QUÉ PASA CON LOS INSECTOS DESPUÉS DE LA GUERRA
22/02/2020
El artista urbano Escif ha convertido la Sala Dormitori del Centre del Carme de Valencia (Carrer del Museu, 2) en un lienzo tridimensional. Trazos suspendidos en el aire y esculturas móviles conducen a reflexionar, según el creador, sobre la idea de impermanencia, de que todo está en movimiento, de lo efímero. Una idea que conecta con la falla municipal, que se podrá ver en marzo de 2020 en la plaza del Ayuntamiento valenciano, obra también de Escif junto a Manolo Martín y José Ramón Espuig. Por tanto, el Centre del Carme Cultura Contemporània une de nuevo Fallas y arte contemporáneo con la exposición de Escif titulada Qué pasa con los insectos después de la guerra, que se podrá ver hasta el próximo 26 de abril. Una muestra comisariada por Teresa Juan que demuestra las infinitas posibilidades de fusionar la creación contemporánea y las Fallas. Uniendo tradición, arte y tecnología, Escif ha creado un dispositivo que activa y que remueve conciencias en base a nuestra capacidad de creación y de destrucción. El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, ha destacado el gran número de personas que han participado "en este concierto ruidoso que el artista ha creado para este espacio, él es el director sin cuya banda no resuena la obra: el conjunto de personas que la han hecho posible, desde las piezas de Manolo Martín, hasta los trazos suspendidos en el aire, inspirados en los trabajos de los niños que participaron en su taller". Por su parte Pere Fuset, concejal de Cultura Festiva del Ayuntamiento de Valencia, ha recordado que "la mayoría de las candidaturas presentadas para la falla municipal de 2020 apostaron por la multidisciplinariedad, por esta simbiosis con el arte urbano", ha señalado que "una de las cosas más significativas de los últimos años es que estas Fallas hechas por los artistas falleros con la colaboración de otros artistas urbanos generan un recorrido entre la falla y el museo" y ha agradecido al Centre del Carme de Valencia "el haberse abierto a la fiesta de las Fallas, por reconocer que las Fallas son arte y crearse ese diálogo". |
La exposición Qué pasa con los insectos después de la guerra se articula mediante dos espacios, en la Sala Dormitori, compuesta por las esculturas y los grandes trazos, además de las propuestas audiovisuales sobre entornos en conflicto como Gaza y Alepo y el mural exterior en la pared que da a la calle Blanquerías. La comisaria ha señalado que "el conjunto de esculturas de jardín son en sí mismas la representación de los iconos occidentales, de la cultura hegemónica y funcionan como símbolos de poder. Estas esculturas rotan sobre sí mismas, respondiendo a patrones que establecemos en base a las tasas de natalidad de la Franja de Gaza". Qué pasa con los insectos después de la guerra parte de la capacidad de la humanidad para avanzar en base a ese movimiento que generan la pulsión de creación y la pulsión de destrucción. Esta dualidad aparece representada en la muestra a través de diversas referencias y personajes históricos, como en la pieza mural titulada "Fantasía floral". Movido por el deseo de probar de primera mano el nacimiento de la pintura, el caudillo español Francisco Franco, en un momento de soledad, cogió los pinceles del pintor que estaba realizándole un retrato para pintar las flores de su jardín dando lugar, con una destreza inesperada, a lo que sería su primera pintura. Este mural expone, tras una exhaustiva investigación, los referentes reales que inspiraron al dictador en su obra fundacional. La exposición muestra, desde el romanticismo inquieto de un jardín mecánico, el diálogo entre pulsiones de creación y pulsiones de destrucción que subyace a todas las propuestas de mundo. Desde el relato de la guerra, el artista valenciano Escif articula un concierto ruidoso en el centro de un espacio de silencio que señala que, a pesar de todo, es posible seguir naciendo. La sonora propuesta de Qué pasa con los insectos después de la guerra se nutre de datos, documentos y volúmenes escultóricos que van desde la expresión de más intensa elaboración, como las esculturas de jardín que se mueven a modo de máquinas de guerra, hasta la expresión más esencial de todas: trazos brutales, gestos intuitivos que provienen de la dualidad creativa de los niños, capaces, en un periodo muy corto de tiempo, de articular inmediatamente y de forma inconsciente una propuesta de mundo distinta a la encontrada. |
Desde afuera, desde la pieza mural, y replicando el constante discurso dual, las flores pintadas en Qué pasa con los insectos después de la guerra se erigen como una respuesta a las preguntas de dentro, no olvidando que ahí fuera, los insectos, como primer eslabón del equilibrio biológico, son capaces de seguir y dar espacio a la flor, incluso en un mundo que amanece con la ternura arrasada. ¿Dónde están las flores? Theodor Adorno afirmó que no era posible escribir poesía después de Auschwitz y Paul Celan, el poeta alemán de origen judío rumano de la segunda posguerra, lo hizo: "Éramos / manos / vaciamos las tinieblas, encontramos / la palabra que remontó el verano: / flor". Una flor se ofrece de alimento al insecto y es un filo, y es un detonante, contiene en sí misma una propuesta de mundo que hibrida, en una sucesión natural, pulsiones de destrucción y creación, y al contemplarla se sabe que, en palabras de Alejandra Pizarnik, la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. Así en este concierto/lienzo tridimensional, la partitura se interpreta a varias voces, a modo de canon y es un fraseo despojado de dirección moral que apunta que, a cada momento, es posible otro mundo, es posible otra belleza, porque, en palabras de Nietszche, Dios ha muerto, ha nacido el superhombre. Marlene Dietrich le cantaba a las tropas norteamericanas durante la Segunda Guerra Mundial: "Where have all the flowers gone?" En este concierto, Franco y Hitler pintaron paisajes y flores. Y siguen naciendo niños en Gaza. Y siguen naciendo niños en Alepo. La posibilidad de una flor, es decir, la posibilidad de un alumbramiento articula esta música mecánica inesperada. Una incómoda canción de guerra entre el dentro y el afuera, entre la creación y la destrucción que desvela lo más bello y salvaje: es posible seguir naciendo. |
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Bajo el lema Açò també passarà (Esto también pasará), los artistas falleros Manolo Martín y José Ramón Espuig y el diseñador de arte urbano Escif presentaron en el Centre del Carme de Valencia el boceto de la falla municipal de las Fallas 2020.
Como elemento central la falla tendrá una mujer meditando, nada más. Una mujer majestuosa, elegante, profunda. Una mujer apoderada, sólida, contundente.
A primera vista, esta meditadora se nos presenta impasible, como una montaña. Sin embargo, algo en ella nos hace sospechar que se mueve. Efectivamente, un mecanismo en la base del monumento permite su rotación en una latencia que reproduce el intervalo de tiempo de la rotación de la tierra. 360 grados en 24 horas. La montaña se convierte entonces en faro, llenando con su presencia cada rincón de la plaza.
La falla municipal para este año 2020 será, por tanto, una gran falla de madera que girará 360 grados cada día, con mucha sátira y ninots repartidos por toda la plaza.
De esta manera, la figura femenina central irá acompañada de diferentes escenas que se encontrarán descentralizadas por toda la plaza del Ayuntamiento.
Además, los artistas resaltan cómo la fiesta de las Fallas toma las calles de la ciudad. "La pólvora, el fuego, la luz y el calor de la gente conforman un escenario festivo incomparable y muy atractivo. Son días de celebración en los cuales el mundo se para. O al menos esto parece". La meditadora, con su movimiento casi invisible, nos demuestra lo contrario. El río sigue su cauce y esta falla, como todas las anteriores, también cambiará con el fuego, recibiendo con su cara más amable la llegada del buen tiempo. Otro año más, después del invierno, llegó al fin la primavera.
Conciencia, vida y movimiento son las ideas que predominan en un proyecto que parte de la ley de la impermanencia, una ley basada en la idea de que nada es permanente. |
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