LA MUERTE DE SAN FRANCISCO JAVIER POR ANDREU SALA

03/12/2022


 

 
 
Foto: Francisco Two Two

 

Andreu Sala (Navés, Lleida, hacia 1640 - Cardona, Barcelona, hacia 1710) fue uno de los mejores escultores de la plástica del Barroco en Cataluña, poseedor de uno de los lenguajes más modernos y mejor conectados con el alto barroco romano, especialmente sensible a las propuestas estéticas de Bernini o Algardi.

El San Francisco Javier (1687) de la capilla de San Paciano de la Catedral de Barcelona forma, junto con el "San Ignacio" (1690) del mismo templo y el desaparecido "San Alejo moribundo" (1685) del templo barcelonés de Santa María del Mar, un exquisito grupo de yacentes ejecutados por Sala con un profundo y místico sentido: el dolor causado por la muerte física del santo anticipa el ulterior y feliz reencuentro de este con Dios.

El San Francisco Javier esta firmado, al igual que lo estaba también el "San Alejo", en un lugar bien visible de la base. Junto con el "San Ignacio" constituyen un auténtico "tour de force" de la escultura barroca de finales del siglo XVII. La intensidad de sus arrebatos, la dulzura expresiva de sus rostros, el dominio anatómico de las figuras o el ímpetu espiritual que transmiten muestran una fuerte influencia de la cultura escultórica del Seiscientos romano y en particular de Bernini, a la que Andreu Sala hubo de tener acceso más allá de los grabados o los ejemplos pictóricos que pudo haber conocido en Cataluña.

Un caso muy parecido, dicho sea de paso, sucede con los expresivos modelos de su probable maestro, el escultor Domènec Rovira, el Mayor, y del maestro de este, el excepcional Agustí Pujol I (hacia 1585-1628), sin duda el más relevante de los escultores del primer tercio del Seiscientos en Cataluña.

La figura de San Francisco Javier yacente del banco del altar de San Paciano es una de las más logradas manifestaciones plásticas del éxtasis barroco en Cataluña. La figura es claramente deudora del "Éxtasis de la Beata Ludovica Albertini", obra de Bernini realizada unos 15 años antes y conservada en el templo romano de San Francesco a Ripa, por lo que su aprendizaje es susceptible de un probable viaje a Roma.

El retrato del santo jesuita en su lecho de muerte (falleció con 46 años a las puertas de China en una de sus misiones) fue muy difundido por los jesuitas de Goa, lugar donde fue enterrado, para que sus devotos quedaran conmovidos. Fue un santo moderno, como el mismo San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús, de prosopografía o rasgos diferenciados merced al apunte o descripción de su semblante conocido en vida.

 

FUENTES

MIRALPEIX VILAMALA, Francesc. "Feliz anhelo. Éxtasis y muerte en la plástica catalana del Barroco", en Simposio Eros y Thánatos. Reflexiones sobre el gusto III, Zaragoza, Ediciones de la Diputación de Zaragoza e Institución "Fernando el Católico", 2017, pp. 113 y 115-116.

CUADRIELLO AGUILAR, Jaime Genaro. "La muerte de san Francisco Xavier. Circunnavegación, geopolítica e iconósfera de la Compañía de Jesús", en Magallanica. Revista de Historia Moderna, vol. 8, nº 15, Universidad Nacional de Mar del Plata (Buenos Aires), 2021, p. 206.

 

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