EL GUERNICA DE PICASSO
Cuando se produjo el estallido de la Guerra Civil española, Picasso tomó partido por la República. En el año 1937 recibió el encargo de una gran pintura mural para el pabellón de la República española de la Exposición Internacional de París y pintó el Guernica, una de sus obras más famosas. Picasso se indignó al conocer la terrible noticia, y encontró de repente la inspiración que estaba buscando: pintaría la destrucción de Guernica, centro espiritual del nacionalismo vasco, para que todo el mundo conociese lo que sucedía en su patria martirizada. Se trasladó a un amplio taller de la calle de los Grands-Augustins, y el 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, comenzó la tarea, realizando los primeros trazos de la que sería una gran composición pictórica. En esta pieza, inspirada en el bombardeo de la ciudad de Guernica por la Legión Cóndor, Picasso lanzó un grito universal contra la irracionalidad y las atrocidades de la guerra. La pintura fue precedida de una obra grabada, Sueño y Mentira de Franco, que hace alusión al totalitarismo militar. La pintora Dora Maar, que convivía desde el año anterior con Picasso, fotografió cuidadosamente la evolución de la gran pintura, y así es posible conocer el proceso creador de la obra hasta su finalización a comienzos de junio. Un mes de entrega a la que iba a ser la obra más famosa de Picasso. El Guernica es una pieza mural (mide 351 x 782 centímetros) dominada por una rica gama de colores acromáticos (especialmente gris, negro y blanco) que infunden un extremado dramatismo a la escena. En cuanto al estilo, el pintor malagueño hizo aquí una recapitulación de todo su potencial plástico anterior, dando una mayor relevancia al cubismo y a la desfiguración de las figuras, que, por otra parte, se halla próxima a la violencia subversiva de los surrealistas. Picasso debió de trabajar furiosamente, empujado por la ira que le causó la destrucción de Guernica. Medio centenar de dibujos preparatorios sirvieron a Picasso para estudiar cada uno de los fragmentos de la composición, en la que finalmente dispuso a nueve personajes. Se conservan 62 apuntes o bocetos relacionados con el lienzo, que fue trazando prácticamente al mismo tiempo que lo pintaba, salvo unos pocos previos y otros pocos que siguió haciendo después de finalizarlo, dominado todavía por el arrebato creador a que le impulsaba la exasperación. Algunos están en color, pintados al óleo o con lápices. La escena se desarrolla en un interior. Mucho se ha escrito sobre el significado de la bombilla colocada en la parte superior, en medio de un óvalo luminoso. Dado que Picasso se negó a revelar la simbología de su obra, alegando que se explica por sí misma, los comentaristas imaginativos han proporcionado una larga teoría de especulaciones. No hace falta añadir más. Que cada espectador deduzca las interpretaciones que le parezcan más exactas. Fijémonos en lo concreto únicamente. |
Una serie de mujeres llorando que trazó en ese periodo estaba protagonizada por Dora Maar, y todas guardan relación con las dos mujeres que gritan desconsoladas a cada lado del lienzo, a la derecha con los brazos levantados en medio de llamas, y a la izquierda con un niño muerto en los brazos. Sus bocas abiertas claman contra los criminales que las bombardean. Otras dos mujeres quedan presentes en el escenario, a la derecha. Una está medio arrodillada, con expresión de terror, y la otra se asoma por una ventana, dejando ver solamente la cabeza, un largo brazo que sujeta un quinqué encendido, la otra mano y un pecho. Igual que sus compañeras, llevan el horror en sus rasgos y protestan a gritos contra la destrucción que padece. Rudolph Arnheim ha señalado que el predominio de la figura de la mujer tiene como clave interpretativa el hecho de que las mujeres convierten al Guernica en la imagen de una humanidad inocente e indefensa transformada en víctima. Además de las cuatro mujeres y el niño, se advierte una figura de hombre, que por estar en trozos parece una estatua partida, si bien la terrible expresión de su cara, muy semejante a la observada en las mujeres, permite suponer que se trata del cadáver mutilado de un hombre. Un brazo separado del cuerpo empuña todavía una espada rota, de la que ha brotado una flor. Este elemento permite aventurar que Picasso deseó colocar una nota de esperanza en un lienzo tan negativo para la humanidad, porque describe la barbarie en su grado máximo. Las figuras que han originado mayor número de interpretaciones son el caballo y el toro. En lo único que están de acuerdo los exégetas es en que uno representa al pueblo español y el otro al fascismo, pero se discute la identificación. El autor manifestó, en una de las pocas ocasiones en las que se mostró dispuesto a comentar su obra, que el caballo personifica al pueblo español, mientras el toro compendia la bestialidad, que es tanto como decir el fascismo. El caballo está herido, lanza un relincho de dolor, a semejanza de los gritos emitidos por las mujeres. Además, su cabeza queda exactamente debajo de la bombilla iluminadora de la escena, y junto a ella aparece el quinqué que añade luz para que se contemple bien el horror. El caballo es una de las víctimas, igual que los personajes humanos. En cambio, el toro tiene una actitud de dominio. Su hechura es arrogante, y luce unos grandes testículos, símbolo de imposición en el lenguaje coloquial hispánico. El rabo enhiesto sugiere poderío también. Es la única figura que no muestra dolor o angustia, sino seguridad, lo que implica asimismo complacencia. No se encuentra ningún elemento alusivo a la ciudad de Guernica en toda la tela. El pintor nunca la visitó, y la escena es imaginaria, no pudo verla fotografiada en un periódico. Por lo tanto, la villa sí es un símbolo de los horrores de la guerra, y una denuncia de los crímenes cometidos por el nazifascismo. Se trata de un homenaje a las víctimas de los bombardeos contra las localidades habitadas por civiles y desprovistas de defensas antiaéreas. Durante la guerra que dos años después iban a provocar Alemania e Italia, muchas ciudades padecieron el mismo trato que Guernica, así que cualquiera de ellas queda representada en este cuadro, expositor de la inhumanidad a la que ha llegado el ser humano. Durante los años 1939 y 1945, la pintura de Pablo Picasso parece que tuvo menos resonancia, a lo que contribuyó la aparición de un cierto decorativismo, como por ejemplo en Pesca Nocturna en Antibes (1939). No obstante, siguieron obras tan memorables como Pastoral. La Alegría de Vivir (1946), en la que parece cercano el recuerdo de Henri Matisse, al utilizar el color con total libertad, frente a la austeridad del Guernica. Paralelamente, Picasso (Málaga, 1881 - Mougins, 1973) inició su actividad como ceramista en Vallauris y ensayó con cualquier tipo de material y de objets trouvés, lo que le llevó a la realización de esculturas tan significativas como Cabeza de Toro (1943) o El Hombre del Cordero (1944). Si la aviación nazi había hecho desaparecer una villa vasca, Picasso entregaba a la historia un cuadro que llevaría su recuerdo a todo el mundo y mantendrá mientras haya seres humanos que lo contemplen. Nada puede justificar el horror de la guerra, pero al menos en esta ocasión una acción bélica criminal dio lugar a una espléndida obra de arte, que simboliza el de todo el siglo XX. |
FUENTES: DEL VILLAR SANTAMARÍA, Arturo. Picasso, un Obrero Pintor para la República, Madrid, pp. 27-30; A.A.V.V. "El arte de entreguerras: entre la objetividad y el surrealismo", publicado en El Arte del Siglo XX, Barcelona, 1998, pp. 167-168. |
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