SANTA CECILIA Y LA CAPILLA DE MÚSICA DE SANTA ANA EN TRIANA (SEVILLA)
José Roda Peña (22/11/2021)
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Foto: Daniel Villalba Rodríguez |
La capilla de música de la Real parroquia de Santa Ana de Triana descollaba por su prestigio en la Sevilla del siglo XVIII, tras las de la catedral y la colegial de San Salvador. Según Matute y Gaviria, eran los integrantes de dicho conjunto -mientras existió- quienes cuidaban del culto a Santa Cecilia, que tenía consagrado su propio altar junto a la capilla de las ánimas benditas del purgatorio, a los pies del muro de la epístola. Para ello se contaba con una imagen de la santa patrona de los músicos que Roda Peña no dudó en atribuir al escultor e imaginero sevillano Cristóbal Ramos (Sevilla, 1725-1799), como lo delatan sus características materiales y grafismos morfológicos y fisonómicos, que indefectiblemente remiten a los de sus creaciones femeninas, pudiendo datarse en el último cuarto del siglo XVIII. Antes de esta atribución, Martínez Lara la había catalogado como obra anónima sevillana. De mediano formato (mide 97 cm de altura), Santa Cecilia se nos muestra sedente en un áureo sitial, con el torso muy erguido y adelantando sus brazos en ademán de ir a posar sus manos en el teclado de un órgano portátil con la caja jaspeada y profusos adornos de talla dorada, que aparece ante ella como pieza independiente, sobre una mesa pintada de rojo, con sus patas cabriolé terminadas en garras con bolas. La música que interpreta esta mártir romana de finales del siglo II, cuya festividad se celebra hoy 22 de noviembre, es un canto de alabanza a Dios, por lo que es habitual en su iconografía, tal y como se reproduce en esta obra de Cristóbal Ramos, que su cabeza se eleve, con la mirada puesta en el cielo y el gesto complaciente de una amable sonrisa, como si ella misma estuviese inspirada por armonías celestiales. Según es recurrente en su producción escultórica, Ramos emplea el barro cocido y policromado para la cabeza y las manos, así como los lienzos encolados para las prendas indumentarias. En este caso, la testa de Santa Cecilia se toca con una diadema y velo, vistiendo una túnica blanca salpicada de flores multicolores y roleos dorados por la falda, y un amplio manto rojo, generosamente estofado, que envuelve por detrás su figura. El 13 de octubre de 1852, Manuel de Rojas y José Cubero, presbíteros y claveros de fábrica de Santa Ana, se dirigieron por escrito al visitador general del arzobispado de Sevilla para expresarle lo siguiente:
Ello debe ponerse en conexión con la construcción, a inicios de 1853, de una capilla propia para Santa Cecilia en el mismo lugar donde hasta entonces se hallaba su altar, para lo cual necesitaron que la Hermandad de Ánimas cediera parte de la sacristía anexa a su capilla sin que ello le entrañara ningún gasto, porque todo correría por cuenta de la fábrica parroquial, la cual pagó además a dicha corporación alguna cantidad compensatoria justipreciada por un maestro alarife, a lo que se accedió, dando comienzo las obras en marzo. Pocos años después, en 1868, este nuevo recinto pasaría a ser ocupado por el grupo escultórico de la Sexta Angustia procedente del extinto convento de los Remedios, y un siglo más tarde, tras la restauración de la parroquia por Rafael Manzano, se colocó allí a la Divina Pastora de las Almas, donde permanece, mientras que Santa Cecilia se encuentra depositada en la antigua capilla de San Cristóbal, en la nave del evangelio. A lo largo de los últimos 750 años, la real parroquia de Santa Ana de Triana ha conocido una actividad pastoral y litúrgica extraordinariamente pujante, celebrada al compás de las grandes fiestas y solemnidades de la Iglesia universal y del particular calendario de cultos que imponían las devociones que se encerraban entre los vetustos muros del histórico edificio de origen medieval. Hablamos de algunas pinturas, pero sobre todo, de un nutrido elenco de esculturas, de talla completa o de candelero para vestir, por las que el clero y los feligreses, a título particular o agrupados en congregaciones y cofradías, sentían una especial predilección y hacia las cuales -entonces como ahora- dirigían sus plegarias y hacían protagonistas de todo tipo de manifestaciones de piedad, incluyendo las procesiones por las calles del arrabal trianero con algunas de estas imágenes que han venido concitando una especial veneración popular. |
FUENTES RODA PEÑA, José. "Imágenes de devoción en la parroquia de Santa Ana", en Santa Ana de Triana: aparato histórico-artístico, Sevilla, Fundación Cajasol y Real Parroquia de Santa Ana de Triana, 2016, pp. 427 y 449-450. |
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