UNA COPIA DE LA OBRA MÁS CELEBRADA DE ANTONIO ESLAVA PARA FILIPINAS
Con información de Christian Layug y Sergio Cabaco (02/03/2022)
El escultor e imaginero Antonio Eslava Rubio (Carmona, Sevilla, 1909-1983) talló en 1962 la Virgen de los Dolores y Misericordia para la cofradía sevillana de Jesús Despojado. En la ejecución de esta imagen a tamaño natural (mide 165 cm de altura) por la que cobró 14.000 pesetas, empleó madera de caoba, luego policromada. Una imagen que tenía como precedentes una dolorosa del autor del titular cristífero de la corporación, Antonio Perea Sánchez (1936) -posteriormente reformada por José Sanjuán Navarro y Francisco Buiza Fernández, hoy en las dependencias de la Cofradía del Despojado- y otra dolorosa de Manuel Hernández León (1959) que fue adquirida por la Cofradía del Santo Entierro de Paradas (Sevilla). Iconográficamente representa a María acompañada por Juan hacia el encuentro de Jesús en la llamada "Calle de la Amargura", tras anunciarle el santo que su Hijo camina hacia el patíbulo. En líneas generales, se trata de una dolorosa muy bella y dramática, de maduras facciones y, según la tradición, inspirada en la que Francisco Salzillo talló en 1775 para la cofradía murciana de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Rasgos distintivos de la Virgen de los Dolores y Misericordia son la mirada dirigida al cielo y la cabeza ladeada hacia el lado derecho, como muestras respectivas de búsqueda de consuelo en Dios Padre y de diálogo con el evangelista -obra de 1981 que procesiona a la derecha de María en postura inversa a habitual y es un autorretrato de su autor, Juan Ventura-; cabello esculpido en la madera, ondulado y peinado al centro, dejando descubiertas ambas orejas; entrecejo fruncido como señal de profundo dolor; boca abierta para emitir un lamento, con la lengua y las coronas dentarias talladas en su interior; mentón pronunciado con grácil hoyuelo, y cuello que muestra gran tensión muscular como consecuencia del amargo llanto en que se halla sumida. |
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Todos esos rasgos, a los que hay que sumar su condición de imagen de candelero para vestir y unas carnaciones aplicadas a pulimento mediante tonos brillantes, conformaron un modelo tan popular que, 60 años después, sigue estando vigente para los imagineros que quieren recrear con acierto a la Mater Dolorosa. El propio Antonio Eslava lo repitió varias veces en obras como la Virgen de los Dolores (Cofradía de Santa Cruz, Sevilla), la Virgen de los Desamparados (Córdoba) o la Virgen de la Amargura (Castilblanco de los Arroyos, Sevilla) y otros imagineros se basaron en el mismo para realizar algunas de sus mejores dolorosas, caso de Francisco Buiza con la Virgen de la Trinidad (Cádiz) o de Juan Ventura con la Virgen de la Concepción (Córdoba). Ahora es un escultor e imaginero filipino, Jeff de Dios Rubio, el que, más que tomar un referente, casi ha replicado el original de Eslava para la colección particular de Andrei Jocson en la ciudad de Marikina (Filipinas). Sin ser una copia exacta, su ejecución se debe a la gran devoción del cliente por la Virgen de los Dolores y Misericordia, y es una muestra más de la fuerte influencia de ciertos iconos andaluces de los siglos XX y XXI en los artistas contemporáneos del país asiático especializados en la escultura sacra. Presentamos la obra en Miércoles de Ceniza, un día muy celebrado por los cristianos, tanto españoles como filipinos, al fijar el inicio del tiempo litúrgico de Cuaresma. De cara a su presentación, la obra de Jeff de Dios, también apellidado Rubio como el maestro carmonense, ha sido ataviada con ropajes bordados por el filipino Ronillo Mariano. El atuendo sigue también el estilo de la dolorosa sevillana, si bien en este caso las manos, extendidas por delante del pecho, no sostienen cada una la rosa de pasión y el pañuelo, sino que portan entre ambas la corona de espinas de Cristo, acercando esta manera el simulacro a los de María en su Soledad. |
Fotos: Ryan Ignacio
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