BERNINI, EL PAPA Y LA MUERTE. EL CRÁNEO HALLADO DE BERNINI EN DRESDE

28/05/2021


 

 

Un descubrimiento sensacional. Una obra maestra de Gian Lorenzo Bernini (Nápoles, 1598 - Roma, 1680), escultor italiano del barroco, que se creía perdida, un símbolo de fugacidad en una era de contagio... Una calavera de mármol que se creía anónima anterior a 1800, conservada por la Staatliche Kunstsammlungen de la ciudad alemana de Dresde (SKD) se ha atribuido ahora al famoso artista Bernini (1598-1680). Para conmemorar este descubrimiento, la exposición especial Bernini, el papa y la muerte se inaugurará hoy.

Esta obra maestra, que se creía perdida, es una calavera extremadamente llamativa hecha de mármol blanco de Carrara. Es de tamaño natural y tan realista que casi podría confundirse con un cráneo humano real. Ningún elemento queda sin terminar ni sin escatimar detalles, desde las suturas delicadamente sinuosas que conectan los huesos del cráneo, hasta el pómulo que sobresale o el tabique nasal delgado como el papel. El cráneo es hueco y el acabado es perfecto y anatómicamente correcto en la parte inferior.

La atribución de la pieza fue posible por su muy particular procedencia: la calavera de mármol proviene de la colección Chigi en Roma, que Federico Augusto I de Sajonia, más conocido como Augusto el Fuerte, envió a su agente, el barón Raymond Le Plat, a comprarla en 1728. Su destino fue una colección significativa de 164 esculturas antiguas, junto con cuatro obras contemporáneas.

 

 

Durante una audiencia privada, Alejandro VII encargó a Bernini un sarcófago o ataúd de plomo que pensaba guardar bajo de su cama, junto con una calavera de mármol para colocarla sobre el escritorio del pontífice. La idea de rodearse de tales objetos puede parecer extraña hoy en día, pero teniendo en cuenta el hecho de que la muerte repentina, a menudo violenta, era parte de la vida cotidiana en el siglo XVII, el trasfondo en parte por motivos religiosos es claro. Fue precisamente debido a la naturaleza omnipresente y siniestra de la muerte que la gente hacía un particular esfuerzo para llevar una buena vida cristiana, asegurándose una existencia eterna en la llamada "otra vida". Incluso el referido papa quiso un recordatorio constante de la muerte.

Poco después de que Alejandro VII fuese entronizado, la gravedad de la amenaza que representaba por entonces la muerte quedó demostrada en Roma por un brote de peste en 1656-1657. Desde 1652, la enfermedad se había acercado insidiosamente desde el norte de África a través de Cerdeña y Nápoles, un escenario aterrador que podemos identificar hoy, aunque sea de una manera completamente nueva, por la pandemia del covid-19. Un ejemplo lo tenemos en las medidas que tomó Alejandro VII para combatir, y finalmente derrotar, la plaga: cuarentenas, máscaras y un amplio cierre de la vida pública. Todo ello refleja lo que ahora configura la vida cotidiana frente al coronavirus. La situación actual también ha vuelto a traer la muerte a los pensamientos de la gente, haciendo del cráneo de Bernini un "memento mori" de gran actualidad.

 

 

Bernini, el papa y la muerte, que se acompaña de un catálogo ricamente ilustrado, analiza tanto dicha plaga de peste en Roma como las piezas creadas conjuntamente por Gian Lorenzo Bernini y Alejandro VII, que se consideran, con razón, un "equipo de ensueño" de la época barroca.

En un intento de proporcionar un contexto lo más amplio posible para el cráneo, otras partes de la presentación están dedicadas a la familia Chigi como promotores y coleccionistas de arte, a la rivalidad entre Bernini y Francesco Mochi, y a la influencia de Bernini en las obras de Balthasar Permoser (Niño llorando en la imagen superior), el escultor de la corte que trabajaba en la ciudad alemana de Dresde en ese momento.

Un préstamo de especial importancia para la muestra proviene de la Soberana Orden Militar de Malta en Roma: un retrato de Alejandro VII (imagen inferior) que lo representa con el cráneo de Bernini en la mano (imagen superior). La pintura es de un discípulo de Bernini, que murió a causa de la peste en 1656.

 

 

Los edificios y las fuentes del escultor y arquitecto Gian Lorenzo Bernini tuvieron un fuerte y duradero impacto en el paisaje urbano romano, y muchas de sus famosas esculturas, como "Apolo y Dafne", "El éxtasis de santa Teresa" o "El rapto de Proserpina", llegaron a personificar la época barroca.

A lo largo de su vida, Bernini trabajó para ocho papas, pero tuvo una conexión especialmente estrecha con Urbano VIII de la casa Barberini y Alejandro VII de la casa Chigi. Para este último, creó no solo la colosal tumba del papa y la Cátedra de San Pedro, ambas en la Basílica de San Pedro del Vaticano, sino también algunas obras de arte muy privadas que dan testimonio de la estrecha relación entre pontífice y artista.

 

 

Fotografías de Oliver Killig, Nicusor Floroaica, Jürgen Karpinski y Hans-Peter Klut

 

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