UNA OBRA INÉDITA DE JOSÉ DE RIBERA A SUBASTA EN PARÍS

15/03/2020


 

 

Si el coronavirus no lo impide, está previsto que el próximo 27 de marzo sea subastada en la casa parisina Daguerre "Un filósofo: el geómetra feliz", una obra de José de Ribera (Xàtiva, Valencia, 1591 - Nápoles, 1652) que ha sido autentificada por la experta Stéphane Pinta y procede de la región de Bretaña, al oeste de Francia. El prototipo de viejo calvo que utilizó para representar al filósofo, con sus marcadas arrugas y orejas de soplillo, es uno de los favoritos de Ribera y aparece en varios de sus cuadros. El pintor prefería representar a la gente tal y como eran, con sus defectos y todos los detalles de su anatomía. De la fealdad hace nacer la belleza.

Esta tabla es un ejemplo temprano de una representación de un filósofo a medio cuerpo de Ribera. Fue pintada en Roma alrededor de 1610-1615. El tema del filósofo, que el maestro lombardo nunca cultivó, fue interpretado muchas veces por Ribera durante su carrera hasta 1640, y constituye una de sus contribuciones más originales a la corriente del caravaggismo. El éxito de esta nueva iconografía, muy codiciada por los coleccionistas, continuó durante todo el siglo XVII con Salvatore Rosa, Luca Giordano y Mattia Preti en Nápoles, pero también con Hendrick Jansz ter Brugghen, Rembrandt, Pier Francesco Mola y Diego Velázquez en otros lugares.

Los retratos de filósofos fueron muy apreciados en los cenáculos neoestoicos, cuya importancia es bien conocida a lo largo del siglo XVII. Se encontraban frecuentemente en los gabinetes de humanistas, en las bibliotecas y en las galerías principescas. El sutil refinamiento de estas obras encontró un contraste con el tipo popular, propio de la calle o de la taberna, que estableció Caravaggio y adoptó su seguidor José de Ribera, en el que el filósofo aparece curtido por el sol, sin dientes y vestido con harapos, opuesto a la nobleza literaria o científica que poseía este tema, y que en el presente caso se halla indicada solo por los libros y los pergaminos.

El modelo, fácilmente identificable por la forma de su cabeza calva, sus prominentes orejas despegadas, su nariz torcida y sus arrugas marcadas, posó para varios pintores en Roma a principios del XVII. Lo encontramos también en la obra de Guido Reni, e incluso en una "Cena en Emaús" que pintó Bernardo Strozzi y se halla en una colección privada. Ribera también pudo haber tenido en mente un arquetipo que se encuentra en los mármoles griegos y romanos del período helenístico, los dibujos de viejos grotescos de Leonardo da Vinci y las deformes caricaturas de la pintura flamenca de los siglos XVI y XVII.

Ribera acudió al mismo carácter terrenal de su filósofo o erudito para representar también a los apóstoles, profetas, santos y a las personificaciones de los cinco sentidos. De hecho, el mismo modelo que utilizó para "Un filósofo: el geómetra feliz" aparece también en otras de sus obras como el "Juicio de Salomón" (Roma. Galería Borghese), "Jesús entre los doctores" (imagen inferior. Iglesia de San Martín en Langres), "La negación de San Pedro" (Roma. Galería Corsini) o "Susana en el baño" (Madrid. Galería Caylus).

Sin llegar a retratarlo como en las piezas anteriores, Ribera se inspiró en esta fisionomía particular a la hora de pintar obras como "San Gregorio Magno" (Roma. Palacio Barberini), "San Agustín" (Palermo. Palacio Abatellis) o "San Antonio" (Barcelona. El Conventet), así como en la serie de los cinco sentidos que realizó, quizás, para Pietro Cussida, actualmente repartida entre en el Wadsworth Atheneum de Hartford, el Museo de San Carlos en México, la Fundación Norton Simon en Pasadena y la Colección Abelló en Madrid.

Este óleo sobre lienzo (100 x 75,5 cm) de Daguerre está muy cerca del "Mendigo" (Roma. Galería Borghese) reportado en el inventario del cardenal Scipione Borghese de 1615-1630, especialmente en la forma de plasmar las arrugas de frente y ojos. La pluma en la boina del filósofo, rizada en espiral y pintada con virtuosismo, llama la atención inmediatamente al espectador. Quizás el más erudito podría incluso verlo como una evocación.

Daguerre identifica el personaje de "Un filósofo: el geómetra feliz" con Arquímedes de Siracusa, considerado uno de los mejores matemáticos y físicos de la antigüedad clásica. Un boceto en la hoja de papel que sostiene evoca su trabajo sobre el método que hoy día designamos como Teorema de Tales. Otro en la mesa presenta dos círculos entrelazados y un polígono, y aparece también en otro filósofo de Ribera que se conserva en el Museo del Prado, a veces descrito como Arquímedes, a veces como Demócrito. Éste es considerado desde la antigüedad como el "filósofo que ríe", optimista, en oposición a Heráclito, el "filósofo que llora", el pesimista.

 

 

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