LA OBRA DE MIGUEL ÁNGEL MARTÍN SÁNCHEZ EN FAVORES, PRODIGIOS Y MILAGROS
21/11/2020
El patronazgo de la imagen de Santa María de las Nieves sobre la isla canaria de La Palma es fruto de un proceso cuyo inicio se remonta, al menos, a la segunda década del siglo XVI. Poco a poco, de forma especial en la segunda mitad de aquella centuria y sobre todo a partir de 1646, la devoción se fortaleció y la Virgen de las Nieves fue invocada para que propiciase "favores, prodigios y milagros" ante todo tipo de adversidades: sequías, ataques enemigos, plagas de langosta, enfermedades... Su patronazgo se solapó al de otras advocaciones, santos y santas, invocados como protectores especializados ante trances diversos y como patronos de distintos colectivos. La institución en 1676 de la bajada, cada cinco años, de la imagen a Santa Cruz de La Palma supone un hito en esta historia devocional de medio milenio que se ha mantenido hasta nuestros días, enriquecida y renovada como la expresión más representativa de la cultura isleña. La muestra Favores, prodigios y milagros (ver enlace) ilustra este capítulo de la historia artística y religiosa de La Palma, a la vez que permite valorar su riqueza patrimonial que cuenta con sensibilidad propia. |
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Y floreció la vara de Jesé 2001 |
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San Miguel Arcángel 2000 |
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Águeda 2004 |
Tres obras en la exposición del escultor Miguel Ángel Martín Sánchez (La Palma, 1959) nos proponen reflexionar sobre la vigencia que todavía posee el arte contrarreformista. Tanto al comenzar la visita como al concluirla -quizá, con resultados distintos- nos interrogan sobre la función de las imágenes devocionales y sobre cómo el paso del tiempo deja su huella en los objetos y en nosotros mismos. De forma inevitable, las obras de Martín Sánchez plantean un ejercicio de confrontación con la imaginería y en general con las piezas de arte sacro presentes en Favores, prodigios y milagros. Martín Sánchez basa su obra plástica en la escultura figurativa religiosa renacentista y contrarreformista. De esta última le ha interesado sobre todo la imagen de vestir que, desprovista de ropajes, presenta una extraña combinación de elementos icónicos, propios de la iconografía cristiana, con otros puramente tectónicos y sustentantes, habitualmente ocultos. De la escultura del siglo XX adopta el concepto del fragmento como totalidad y la estética de la ruina como valor a explorar.Desde el punto de vista conceptual, este autor se interesa por la instrumentalización de la imaginería religiosa en contextos políticos o sociales, como las conquistas evangelizadoras del siglo XV. A ello ha dedicado diferentes estudios, sobre todo al Arcángel San Miguel, personaje habitual en su repertorio. |
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