SAN SEBASTIÁN POR GIUSEPPE GIORGETTI

20/01/2022


 

 

Tradicionalmente la iconografía del mártir San Sebastián se dejó seducir por la idea de representar al personaje con una belleza apolínea y perturbadora. La fascinante escultura yacente del santo (1660-1670), obra del escultor romano Giuseppe Giorgetti, documentado entre los años 1668 y 1682, va más allá al inmiscuir la ambigua referencia a la idea del éxtasis en la difícilmente excusable paganidad helenística de la estatua.

Giuseppe fue el hermano pequeño del también escultor Antonio Giorgetti, discípulo de Gian Lorenzo Bernini, cuya influencia es notoria en esta pieza de mármol pese a que su diseño, según recientes investigaciones, hubiera podido correr a cargo de Ciro Ferri, discípulo y colaborador de Pietro da Cortona. La estatua, aunque obra de Giuseppe, se sigue atribuyendo erróneamente a su hermano mayor, en cuyo taller se formó, haciéndose también cargo Giuseppe del mismo tras la muerte de Antonio en 1669.

Aunque derivado formalmente de la Santa Cecilia (1600) de Stefano Maderno y ajustado, como ella, a la iconografía del santo catacumbario, el San Sebastián de Giuseppe Giorgetti aparece como un canto a la plenitud del cuerpo que conserva intacta la hermosura de la juventud pese al martirio.

La indolencia de la pose, a medio camino entre el placer y el dolor, entre el sueño y el éxtasis, recuerda las connotaciones corporales y la agitación que Santa Teresa de Jesús reconoce haber experimentado durante la vía unitiva. Algo que, como es sabido, no había pasado desapercibido a Bernini -ya hemos indicado que fue maestro de Antonio Giorgetti- al plantear el moribundo y, a la vez, jadeante rostro de la mística de Ávila en la célebre capilla Cornaro de la iglesia romana de Santa María de la Victoria (1647-1652).

Este San Sebastián se conserva en una de las capillas de la basílica romana de San Sebastián de las Catacumbas o San Sebastián Extramuros, cuyo aspecto actual data de la reconstrucción llevada a cabo en el siglo XVII por los arquitectos Flaminio Ponzio y Giovanni Vasanzio, quien tras la muerte de Ponzio completó la obra iniciada por el mismo. La fundación del templo data del siglo IV y estuvo dedicada a los apóstoles Pedro y Pablo, pasando en el Medievo a consagrarse a San Sebastián, cuyas presuntas reliquias extraídas de las catacumbas romanas estuvieron depositadas en la basílica hasta que fueron trasladadas a San Pedro en El Vaticano.

 

 
 
Foto: Mark Ynys-Mon

 

FUENTES

SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. "Barroco "mundus furiosus": Justicia, violencia, cuerpo", en Espills de Justícia, Fundación General de la Universidad de Valencia, 1998, p. 153.

 

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