LA VIRGEN DE QUITO

Con información de Susan Webster, Teresa Conde y José Gabriel Navarro (28/04/2007)


 

Según el historiador del arte ecuatoriano José Gabriel Navarro, "casi puede decirse que no hay nación en la América española en donde no se hallen cuadros, estatuas o crucifijos quiteños". El mismo autor hace constar que, entre 1779 y 1788, salieron del puerto de Guayaquil nada menos que 264 cajas de esculturas quiteñas.

En opinión de Susan Webster, historiadora estadounidense, las razones por las que se apreciaban tanto las esculturas quiteñas podrían ser, en general, la exquisitez de su ejecución, su colorido y sus detalles, y sobre todo su gracia, una especial cualidad de elegancia y encanto espiritual que hace que sean singulares, características y especialmente bellas.

Entre los rasgos principales de las efigies de la Escuela Quiteña se hallarían las graciosas formas, los paños flotantes, las superficies pulidas, la viva policromía entrelazada con dibujos chinescos y estofados y unos rostros refinados, casi de muñeca.

Una obra firmada de la escuela es la popular Virgen de Quito, realizada por Bernardo de Legarda en el año 1734. La imagen, también conocida como la Inmaculada de Legarda y conservada en el Museo de San Francisco de Quito, representa a la alada Virgen del Apocalipsis en graciosa actitud, en la cual el gesto, los ropajes y el diseño crean un movimiento de diagonales rítmico y ondulante que da la impresión de que danza y flota por encima de la serpiente que se halla a sus pies.

Esta imagen provocó tal entusiasmo que, durante la época colonial, se produjeron numerosas copias, grandes y pequeñas, tanto para patronos privados como para iglesias. Una de ellas, obra del famoso escultor mestizo Manuel Chili (conocido como Capiscara) se expone estos días en la muestra mexicana Revelaciones. Las Artes en la América Latina 1492-1820. Según Teresa Conde, se trata de una de las más hermosas tallas de la exposición, una Madonna Apocalíptica que con sus alas está a punto de levantar el vuelo, provocando miradas fascinadas que son resultado tanto de su composición en contrapposto como de la exquisitez de su factura. Se guarda en el Museo de Brooklyn.

Aún hoy el tema de la Virgen de Quito constituye uno de los favoritos para los escultores quiteños, y las tiendas de artesanía del país están llenas de réplicas de todos los tamaños y calidades imaginables.

 

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