LA VID EN LOS RETABLOS BARROCOS DEL SIGLO XVII

Con información de Carmen Martínez (05/05/2014)


 

 

Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) ha analizado 101 retablos barrocos ubicados en 54 iglesias de Galicia y Asturias y ha logrado identificar seis variedades de vid cultivadas en esta zona peninsular. Para alcanzar estos resultados, visitaron cada uno de los templos y tomaron imágenes de las hojas y racimos de vid representadas en las columnas salomónicas de los retablos.

Los resultados de este trabajo, publicado en la revista Economic Botany, demuestran, según sus autores, el valor que tiene el arte como instrumento para estudiar la evolución histórica de los cultivos de vid y la antigüedad de algunas variedades. Las seis variedades identificadas en estos retablos del siglo XVII son Loureira, Tinta Castañal, Albariño, Albarello (también llamada Brancellao), Dona Blanca y Palomino Fino.

 

 

La vid es también un elemento arquitectónico típico del arte barroco, que se caracteriza por su forma helicoidal y su decoración vegetal, generalmente con hojas y racimos de vid. Después de tomar las fotografías, en el laboratorio, los investigadores midieron numerosos detalles botánicos en las imágenes con los mismos métodos y técnicas utilizadas para medir las hojas y los racimos reales.

El estudio se basa en la comparación de las hojas y los racimos de variedades de vid reales, con las que aparecen representadas en las columnas salomónicas de los retablos barrocos. En algunos casos los investigadores han encontrado un alto nivel de realismo, precisión y fidelidad en las representaciones, lo que permitió identificar algunas variedades reales y confirmar en varios casos su posible carácter autóctono y la antigüedad de su cultivo en las zonas vitícolas en las que se ubican las iglesias cuyos retablos han sido estudiados.

 

 

En la bibliografía antigua hay nombres de variedades de vid muy concretas y ligadas a determinadas zonas, pero solo en algunos casos van acompañados de brevísimas descripciones.

En el siglo XIX empiezan a aparecer algunas descripciones puntuales más amplias que incorporan, en casos muy excepcionales, ilustraciones, que permiten identificar correctamente las variedades. Salvo esas excepciones, en el resto de los casos todavía hoy continúa el debate en torno a los orígenes de muchas variedades, la antigüedad de su cultivo en zonas determinadas, o los problemas de sinonimias y homonimias.

El hecho de que estos investigadores hayan sido capaces de identificar una variedad real en un retablo, demuestra que en el siglo XVII esa variedad de vid se cultivaba en esa zona concreta.

 

 

Nota de La Hornacina: Carmen Martínez es investigadora del CSIC e integrante de la Misión Biológica de Galicia.

 

 

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