OBRAS DEL CÍRCULO DE PEDRO ROLDÁN EN EL MUSEO LÁZARO GALDIANO DE MADRID
Jesús Porres Benavides (03/07/2021)
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Foto: Jesús Morate Roldán |
Entre los fondos del Museo Lázaro Galdiano de Madrid se conservan varias obras escultóricas barrocas de procedencia andaluza que podemos adscribir al círculo del escultor sevillano Pedro Roldán. Una de ellas es un busto de santo que ha sido identificado con San Jerónimo, cuyas dimensiones según el museo son 63 x 32 x 52 cm. Se sabe que estaba en la colección de José Lázaro antes de 1926. Muestra gran tonsura y barba, y se halla revestido de una dalmática, de cuyo collar penden dos borlas de pasamanería. Fue realizado en madera policromada, con la dalmática, collarino y base plateados. Emilio Camps Cazorla la catalogó como obra española de mediados del siglo XVI, pero hace unos años Pedro Francisco García Gutiérrez la catalogó como obra madrileña perteneciente a la escuela de Villabrille y Ron y en concreto a Juan Pascual de Mena. Como bien observó García Gutiérrez, no se trata de una obra de Villabrille, y lo propuso como posible obra de Juan Pascual de Mena o Luis Salvador Carmona, especialmente del primero. También señaló algún paralelismo con el "San Marcos" de su iglesia madrileña, esta sí obra de Juan Pascual de Mena, o el "Cristo del Desamparo" del antiguo convento de las Carmelitas Descalzas de Madrid. Analizando la obra de Juan Pascual de Mena, vemos a un autor de indudable calidad, pero que poco tiene que ver con este busto de santo (imagen superior). Esta obra puede tener las lógicas similitudes con alguna cabeza de santo barbado como el "San Benito" de la iglesia madrileña de su advocación, pero incluso obras que podrían parecerse por representar un varón anciano con barba, como el atribuido a Juan Pascual de Mena y lamentablemente perdido "San Ginés de la Jara" de Cartagena, no tienen demasiado en común. Tampoco la cronología que propone de la segunda mitad del siglo XVIII nos parece muy acertada. La escultura está compuesta de dos piezas, la cabeza y el busto. Es de madera de conífera, seguramente pino. Llama la atención la desproporción de los hombros con la cabeza, así como el busto tipo relicario -aunque no tenga hueco para reliquia- plateado, incomprensiblemente bien conservado para la fecha de la que pretende ser y sin ningún desgaste en la superficie. Algún motivo iconográfico, como la cruz de Malta, no sabemos a qué hace referencia, y el estilo un tanto ecléctico del busto nos llevan a pensar en una posible modificación para ponerlo a la venta por parte de anticuarios. Hay que tener en cuenta que José Lázaro compró mucho en el mercado anticuario tanto dentro como fuera de España. Sin duda estos bustos y más cuando están recompuestos posteriormente presentan problemas de atribución e interpretación iconográfica al contar con poco volumen que analizar. Las características de este busto de santo del Museo Lázaro Galdiano parecen indicar un origen andaluz, región donde a principios de siglo compraron con frecuencia tanto José Lázaro como otros coleccionistas importantes como el pintor Joaquín Sorolla. La pieza guarda más relación con lo sevillano que con lo madrileño. Según nuestro criterio, corresponde más a una obra del círculo de Roldán y de la segunda mitad del siglo XVII. El perfil recuerda mucho a algunas obras de Pedro Roldán donde hay improntas de su plástica respecto a la técnica de talla, ausencia de postizos, etcétera, que, como comenta José Roda Peña, comparten muchos escultores contemporáneos al sevillano, entre discípulos, seguidores y admiradores de su plástica, lo que dificulta mucho su catalogación. Hubiera sido interesante definir más la autoría, pero resulta bastante problemático al contar solo con la cabeza. La presunta identidad iconográfica del busto de santo que estudiamos también es problemática, pues lo mismo podría tratarse de un San Jerónimo -al que, cuando no se le representa de cardenal (y no de simple diácono como éste) aparece como eremita-, como de San Pedro Nolasco, pues sus rasgos fisonómicos se parecen más al fundador de los Mercedarios. Tampoco a San Jerónimo tampoco se le suele representar tonsurado. |
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Foto: Jesús Morate Roldán |
Por otro lado, en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid se encuentra un relieve en terracota policromada denominado La erección de la cruz, clasificado como pieza napolitana de finales del siglo XVII. Esta obra, de 21,50 cm de alto por 28 de ancho y formato ovalado, muestra a Cristo crucificado en el momento de ser levantado en la escena conocida popularmente como la Exaltación de la Cruz. En esta escena la cruz es sostenida por cinco esbirros, que con gran esfuerzo la levantan junto con el reo. Muy dinámicas son las figuras de los sayones, dos de ellos se encuentran en la parte inferior de la escena, uno de los cuales soporta con su espalda el madero, mientras que otro, con las piernas abiertas y los brazos agarrados a la cruz, hace un esfuerzo titánico para empujar hacia arriba. Los otros tres, que se encuentran en la parte superior de la escena, ayudan en este cometido, incluso uno de ellos, representado con el torso desnudo, tira del paño de pureza de Cristo para este fin. Muy anecdótica es la imagen del niño que está en el centro, con un canasto de materiales que habrán servido para clavar a Cristo en la cruz. También es interesante la representación de los dos soldados a caballo, uno de los cuales va vestido como militar del siglo XVI con armadura y casco, mientras que el otro se representa como un elegante oficial. Al fondo, en bajorrelieve, se observan una serie de personajes entre los que destacan un sayón de espaldas tocando una trompeta y un soldado con lanza o pica escoltando a los ladrones que van a acompañar al crucificado en su castigo. La escena se inspira compositivamente en obras como el cuadro de Rubens "La Elevación de la Cruz". Dicha pintura fue difundida desde su primera reproducción en grabado de 1638 por Hans Witdoeck, aunque en la misma se invierte el grupo del Cristo y los sayones que lo levantan, uniéndolos al grupo de los soldados que están a caballo en comparación con la escultura de la Colección Lázaro. Sin embargo, un análisis más detallado nos pone en la pista de obras posteriores como el grabado del que definitivamente se inspira del mismo tema, obra de Schelte a Bolswert, tomando de referencia un cuadro de Van Dick. De hecho, si volteamos la obra -lo que nos lleva a pensar que utilizó un grabado- quedan muy patentes las similitudes. Los cuatro sayones que levantan la cruz son prácticamente idénticos, aunque el que está semidesnudo que en el cuadro tira de la cuerda -copiando al de Rubens- aquí tira del paño de pureza de Cristo. Más parecido tienen todavía los soldados a caballo, especialmente el que está en primer plano, que son una copia casi literal del grabado donde incluso el celaje copia también la obra. Por su estilo barroco y carácter andaluz -posiblemente sevillano-, así como por su morfología, recuerda a los relieves que portan las canastillas procesionales desde el Barroco en Andalucía occidental. Lo único que no concuerda es su soporte, barro cocido, pues este tipo de relieves, así como la canastilla y las decoraciones que tiene esta, suelen realizarse en madera, un material menos frágil, aunque también menos duro. En madera policromada también se solían hacer las imágenes procesionales con algunas excepciones como la pasta o incluso la cabeza o algunas extremidades en barro cocido. Debido a su temática, pequeño tamaño y morfología ovalada, es plausible que La erección de la cruz hubiera servido como modelo para la realización de relieves destinados a pasos procesionales. Adicionalmente, por su carácter acabado y preciosista, así como por la exquisita policromía que presenta, es posible que fuera el primer modelo de un encargo. Es sin duda una obra de filiación andaluza y en concreto tiene en común elementos del relieve sobre el mismo tema de la canastilla de la Exaltación de Sevilla -obra del matrimonio formado por Luisa Roldán y Luis Antonio de los Arcos-, aunque invertida. Detalles similares son la disposición en algunos sayones que están levantando la cruz o el sayón que toca la trompeta al fondo, aunque presenta novedades como la forma frontal en que se muestra el crucificado, mientras en el de Sevilla lo levantan horizontalmente presentándolo en escorzo. |
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Foto: Pedro Manzano Beltrán |
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FUENTES PORRES BENAVIDES, Jesús. "Obras escultóricas andaluzas en el Museo Lázaro Galdiano", en Actas del Congreso Internacional "Coleccionismo, mecenazgo y mercado artístico: Orbis Terrarum", Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2020, pp. 333-341. |
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