CURIOSIDADES SOBRE LA ICONOGRAFÍA DE LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS

04/12/2021


 

 
 
Adoración de los Magos (Manuel Peña Suárez, 2021, dibujo en papel para obra pictórica)

 

La visión de la majestad divina en el regazo de María tiene lugar en el contexto de la Epifanía o Adoración de los Magos al Niño Dios, un episodio narrado en los evangelios, tanto canónicos como apócrifos, y constituido como tipo iconográfico desde la época paleocristiana. La escena, tal como la vemos codificada en los sarcófagos paleocristianos, deriva compositivamente del séquito de vencidos oferentes presentando dones al emperador romano; tema éste que puede ser observado, por ejemplo, en la romana columna de Marco Aurelio (hacia 176-192, Roma), o en el Díptico Barberini (primera mitad del siglo VI, Museo del Louvre de París).

La figura de los Magos y las circunstancias de su visita plantean numerosos interrogantes de tipo práctico, entre ellos la autenticidad de su existencia, la verdadera naturaleza de la estrella que los guía y su relación con algunos personajes del Antiguo Testamento. La visita de los Magos es una de las cuatro Epifanías o manifestaciones de Cristo como Dios: La adoración de los pastores, La adoración de los Magos, El bautismo de Jesús y Las bodas de Caná. En la Leyenda Dorada (siglo XIII) Jacobus de Voragine dice que las cuatro Epifanías tuvieron lugar un 6 de enero de diferentes años. Actualmente, la Iglesia Católica Romana celebra en ese día sólo la Adoración de los Magos y el Bautismo de Cristo.

El capítulo segundo del evangelio de Mateo relata la visita de los Magos de Oriente y su entrevista con Herodes el Magno solicitándole el lugar del nacimiento de Jesús. Tras adorar al Niño, los magos regresan sin avisar al tetrarca; este hecho propiciará los episodios de la Matanza de los Inocentes y la Huida a Egipto tras avisar el ángel a José sobre los futuros acontecimientos.

Magos son los sacerdotes persas de Zoroastro, personas altamente instruidas que se dedicaban a la astronomía y a la astrología, interpretaban sueños y estudiaban los enigmas cósmicos, aparte de sus funciones religiosas. Se les atribuía poderes ocultos y capacidad de efectuar hechizos. Durante el exilio en Babilonia, los judíos tomaron contacto con estos insignes personajes, los que a su vez seguramente fueron impresionados por los relatos de los exiliados hebreos sobre el Mesías que nunca cesaban de esperar. Alrededor de la época del nacimiento de Jesús, la perspectiva de un Mesías que librara a Israel del yugo romano mantenía viva la esperanza del pueblo judío y los hombres sabios escudriñaban la naturaleza en busca de signos que lo anunciaran. También los judíos que no habían querido regresar del exilio escrutaban los cielos de Babilonia. Una teoría sostiene que los Magos eran astrónomos judíos que habían permanecido en tierras mesopotámicas y que, versados en las artes mágicas de los persas, habían interpretado la aparición de la estrella como signo de la llegada del Mesías. En el mundo antiguo, a su vez, la magia judía era tenida por muy eficaz. Crisóstomo reconoce implícitamente su efectividad al afirmar que prefiere morir mártir de una enfermedad que ser curado por la magia de los judíos.

Respecto a su origen, la interpretación más habitual es considerar que provienen de Persia, en la Mesopotamia, atendiendo a la procedencia de la palabra "mago". Pero para los judíos, la Mesopotamia era por excelencia "el país de los pueblos del Norte", ya que cuando comerciaban o invadían Palestina, lo hacían por esa vía. También se considera que Arabia, geográficamente más cercana a Palestina y cuyas rutas caravaneras desembocaban por el Este, podría ser esa región de que habla Mateo. Además, Arabia era famosa por el oro y por los bálsamos perfumados que los Magos regalan al Niño Dios. Otra interpretación es que el lugar de origen era la India, versión que recoge el Evangelio Armenio de la Infancia (siglo VI) pero esta suposición no está avalada por otras fuentes históricas o apócrifas que así lo sugieran.

 

 
 
Adoración de los Magos al Niño en majestad en el regazo de María (Hacia 1123, MNAC)
Foto: Ángel Manuel Felicísimo Pérez

 

En cuanto a los presentes, su significado no se limita a lo pecuniario -el oro y el incienso tenían un precio alto, pero la mirra valía mucho más que ambos-, sino que alcanza lo teológico: el oro era el metal precioso de los reyes y simbolizaba la realeza de Jesús, el incienso era el reconocimiento de que Jesús era Dios, y la mirra, usada en la unción de los cadáveres y en los ritos funerarios, era emblema de muerte y sufrimiento, y por lo tanto prefiguraba la pasión y muerte de Cristo. Beoda el Venerable y San Bernardo de Claraval brindan una explicación más prosaica, aunque no por ello menos factible: el oro tenía por fin aliviar a María y José de la pobreza, el incienso era para eliminar el mal olor del establo y la mirra era para desparasitar al niño. Algunos historiadores sostienen que el primer regalo no era oro sino una tercera especia.

Mateo no especifica cuántos eran los Magos, pero muy tempranamente se asumió que eran tres aunque las iglesias siria y armenia intentaron imponer el número de doce. El tres era un número muy conveniente: coincidía con la trilogía de los regalos, tres es el número de la Trinidad, las partes por entonces del mundo conocido (Europa, Asia y África), las edades del hombre (juventud, madurez y ancianidad) y las razas (negra, asiática y caucásica) que se generaron a partir de los descendientes del patriarca Noé: Sem, Cam y Jafet. Cuando América fue descubierta, la Iglesia no introdujo un cuarto mago. Esta iconografía hubiera significado un alivio para pintores y escultores, que hubieran podido colocar dos Magos a cada lado de María y el Niño, equilibrando así las composiciones de la Epifanía, que siempre ha exigido a los artistas soluciones heroicas.

En el siglo IV se comienzan a conocer los nombres de los Magos. El Evangelio Armenio de la Infancia los llama Melkon, Gaspar y Baltasar. Melchor podría tener origen acadio y significaría "rey", Baltasar podría ser una forma europeizada del nombre combinado en persa y en acadio Baal-hashahr ("Baal es rey"), y en cuanto a Gaspar, no se sabe si también significa "rey", como los otros dos, porque se desconoce su etimología.

La historia de los Magos no termina tras su visita al Niño. Una versión sostiene que el apóstol Tomás los bautizó en la India y los ungió obispos. Predicaron en Oriente hasta su muerte. Se dice que los dos Magos más ancianos murieron primero y que se corrieron para hacerle lugar en el sarcófago al más joven. Se dice que fueron enterrados en Saba y luego trasladados a Constantinopla, donde los descubrió Santa Helena en el siglo IV, los tres en un mismo sarcófago. Tras una breve estancia en Milán, a raíz de la invasión de la ciudad por Barbarroja, se trasladó a Colonia el sarcófago. En el siglo XIII los restos de lo que efectivamente eran tres cuerpos, fueron depositados en un relicario de oro y el culto a sus reliquias comenzó a atraer peregrinos de todo el mundo, con el aliciente de que si los visitantes eran ilustres podían tocar sus huesos con un tenedor de oro.

Los Magos siempre funcionaron como entidad colectiva y no como individuos. Nunca fueron incluidos en el santoral y tampoco se los venera como santos, aunque sus nombres fueron admitidos por la Iglesia como nombres de pila. Se convirtieron en patronos de diversas ciudades y muchas posadas en Europa fueron puestas bajo su advocación. Sus iniciales se inscribían en casas y en las campanas de las iglesias para mantener alejadas a las tormentas. Se los conjuraba para proteger personas y animales de los demonios y fantasmas y para evitar caer víctima de los maleficios, los incendios y las inundaciones. Fueron elegidos por los fabricantes de naipes como patronos, aunque los reyes de la baraja son cuatro. También se los invocó contra la epilepsia ("fallsucht" en alemán, de "caer" y "enfermedad"), porque los Magos habían "caído" a los pies del Niño.

 

 
 
Adoración de los Magos en el sarcófago paleocristiano de Castiliscar (Zaragoza, mediados del siglo IV)
Foto: Románico en España

 

FUENTES

GRAU-DIECKMANN, Patricia. "Una iconografía polémica: los Magos de Oriente", en Mirabilia Journal, Electronic Journal of Antiquity, Middle & Modern Ages, nº 2, Barcelona, Institut d'Estudis Medievals de la Universitat Autònoma de Barcelona, 2002, pp. 104-110.

GARCÍA MAHÍQUES, Rafael. "Los tipos iconográficos de la tradición cristiana", en Norba. Revista de Historia, vol. XL, Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 2020, pp. 104 y 109.

BERNAL NAVARRO, Juana Cristina. Representación iconográfica de la vida de María Virgen (colección "Cuadernos de iconografía. La femineidad bíblica, nº 1"), Editorial Universitat Politècnica de València, 2021, p. 159.

 

 
 
Adoración de los Magos (José Montes de Oca, 1729-1730)
Foto: Hermandad del Ecce Homo (Cádiz)

 

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