UN ANTIGUO DISEÑO DE TOMÁS JERÓNIMO DE PEDRAJAS PARA GRANADA
José Cecilio Cabello Velasco (19/03/2014)
Tomás Jerónimo de Pedrajas nació posiblemente en Córdoba, el 17 de octubre de 1690, hijo de padres desconocidos. Fue su padrino el librero Nicolás Jerónimo Pedrajas, y su comadre doña Leonor de León. Tomás se formó sólo leyéndose su biblioteca. Se casó muy joven con Flora Sánchez Aguayo, hija de Teodosio Sánchez de Rueda, quien llevaba ya varios años establecido en Córdoba, donde había acudido con su maestro Hurtado. En el año 1719 Pedrajas es admitido en la hermandad de los plateros, pues había descubierto que su vocación era la de diseñador y cincelador de aquellas maravillosas obras de la orfebrería barroca cordobesa. Ya en la custodia de Espejo, Pedrajas deja su impronta de su acusada originalidad con la utilización en su dibujo de los estípites barrocos, sustituyendo a las columnas. Pero su espíritu inquieto le lleva a dibujando sin cesar, y en el taller de su suegro observa las trazas barrocas del genial diseñador Francisco Hurtado Izquierdo. Pedrajas se aplica entonces febrilmente a la arquitectura. Lee los libros que en el tema se han publicado. Se ve que su arte de proyectista está sedimentado en estudios, a los que su imaginación pondría ese plus de originalidad que hace sus obras inconfundibles. En 1725 muere su esposa. Al año siguiente, Pedrajas casa en la catedral con María de Zúñiga, dama cordobesa de buena familia. El viaje a El Paular de su antiguo suegro hace que una de las más bellas creaciones del barroco andaluz se sitúe en Castilla. Pedrajas, según nos dice Ponz, hace hasta el proyecto del pavimento. Los arcos recuerdan la mesura cordobesa, la custodia produce admiración y el prior fray José García nos habla de la variedad de dibujos que para ella hiciera. Antes había hecho la traza de la iglesia de Fernán-Núñez y la de la portada y tabernáculo de San Hipólito de Córdoba. Ya con varios hijos de su segunda unión, que, con los dos de la primera, constituye una familia numerosa, hay que trabajar mucho para sacarlos adelante, y hasta Salamanca llega Pedrajas en busca de encargos, de trazas, pues eso es lo que le gusta. Ya no tiene paciencia para el cincelado y su espíritu creador se explaya mejor en el mundo del proyecto. Acompaña a Teodosio Sánchez en su viaje a Priego de Córdoba en el año 1748, y hace el dibujo de las yeserías, que admirarían los prieguenses en la parroquial de la Asunción. La sacristía de la Cartuja de Granada se inicia en 1732, cuando hacía siete años que había muerto Hurtado, autor de un primer proyecto en 1713. Taylor sostiene, en su artículo sobre la Cartuja, publicado en Archivo Español de Arte, que la obra de la sacristía se debe a Pedrajas siguiendo la traza de Hurtado, aunque modificándola. Pero no hay más que ver en Córdoba la última obra de Hurtado, la sacristía del Cardenal, para observar que son estilos diferentes: aquél es aún barroco del 1600, y lo que aparece en la sacristía granadina es el rococó dieciochesco en plena eclosión. Hacia 1740 fechamos el proyecto genial de Pedrajas. Esta época -ya el arquitecto platero cuenta 50 años de edad- es la mejor época creadora del príncipe del rococó español. La catedral granadina le nombra su platero y al taller de Pedrajas en Córdoba vienen los artistas plateros en busca de diseños. En uno de sus viajes a Granada le sorprendió la muerte, el 19 de marzo del año 1757 según nos dice Gallego Burín. Si se supiera donde están los restos de Pedrajas se debían trasladar a la sacristía de la Cartuja granadina, su más bella creación artística. |
De este extraordinario artista es el proyecto de corona elegido por la Cofradía del Huerto de Granada para realizar la presea de Coronación Canónica de su Dolorosa, la Virgen de la Amargura. Es un diseño coetáneo a la propia imagen, realizado por Pedrajas en 1751, para la hermandad malagueña de Nuestra Señora de la Victoria, que parece que nunca llegó a hacerse realidad. Hoy el boceto se guarda en el Museo de Málaga. Se trata de una corona imperial cuya tipología es la característica del siglo XVIII en Córdoba. El maestro platero ha dibujado un aro labrado con cabezas de querubes y flores muy henchidas, sobre las que apoya una banda calada y primorosamente labrada con veneras remarcadas por "ces" de bordes rizados, cabezas de querubes y flores. De aquí nacen las imperiales, de perfiles sinuosos y bastante anchas, cuyos extremos superiores convergen en el centro, donde asienta la bola del mundo rematada por una cruz. La corona diseñada por Pedrajas carece de ráfaga, elemento decorativo que en aquel tiempo estaba plenamente consolidado en la decoración de las coronas imperiales; por lo que, para la realización definitiva de la corona en Granada, se añadirá una ráfaga por acuerdo del cabildo de hermanos. Dicha ráfaga será de tal sencillez y sobriedad que no competirá con el diseño dieciochesco del canasto ni le restará protagonismo, sino que la destacará y manifiestará en todo su esplendor. Este trabajo ha sido encargado, después de cotejar varios proyectos de prestigiosos orfebres y por decisión del cabildo de hermanos de la cofradía granadina, al orfebre Alberto Quirós, que ha elaborado una sencilla, sobria y elegante ráfaga en donde se alternan los rayos flamígeros con otros en punta y otros ornamentados sutilmente con delicadas ramas de olivos. En la parte inferior, por encima de la cabeza de la imagen se sitúa una corona de rosas que recuerda las que utilizan las religiosas en la ceremonia de toma de hábitos y de votos solemnes al ingresar en las órdenes. Por encima de esta corona de rosas se situará una antigua venera del siglo XVII en esmaltes, oro y granates, donación de la comunidad de Madres Comendadoras. La correspondiente parte opuesta del canasto será ocupada por un corazón traspasado de siete puñales. En la parte superior de la corona aparecerá la bola del mundo, de lapislázuli, situada debajo de la cruz que culmina este hermoso trabajo, rodeada de una rama de olivo simbolizando la paz mundial. En la base de la corona se situarán cuatro granadas en alusión a la ciudad de Granada. Una serie de cabezas de querubines, ornamentarán los imperiales y la base la corona. Doce estrellas, que se podrán quitar circunstancialmente, rodean este trabajo de orfebrería, que será realizado a dos caras y en plata de ley, con la aportación de oro y piedras preciosas que realicen los hermanos y devotos de la imagen de la Virgen de la Amargura. Alberto Quirós es Titulado Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño en Orfebrería y Plata, y Técnico Especialista en Orfebrería y Diseño de Joyería por el Consorcio-Escuela de Joyería de Córdoba. Ha continuado su formación con la práctica, entre otros, en los talleres de orfebrería de Hijos de Diaz Roncero, uno de los orfebres más importantes de Andalucía. Desde hace varios años Alberto Quirós establece su taller en Granada, donde ha realizado obras para la zona y otras provincias como Córdoba. Además de esta corona, está realizando la orfebrería del techo del paso de palio de María Santísima de la Amargura. |
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