RESTAURACIÓN DEL ENCRYM. DOLOROSA ARTICULADA

24/01/2014


 

 

Esta Virgen Dolorosa, escultura policromada de vestir del siglo XVIII, cuya antigüedad se estima mayor de 200 años, recobrará la movilidad del torso y los brazos gracias a la restauración que realizan profesores y estudiantes del Seminario Taller de Restauración de Escultura Policromada de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRYM), encabezados por la especialista Fanny Unikel Santoncini.

La pieza, que procede de la localidad de San Bartolo Cuautlalpan, en la región mexicana de Zumpango, era utilizada en la procesión de la Semana Santa, donde su teatralidad impactaba a la gente, pues sus brazos eran articulados para acercarse al rostro como si estuviera llorando al tiempo que su cuerpo se inclinaba. Sin embargo, los estragos causados por el paso del tiempo hicieron que el mecanismo que permitía su movilidad se dañara. Por otro lado, una invasión de insectos deterioró severamente la madera.

La talla llegó al ENCRYM bastante deteriorada del soporte, porque tenía un ataque biológico, le faltaban algunos dedos y venía con un ojo dañado. Además, en los años 50 sufrió una desafortunada intervención en la que se le aplicó pintura vinílica, que le dio un aspecto amarillento y, en la cara, hasta verdoso.

 

 

Esta escultura policromada, cuyas dimensiones son 110 x 50 x 50 cm, está elaborada con distintos tipos de madera, esencialmente de colorín y caña, además de poseer algunos elementos de pino y de su base, que es de cedro blanco. Ha sido sometida a diversos análisis, tanto de maderas y fibras como de radiografías, aunque estas últimas de poco sirvieron porque, de las ocho capas de policromía que presenta, al menos una es a base de plomo, lo que impidió ver su interior, por lo que le realizaron una tomografía axial computarizada que les dejó ver dos poleas y una placa que servía para accionar los brazos.

Actualmente se trabaja en implementar un mecanismo para recuperar la movilidad de la Dolorosa, porque ese es el objetivo primordial de la restauración, aunque no será con la pieza original, pues esta escultura se tendría que partir a la mitad y eso no sería lo más adecuado. La intervención ha consistido hasta la fecha en una limpieza mecánica y una físico-química con uso de alcohol, con lo que se eliminó el barniz verdoso que tenía; resanado con pasta de carbonato de calcio y pasta de aserrín de colorín; reintegración de la policromía en todas las partes resanadas mediante rigatino (rayado de distintos tonos); adhesión de la parte del ojo que tenía roto, y reposición del lóbulo de una oreja y del mecanismo que le daba movimiento.

Las piezas escultóricas articuladas, procesionales o no, no son tan comunes en la actualidad, y recuperar las de esta obra servirá para mantener una tradición casi perdida con el tiempo; de ahí no solo la importancia artística, sino también histórica y antropológica que posee la Dolorosa de San Bartolo Cuautlalpan.

 

 

Fotografías de Mauricio Marat

 

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