EL CRISTO DE LAS INJURIAS DE ZAMORA
Con información de Jesús Abades y fotografías de Alberto García Soto (19/02/2011)
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Pese a la tradicional atribución al escultor e imaginero jiennense Gaspar Becerra, optamos por mantener tan magnífica pieza en el anonimato debido a que, en los últimos años, suenan con fuerza los nombres de Jacopo Torni (El Indaco) y, sobre todo, Arnao Palla en torno a su ejecución. Éste último es el autor del Crucificado de las Angustias, titular de la hermandad del mismo nombre, con el que comparte el Cristo de las Injurias las influencias italianas de la composición y el cruento dramatismo en el modelado. El Crucificado, tallado en madera policromada en torno a los años 1530-1560, pende por tres gruesos clavos de forja de una cruz de sección lisa y rectangular, con el título de la condena dispuesto a modo de stipes superior corto. Luce corona de espinas trenzada, labrada en el mismo bloque del cráneo. Aparece muerto, con la cabeza desplomada hacia el lado derecho. El rostro se muestra muy trágico y dolorido por los tormentos infligidos, rechazando toda expresión de serenidad. Sus ojos permanecen abiertos, con la mirada aún abatida y viva; la boca, muy desencajada, muestra claramente los dientes labrados en la madera; una espina atraviesa la piel de la frente, provocando una estremecedora herida de la que mana abundante sangre, y las demacradas mejillas descubren con gran detallismo el hueso malar. Todo ello queda enmarcado por una cabellera que, al igual que la barba, es compacta y partida al centro, despejando la oreja izquierda y dejando caer un ondulado mechón sobre el hombro derecho. Los brazos, largos y desproporcionados, caen vencidos del travesaño del madero, con los dedos flexionados por tener horadadas las palmas de las manos. El torso es ancho y robusto, con la cintura flexionada y el abdomen ligeramente abultado, observándose un plegamiento de la piel a los lados del ombligo. El perizoma, de complicados pliegues, se recoge con una moña en la cadera izquierda. |
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Al igual que su cabeza, las piernas del Varón giran a la derecha, y los pies se superponen, montando el derecho sobre el izquierdo. En la descripción de las torturas sufridas por Jesús, destacan poderosamente sobre la pálida policromía las señales de los latigazos y la abierta llaga del costado, de la que brota un copioso caudal de sangre que atraviesa el paño de pureza y llega hasta los pies del Redentor. Según informa www.laopiniondezamora.es ha sido restaurado en los últimos meses por la zamorana Patricia Ganado. Tras efectuar una detallada documentación gráfica, Ganado analizó en distintos puntos la policromía de la imagen para conocer los elementos utilizados en la restauración a la que fue sometida la imagen hace 20 años. Comenzó la laboriosa tarea de limpieza y posterior consolidación del paño de pureza, sellado de las grietas, al estar hecho en tres bloques de madera, las reposiciones de las espinas y la preparación de la imagen para reponer la policromía con materiales reversibles. Todo un esfuerzo para que el Cristo luzca toda su belleza. La imagen procesiona desde la Catedral de Zamora el Miércoles Santo, por su hermandad fundada en 1925, y también el Viernes Santo, en el cortejo de la Real Cofradía del Santo Entierro. Son muy característicos de su hermandad los pebeteros con incienso que portan varios hermanos a hombros durante la estación de penitencia. |
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