EL SUICIDIO

Con información de Elías Rodríguez Picón (31/10/2014)


 

 

Aunque a primera vista pueda parecer un síntoma de patología mental, el suicidio o autoasesinato es mucho más que esto; es un concepto conocido por el individuo normal y posee un alto valor afectivo y ético, un significado existencial. Ante el suicidio nos enfrentamos a un problema médico, psicológico y sociológico de los más vastos, objeto con mucha frecuencia de animados debates ya que suelen encararse posiciones herméticas, a lo sumo personalizadas por la historia vivida y el proyecto filosófico anterior de cada interlocutor.

En cualquier caso, un aspecto a tener en cuenta es que el suicida, pese a que inspire frecuentemente lo contrario, nunca está solo en la causa pues su acción involucra también al entorno, al médico, al testigo... que en general siempre están obligados a tomar una posición sobre el problema de su propio suicidio.

 

 

 

El suicidio ha sido juzgado, sentido y comprendido de distinta forma a lo largo de la historia. Los suicidas, por ejemplo, fueron muy numerosos en el Antiguo Egipto y el Imperio Romano. A partir del cristianismo, sin embargo, el suicidio quedó prohibido y llegó a negarse cristiana sepultura a los suicidas.

Pese a ello, el romanticismo surgido en el siglo XIX retomó la idea del suicidio como ideal del sentimiento frente a la razón e Inglaterra y Francia acogieron varios "clubes de suicidas", asociaciones en las que sus partidarios se agrupaban para pedir a la muerte la liberación y cuyo origen se remonta al periodo de los faraones.

La última creación fotográfica de Elías Rodríguez Picón se halla parcialmente ambientada en la España de los años 40 ó 50 del siglo pasado, un contexto represivo en el que los medios más católicos calificaban al suicidio de apostasía, cobardía incomprensible, orgullosa traición, cruel egoísmo y postrimería villana.

 

 

El artista plasma en esta obra el suicidio de una joven novia momentos antes de su enlace. En su mano derecha vemos un pedazo del espejo de plata que rompe para cortarse las venas después de ingerir un buen número de somníferos, tirados junto a la tiara de boda. El reloj está parado a las siete y media de la tarde.

Un niño, seguramente el hermano pequeño de la novia, es el que encuentra su cadáver y fríamente lo muestra a sus padres. La actitud del niño frente al tormento de sus progenitores, mirando sin miedo la dantesca escena, tiene la intención según el autor de abrir una puerta a la imaginación de los espectadores. Una tragedia, no sabemos si causada por el terror ante un matrimonio de conveniencia o por el dolor ante el inesperado fallecimiento del ser amado, pero en cualquier caso dividida por la actitud impávida del niño.

 

 

Como en anteriores obras fotográficas, todo el escenario es invención efímera del autor. Incluso ha tallado en este caso el tocador y la mesilla de noche. El cuadro de la cabecera es copia de un famoso lienzo de Rafael, realizada por su padre. El otro cuadro es antiguo y representa a Cristo Niño. El visillo es del siglo XIX. La muñeca, tendida también sobre el lecho, es otra pieza antigua y lleva ropas de Rocío "la Nabuca", la misma señora que confeccionaba las flores de tela a la Virgen del Rocío, venerada patrona de Almonte.

De nuevo los retratados, salvo el padre que también ejerce de padrino y es amigo del autor, proceden del entorno familiar de Rodríguez Picón: la madre, vestida por Purificación García, es su esposa; la sobrina, con traje nupcial de Francis Montesinos, es una de sus sobrinas, y el niño, modelo recurrente en sus obras, es su hijo.

 

FUENTES: MORON, Pierre. Le Suicide, Presses Universitaires de France, 1987.

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com