo” de la Iglesia de San Lorenzo de Cádiz, obras de suprema calidad atribuidas al maestro ligur.
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De entre las
obras documentadas en Cádiz de discípulos y seguidores de Maragliano, quizás
sean las de Antonio Molinari con las que estén en más consonancia. Molinari
nace en Génova hacia el 1717, y aunque no hay constancia de su aprendizaje en
el taller de Anton Maria, sus obras están impregnadas con plena evidencia de
las enseñanzas de Maragliano. La primera noticia documental de su estancia en
Cádiz es un contrato de arrendamiento realizado a “los maestros escultores
Jerónimo Guano y Antonio Molinari”, formalizado ante el notario Phelipe Pérez
Angulo en 1743. Molinari pertenecía al Gremio de Carpinteros y trabajadores
de la madera, agrupados bajo la Cofradía de San José, cuya imagen titular “La
Sagrada Familia” era obra suya.
Las únicas obras documentadas del artista es el grupo de la “Sagrada Familia” de la Iglesia de San Agustín (1752) y los bellísimos “Ángeles lampareros” de la Iglesia de San Lorenzo de Cádiz (1753).
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2.2.2. Imagen de San Antonio y de la Virgen del Carmen
También en los retablos de San Miguel y de la Virgen del Rosario (aunque originariamente no pertenecían a estos) se veneran dos bellas tallas de la Virgen del Carmen y de San Antonio. Ambas no se alejan de la influencia del maestro y estéticamente parecen salidas de la misma gubia, contando en su policromía con el mismo motivo floral y recordándonos nuevamente a la producción de Antonio Molinari en Cádiz.
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2.2.3.
Inmaculada Concepción
También de Antonio Molinari podría tratarse la hermosa Inmaculada del Convento del Carmen (estéticamente parecida a la Virgen de la Sagrada Familia de Cádiz), que presidía la última capilla de la nave de la epístola hasta que en 1830 la ocupó la cofradía del Santo Entierro.
La Imagen de la Inmaculada se nos muestra en su representación apocalíptica. Presenta el característico movimiento en forma de “S”, típico de la escuela ligur; no obstante, abandona la característica de la escuela genovesa de representar a la Virgen calzada con sandalias, apareciendo con el pie desnudo y apoyado en un cúmulo nuboso.
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2.2.4. San Miguel Arcángel y San Juan Nepomuceno
En la Iglesia del Carmen también contamos con dos pequeñas tallas que miden 22 cm y muestran un indudable estilo maraglianesco. Adornan el retablo de Santa Rosalía de Palermo y representan a San Miguel Arcángel y a San Juan Nepomuceno. El modelado del rostro de la pequeña talla de San Miguel recuerda al de la Virgen del Rosario.
2.2.5. San
Francisco de Asís
También en el bello templo carmelitano, se encuentra una pequeña talla, de apenas 49 cm, de San Francisco de Asís.
Es venerado en una de las capillas de la nave de la Epístola, dedicada originalmente a esta hermosa talla San Francisco. A mediados del siglo XX, los carmelitas cambiaron su titular original por la devoción carmelitana del Niño Jesús de Praga.
Esta espectacular imagen fue donada en 1733 por Manuel Arriaga (11). Su virtuoso gubiado así como sus características nos recuerdan al quehacer artístico de Anton Maria, plasmado en obras como “San Francisco estigmatizado” de la Iglesia de san Nicolás de Génova o “Santo Domingo” del convento del Santísimo Sacramento de Génova.
Esta vinculación acerca de su paternidad artística la ponen de manifiesto los estudiosos Juan Dobado y Juan Aranda en su magnífico libro titulado “El Carmen de San Fernando”.
Cargada de teatralidad, la talla nos muestra al santo italiano en actitud de predicación. Los soberbios pliegues del raído hábito, el movimiento en “S” de la figura o la maestría con las que se encuentra tallada la cabeza, adornada con una característica tonsura, la cuidada barba, los pies y las manos nos remiten al taller más importante de la Liguria, al taller de Anton Maria Maragliano.
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2.2.6.
Santa Bárbara y el Cristo Expirante
Por último, hacer una breve mención a las dos bellas tallas genovesas que han ocupado un apartado especial en este portal. Ambas se encuentran en la iglesia castrense de San Francisco.
La imagen de Santa Bárbara ha sido atribuida por Eduardo Martínez Pérez, artista y restaurador, a las gubias de Francesco Galleano. Esta atribución, respaldada por la documentación que ha aportado el historiador isleño Fernando Mósig Pérez, ha sido noticia tanto en la prensa local como en diversos portales de internet (12).
La imagen, segunda obra documentada de Francesco Galleano, se encuentra en el taller de Eduardo Martínez Pérez para su restauración.
En cuanto al Cristo Expirante, de hermosa hechura, también ha sido atribuido a las gubias de Francesco Galleano por el imaginero local Francisco Cabrera Casanova. Recientemente, ha sido restaurado por el también imaginero local Juan Pérez Bey.
3. CONCLUSIÓN
Contamos en San Fernando con parte del legado que dejaron los genoveses en la vieja Gades. Un legado que en muchos casos ha estado a punto de desaparecer por su mal estado de conservación, por la desidia o el olvido, un legado que es testimonio fiel de una etapa de esplendor ya olvidada, donde el golpe de gubia y las pinceladas de oro nos recuerdan aquel bello hermanamiento entre Génova y Cádiz.
Esperemos que no dejemos morir esta hermosa huella barroca y que el paso del tiempo no apague la hermosa estela que Maragliano dejó en la real villa de San Fernando.
Citando a
Daniele Sanguineti en su magistral libro sobre Antón Maria Maragliano: "...nell'arte
gli antichi nostri ha sorpassato, e la esperanza ha tolto a'moderni di
raggiugnerlo..."
NOTAS
(9) Hermano de Pietro Galleano y discípulo de Maragliano. Nace en Génova en 1713 y fallece en Cádiz en 1753. La Virgen de los Dolores gaditana es posterior a la que se venera en la Iglesia del Carmen, ya que sustituye a la talla de José Montes de Oca realizada en 1729.
(10) Los retablos fueron labrados seguramente entre 1758-1766. Seguramente las imágenes menores que los adornan fueron talladas en la década de los cincuenta. No tiene mucho sentido la teoría tradicional acerca de que fueron traídos los antiguos que ya estaban en la iglesia del Castillo (Fernando Mósig Pérez).
(11) Don Manuel Arriaga compra en 1733 la primera capilla de la nave de la Epístola para colocar en ella la bella imagen de San Francisco de Asís.
(12) La noticia fue publicada en el Diario de Cádiz y el San Fernando Información del 4 de septiembre de 2007, así como en el portal La Hornacina (artículos del mes de septiembre de 2007), Isla Pasión (sección Arte e Historia) y La Isla Cofrade.
BIBLIOGRAFÍA
CERVINI Y
SANGUINETI, Han tutta l'aria di Paradiso. Gruppi processionali di Anton
Maria Maragliano tra Genova e Ovada, Turín 2005.
SANGUINETI DANIELE, Antón María Maragliano, Génova 1998.
SANCHEZ PEÑA, JOSE MIGUEL, Escultura Genovesa. Artífices del Setecientos en Cádiz, Cádiz 2006.
JESÚS ABADES, La obra de los imagineros genoveses y su presencia en Andalucía (III), en La Hornacina, 2005.
FERNANDO MÓSIG PÉREZ, Historia de las Hermandades y Cofradías isleñas, San Fernando 2005.
JUAN ARANDA DONCEL Y JUAN DOBADO FERNÁNDEZ, El Carmen de San Fernando, San Fernando 1999.
NOTA DEL AUTOR: Mi agradecimiento a Fernando Mósig,
por su inigualable aportación histórica,
y a Juan Pablo Moreno por captar en sus
fotografías “la esencia del arte maraglianesco”
Fotografías de Juan Pablo Moreno, Fernando Fosati, Andrés Quijano
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www.lahornacina.com