CIBORIOS
Alejandro Villa (02/08/2021)
![]() |
Ciborio del Museo Arqueológico Nacional Foto: MAN |
El baldaquino, especie de dosel o palio realizado en tela de seda o damasco, sirvió para cobijar y resaltar elementos importantes del templo cristiano, entre los que destacaba por encima del resto, el altar, sobre todo a partir del Renacimiento. En ocasiones, se denominaba con este nombre a los ciborios de madera, metal o piedra, como este, que tenían forma de templete y que cumplieron la misma misión durante la Alta Edad Media. Tomado del mundo clásico romano, el ciborio gozó de especial éxito en el ámbito italiano altomedieval, donde se sitúa el origen concreto del extraordinario ejemplar que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), nombrado Pieza del Mes en Agosto 2021. Sus características técnicas e iconográficas son típicas, más allá del ámbito italiano, del conjunto de la plástica cristiana occidental contemporánea. Con esta pieza el MAN (Calle Serrano 13, Madrid) sigue con el ciclo ¿Te has fijado en mí? dedicado a esas piezas que quizás pasan más desapercibidas para el público visitante pero que son también de gran interés. El horario de visitas del MAN es el siguiente: martes a sábados, de 09:30 a 20:00 horas; domingos y festivos, de 09:30 a 15:00 horas. Un ciborio es una estructura arquitectónica en forma de edículo o dosel que corona o cubre algún lugar sagrado, como un altar, un sagrario o una tumba, con la doble finalidad de protegerlo y de realzarlo. La estructura se apoya comúnmente sobre cuatro columnas, y se realiza en madera, piedra o metal. Cuando este objeto es de tela, recibe el nombre de baldaquino, si bien ambos términos se han utilizado indistintamente: "ciborio" se emplea sobre todo en referencia a la arquitectura paleocristiana, bizantina y románica, mientras que la denominación "baldaquino" lo hace a partir del Renacimiento. Por tanto, en este caso, hablaremos de ciborio para denominar más correctamente a esta pieza del MAN. El origen del ciborio hay que buscarlo en la época romana clásica. En el ámbito civil y religioso, se colocaban unos edículos sobre el trono de los emperadores y sobre las esculturas de los dioses, respectivamente. Estos elementos aportaban un signo de dignidad divina e imperial, que fue inmediatamente adoptado por la Iglesia cristiana, igualmente con la intención de dignificar el lugar donde iba a realizarse el sacrificio divino. Posiblemente, la estructura cuente con influencias de los ciborios de las tumbas judías cubiertas con un tabernáculo de remate piramidal. De hecho, los primeros cristianos habrían levantado sus altares sobre las tumbas de sus primeros mártires, por tratarse de lugares de confluencia de connotaciones divinas y funerarias. En la arquitectura cristiana primitiva, el ciborio hace su aparición en las primeras iglesias cristianas, de disposición basilical, construidas tras la Paz de la Iglesia en el siglo IV. En ellas, el altar, situado delante del ábside, ya pasa a convertirse en un elemento estable, con entidad arquitectónica propia y cubierto, en un primer momento, con ciborios provisionales de madera, probablemente decorados con adornos de orfebrería. Más adelante, se transformaron en sencillas estructuras de piedra que, al igual que otras piezas de mobiliario litúrgico, como los canceles que separaban los distintos espacios, se ornamentaron con decoración en relieve. Con el paso del tiempo, sobre todo a partir del Renacimiento, aumentaron su tamaño y adquirieron gran complejidad estructural y decorativa. Aunque la tipología más habitual de ciborio es la que consta de cuatro columnas cuyas bases apoyan en el suelo, (cubriendo el altar y el espacio en torno al mismo, y dando lugar, por tanto, a una estructura de grandes dimensiones), el ciborio del MAN pertenece a una tipología menos común, de dimensiones pequeñas y cuya característica definitoria sería la de apoyar sus cuatro columnas directamente sobre el tablero del altar. |
![]() |
Detalle del ciborio de Rosciolo dei Marsi (Italia) Foto: Camilla Perondi |
De procedencia desconocida, el conjunto, compuesto de cuatro placas arcuadas de mármol y de otras tantas columnas de caliza, conserva una inscripción incompleta en la placa delantera en la que se menciona el nombre de un arcipreste. Inscripciones similares, habituales en este tipo de piezas, suelen referirse al donante que encarga y financia el objeto, en este caso, un eclesiástico. Tanto su repertorio decorativo, caracterizado por la ausencia de figuración humana y la predominancia de temas simbólicos, (cruz griega, cálices), geométricos (trenzas, círculos), vegetales (roleos, entrelazos, flores, hojas) y animales (pavos reales) no naturalistas y diversos objetos (cruces, cálices), así como la técnica empleada con planos profundos biselados a cincel, son típicos de la escultura altomedieval europea de los siglos VI al X. La decoración y los temas decorativos descritos se distribuyen por el anverso de los cuatro tableros que conforman la parte superior del ciborio, espacialmente por las roscas y las enjutas de los arcos, y por los remates superiores. En las artes plásticas altomedievales, más que la belleza de las formas o su realismo, lo verdaderamente relevante es lo que simbolizan, el mensaje que transmiten. Tal es el caso del pavo real, animal de gran importancia que goza de un especial simbolismo en el arte cristiano altomedieval. Se pensaba que su piel era incorruptible y que permanecía sin descomponerse incluso después de la muerte, circunstancia que condujo a considerarlo como símbolo de inmortalidad, un concepto especialmente relevante para el cristianismo. Esta idea quedaba subrayada por el hecho de que cambiaba su plumaje anualmente, añadiéndole una connotación de regeneración y resurrección. Además, la disposición de los colores del plumaje, que parece formar un manto de ojos, recordaba a los cristianos el ojo de Dios, que todo lo ve. Aunque se cree que no fue imprescindible para celebrar la eucaristía, en la práctica el ciborio acabó convirtiéndose en un elemento esencial, pues aunaba varias funciones: protectora, litúrgica (aunque ninguna específica), estética y simbólica. Cobijaba físicamente el espacio del altar, protegiéndolo de posibles caídas de piedras y suciedad. Permitía la ocultación del espacio del altar en determinados momentos de la ceremonia, mediante la colocación de cortinas y colgaduras convenientemente plegadas y desplegadas en el momento oportuno, a la par que servía de soporte para colgar lámparas y otros accesorios. Además, destaca y adorna el espacio sagrado del altar, concentrando el énfasis visual y convirtiéndolo en el verdadero hito del edificio. Desde una perspectiva simbólica, además de realzar el espacio que cobijaba, la cubierta del ciborio sería una evocación de la bóveda celeste. La similitud entre la tipología, la técnica y el repertorio decorativo de las placas romanas de finales del siglo VIII y del siglo IX y del ciborio Pieza del Mes en Agosto 2021 del MAN permite atribuir sin duda su factura a talleres localizados en la ciudad de Roma en esta época. Estos talleres se concentraron en torno a los pontificados de Adriano I, León III y Pascual I, período que coincide en el plano político con el Imperio Carolingio. Es una época de auge constructivo en Roma, donde se reconstruyen las primitivas basílicas del primer cristianismo y se levantan otras nuevas. Estos edificios recibieron una importante dotación de mobiliario litúrgico, destacando la talla de tableros de cancel y, en concreto, de ciborios como el que nos ocupa. Precisamente, la arquitectura y el arte de época carolingia pretendieron recuperar las formas y la iconografía del pasado romano, un fenómeno que ha sido denominado como "Renacimiento Carolingio". Pero ahora el modelo de referencia ya no es la Roma pagana de época alto imperial, sino la Roma cristiana surgida a partir del Edicto de Milán promulgado por el emperador Constantino (313). Así, se emulan las características de la arquitectura basilical paleocristiana, y, en el campo de las artes plásticas, se copian obras antiguas en pintura (tanto parietal como la que ilustraba los manuscritos), mosaico y escultura. Por ello, el tema de los pavos reales afrontados, propio del primer arte cristiano, debe interpretarse en este marco de recuperación de la plástica cristiana bajoimperial, representado en este ciborio. Frente a otros territorios europeos, como el italiano, con mayor número de restos de ciborios, la península ibérica presenta una serie de particularidades que pudieron justificar la desaparición de estos elementos y es que, en España, adquiere un enorme desarrollo, ya desde mediados del siglo XV, el mueble del retablo, un retablo que habría ido desplazando al ciborio en su protagonismo como punto focal del altar. |
![]() |
Ciborio de Sovana (Italia) Foto: Gabriele Tudico |
www.lahornacina.com