LA VIRGEN DEL CARMEN (GRAN MADRE) DE GRANADA Y EL ESCULTOR AGUSTÍN DE VERA
16/07/2021
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Foto: Mery Morales |
La Virgen del Carmen es una de las diversas advocaciones que existen de la Virgen María, ésta en su papel de patrona y fundadora de la Orden Carmelita. La tradición de culto a esta advocación es bastante reciente en comparación a otras. María tiene por completo el aspecto de una de las religiosas de la orden carmelita, aunque los hábitos que lleva están adornados con motivos decorativos que no se dan en la realidad monacal. Lleva al Niño Jesús en brazos, sosteniéndolo con la mano izquierda, y con la derecha ofrece el escapulario. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Palestina, nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se traduce como "jardín". En 1200, unos ermitaños se retiran al Carmelo inspirados en el profeta Elías, quien vivió en dicho lugar, y allí forman la orden. Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana. Alrededor de 1251 se produce la visión de San Simón Stock, superior general de la orden. La Virgen del Carmen prometía a los fieles la salvación de sus almas si llevaban la señal del hábito o el escapulario carmelita, del cual le hizo entrega al santo, y si cumplían prescripciones de oración y castidad. Se considera que la Virgen del Carmen es la intercesora de las almas del purgatorio que esperan la purificación, ella es la encargada de salvar a todo aquel que haya cumplido con sus responsabilidades como devoto y llevarlo hasta el cielo. La Virgen descendería al purgatorio el primer sábado después de su muerte para llevar a las ánimas al cielo, de ahí que esto recibiese el nombre de Privilegio Sabatino. La promesa a San Simón Stock fue que quien muriese con el escapulario no padecería del fuego eterno. En otra aparición al papa Juan XXII, prometió sacar del purgatorio a las almas que muriesen piadosamente, con el escapulario, en el sábado siguiente a su muerte. El escapulario es un signo externo, sacramental, que presupone una vida de gracia. Su preparación consiste en un nuevo hábito que incluía la túnica marrón anudada a la cintura, escapulario marrón, capucha y capa blanca. Se entiende como escapulario tanto la pieza de vestimenta que forma parte del hábito carmelita, como el escapulario tipo amuleto. De esas dos, los feligreses podían elegir cual llevar consigo durante su vida para obtener esa recompensa de salvación tras la muerte. En España la Virgen del Carmen es la patrona del mar y de la Armada Española. También es reina y patrona de países como Chile, Bolivia, Perú, Venezuela y Colombia. Dentro de su simbología, aparece como "Estrella del mar" que guía a los marineros por las aguas difíciles del mundo hasta el puerto seguro que es Cristo. |
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Foto: Elías Sánchez |
La talla de Nuestra Señora del Carmen (Gran Madre) del Museo-Monasterio de las Madres Carmelitas de la Antigua Observancia (Granada) es una imagen de la Virgen madre que, aunque actualmente preside la capilla del monasterio, se concibió como Virgen de coro. Esta función la cumplió hasta mediados del pasado siglo XX, estando situada en el centro de la estancia del coro conventual. Continuamente se ha atribuido su autoría tanto a José Risueño como a Diego de Mora, a éste último de manera fehaciente por historiadores como Gallego Burín o Peinado Guzmán. Recientemente, Palomino Ruiz, analizando la obra que actualmente se conoce de dicho escultor, desestimó dicha atribución fundamentándose en las diferencias tanto técnicas como estilísticas que presenta la imagen carmelitana, y la emparentó directamente con piezas de su discípulo Agustín José de Vera y Moreno, apreciando especialmente la casi puntual repetición del rostro en su Inmaculada Concepción del camarín de San Juan de Dios de Granada. Así mismo, Palomino Ruiz consideró que el tratamiento de los paños angulosos y ampliamente quebrados la separa claramente de la producción de Diego de Mora. Para Palomino Ruiz, tal vez sea Agustín de Vera quien mejor continúe en un principio los modelos acuñados por su maestro Diego de Mora, de ahí la confusión a la hora de adjudicar la paternidad artística a la Gran Madre. Agustín trabaja de manera independiente al menos desde 1718, año en que realiza una talla de San José para el convento femenino del Carmen calzado. Aunque en los rostros define pronto un tipo fisionómico propio, con la nariz marcadamente aguileña y la boca pequeña, lo basa en los rasgos esenciales de los Mora. La Gran Madre que le atribuye responde a un modelo femenino sedente donde Agustín de Vera parece seguir los precedentes sentados por Diego de Mora. Agustín mantiene el arquetipo de Virgen trono que deja preeminencia a Jesús, con torso retraído, cabeza inclinada a su derecha y figura abierta en su base. Muestra también larga cabellera resuelta en mechones extendidos sobre hombros y espalda. Así mismo, la Gran Madre recoge el recurso de bordes vueltos para el manto y vuelo del mismo sobre los brazos del sillón. Incluso la disposición y actitud que muestra el Niño Jesús, en escorzo y dirigido a los fieles, recuerdan a las vírgenes madres sedentes de Diego de Mora. Como hemos dicho, el tratamiento de estos mismos paños, angulosos y quebrados, dista del estilo de Diego, manifestando la extraordinaria solvencia que demuestra Agustín en el trabajo de la piedra, que utilizó con frecuencia y casi sin interrupción. Según López-Guadalupe Muñoz, Agustín de Vera Moreno (1697-1760) debió formarse en el taller de Diego de Mora junto a Diego Sánchez Saravia y Torcuato Ruiz del Peral. Esta formación resulta decisiva en la orientación de su plástica, severamente marcada por los modelos del taller, pero con el aliciente de cierta originalidad en el corte de gubia y de la versatilidad de quien talla también la piedra, rasgos que lo convierten en un escultor más que estimable. Para López-Guadalupe Muñoz, Agustín de Vera ofrece siempre un sentido barroco de la imagen, a base de planos contrastados y superficies vibrantes, iniciando, junto a su condiscípulo Ruiz del Peral, una técnica de talla profunda e incisiva, cortante y abiselada, que sofistica y hace compleja la práctica escultórica, más atenta a la dificultad técnica que a problemas compositivos o expresivos. No obstante, sostienen con dignidad la práctica imaginera de su escuela, prolongando y dulcificando los modelos de los Mora. |
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Foto: Antonio Orantes |
FUENTES PALOMINO RUIZ, Isaac. Diego Antonio de Mora López (1658-1729) obra, vida e influjo de un artista de saga (tesis doctoral), Universidad de Granada, 2017, pp. 123 y 388. TORRES SELLENS, Andrea. Estudio histórico-artístico y propuesta de intervención de una Virgen del Carmen del siglo XX (trabajo de fin de grado), Universitat Politecnica de València, 2019-2020, pp. 16-17. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús. "Escultura y escultores en Granada en la época de Ruiz del Peral. Modelos, talleres y síntesis evolutiva", en Boletín del Centro de Estudios "Pedro Suárez". Estudios sobre las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, nº 21, Centro de Estudios "Pedro Suárez", Guadix, 2008, pp. 293-294. |
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