RESTAURACIÓN DE ARS NOVA

Fabián Pérez Pacheco (25/01/2017)


 

 
 
 

Varón de Dolores

Miguel y Jerónimo Francisco García
Transición siglos XVI y XVII
Terracota policromada
Museo de la Catedral de Cádiz
Comparativa finalizados los trabajos de restauración y estado de conservación inicial

 

Introducción

La obra de los hermanos Miguel y Jerónimo Francisco García, escultores y canónigos de la Colegiata del Salvador de Granada, ha quedado marcada por la abundante realización de bustos del Ecce Homo, y sus variantes como Varón de Dolores. Aunque hay un gran vacío documental acerca de sus vidas, la obra que conocemos y lo que de ellos nos cuenta la historiografía tradicional, nos pone en la pista de una producción escultórica de primer orden en la transición entre el renacimiento manierista y el pleno barroco andaluz.

Sabemos que tuvieron el reconocimiento de sus contemporáneos, no sólo de la elite intelectual, sino que su arte conectó, además, con la sensibilidad devota del fiel, y sus obras tuvieron un acertado éxito, aunque no parece que establecieran estrictas transacciones comerciales con ellas, porque no consta que realizaran contratos profesionales. Quizás su condición de presbíteros les situó al margen de la producción gremial, cuya labor estaba muy regulada y a la que tal vez no accedieron.

 

 
 
 
Detalle comparativo

 

Los autores

Nada se sabe acerca de las fechas del nacimiento y muerte de estos autores, ni de su período de formación; sólo sabemos que nacieron en Granada.

El primero que habla de ellos es el historiador Francisco Bermúdez de Pedraza que ya en 1608 publica en Madrid Antigüedad y excelencias de Granada, donde destaca de un listado de artistas ilustres, la obra de los Hermanos García, gemelos o mellizos: "dos hermanos de un parto", señala Bermúdez. Pero es Palomino el que, tomando nota de otros autores, dice de ellos que ciertamente nacidos de un mismo parto, también "nacieron debaxo de un mismo influxo, pues ambos se inclinaron á la Pintura, y Escultura; pero según parece (...) uno era eminente, o se señalaba más en hazer las efigies de bulto, y el otro en colorirlas ó pintarlas, que no es lo menos importante" (Parnaso español pintoresco y laureado, 1724).

El poeta Pedro Araújo Salgado debió conocerlos y admirarlos, componiendo en 1635 unas laudas acerca de su obra en las que con habilidad poética describe la producción artística de estos hermanos. De ellos decía que empezaron con "la flexible cera", quizás para pasar al bronce, o la orfebrería, sin huir el formón de sus diestras manos, pues también trabajaron la madera tallada, dando "forma sagrada al rudo tronco"; pero el poeta se extiende describiendo sus esculturas con el barro, con el que decía que "a Dios remedan felizmente".

Ceán Bermúdez a principios del siglo XIX los describió como discípulos de Alonso Cano, con el cual a veces se ha confundido su obra, pero debió ser a la inversa, probablemente Cano conoció la obra de estos presbíteros de la Colegiata del Salvador de Granada, y alguna relación estableció con ellos, pues de hecho, la pequeña escultura en terracota de la Catedral de Cádiz que nos ocupa, fue cedida por el propio Alonso Cano al cabildo gaditano, tal como se puede leer en los inventarios capitulares (1).

 

 
 

Reconstrucción de la corona de espinas

 
 
 
 
 

Procesos de limpieza de las policromías

 

La obra de Cádiz y el Ecce Homo de la Cartuja de Granada

En la obra de estos hermanos se denota el incipiente naturalismo expresivo del período barroco. Sus esculturas se enmarcan en este período de transición de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII.

El pequeño busto de Cádiz (12 x 32 x 8cm) es tomado como boceto de la obra, de mayor tamaño, de la Cartuja de Granada que realizaron los Hermanos García en el primer tercio del siglo XVII.

Las similitudes tipológicas entre ambas son extremas, exceptuando su tamaño. Ambas están realizadas en terracota policromada. La obra que nos ocupa representa un busto largo, donde el Varón de Dolores entrelaza sus manos en el centro de su pecho, y su cabeza, con mirada ascendente, gira un cuarto hacia su derecha. Su perizoma o paño de pureza se anuda en su costado izquierdo dejando a la vista junto a la moña las encarnaduras de su pierna. Lleva amplia corona de espinas y collar cordelífero, también modelados en terracota, en el que se anudan las muñecas, quedando así maniatado.

Su policromía está realizada al óleo, y se aprecia en las encarnaduras los regueros de sangre que lo muestran ya lacerado. Los ojos vencidos y lacrimosos, muestran blancos regueros de llanto, finos y sutiles, que desde sus ojos se derraman por sus mejillas. Su espalda está policromada, ensangrentada por la flagelación.

Su modelado es minucioso y detallista, donde destaca el fino dibujo del cabello y barbas, de manera especial el bozo del labio superior. La anatomía es de musculatura suave, no lo es hercúlea, pero sí detallista: dibuja sus curvaturas y marca en el modelado los tendones y venas.  

 

 
 
 
 
 
 
 
Detalles de la escultura una vez finalizada la restauración. La espalda está policromada y el modelado del cabello es de dibujo fino y detallista.

 

La iconografía

La imagen del Varón de Dolores es alegórica, no es exactamente ningún momento de la Pasión, aunque lo muestra en ese trance del sacrificio. Estas recreaciones iconográficas tienen su origen en la devoción bajomedieval donde los temas religiosos se toman con libertad de composición, ya no necesariamente narrativas, y se recrean según la demanda del mecenas. Libre del control eclesiástico, el devoto reclama ya no un Cristo Juez, fuertemente teologizado durante el románico, ni un Jesús elegantemente humanizado durante el gótico, sino que se inaugura la imaginería devocional con una mirada tremendamente emotiva y expresiva de Jesucristo en su extrema humanidad, sufriente y doliente.

Será la Contrarreforma, desde finales del siglo XVI, el movimiento artístico que profundizará en esta senda de la imaginería religiosa, desarrollando un arte tremendamente emotivo, siendo ésta la máxima expresión del arte devocional. Este Varón de Dolores de los Hermanos García es expresión de esta sensibilidad contrarreformista, pues Jesucristo es representado en su naturaleza humana, expresando el dolor de la Pasión, con los ojos entreabiertos, en gesto de serena entrega al sufrimiento, en la observancia del deseo del Padre para cumplimiento de su misión redentora: "Lo vimos después despreciado, y el desecho de los hombres, varón de dolores, y que sabe lo que es padecer, y su rostro, cubierto de vergüenza y afrentado (...) y con sus moratones fuimos nosotros curados (...) llevado a la muerte como una oveja, y que estaría en silencio, y mudo, como un cordero" (Is. 53, 3-7).

 

 
 
 
 
 
 
Detalles de la escultura una vez finalizada la restauración. Los brazos con sus manos entrelazadas construyen, junto con el cordón, una estructura en aspas dibujando un centro compositivo en reposo. En el rostro de la escultura radica su gran carga emotiva, siendo el verdadero centro expresivo de la imagen.

 

La restauración

Los trabajos de restauración los iniciamos en el mes de diciembre de 2016, siendo repuesta la obra a su lugar en el mes de enero de 2017.

La escultura mostraba importantes capas de suciedad que ennegrecían la superficie policromada. Mostraba además algunos desperfectos volumétricos, como una amplia pérdida central en su corona de espinas, sobre su rostro, todo lo cual lo presentaba como una obra rota, con sus características artísticas y estéticas semiocultas.

Los trabajos de restauración han consistido en delicadas labores de limpieza, valorando además la impronta visual de sus desperfectos volumétricos, determinando, por ello, sólo la reconstrucción de la amplia laguna de su corona de espinas.

 

 
 
 
 
 
 
La escultura del Varón de Dolores de los Hermanos García en la Sala de los Marfiles del Museo de la Catedral de Cádiz, en la "Casa de la Contaduría".

 

Nota de La Hornacina: Fabián Pérez Pacheco es Historiador del Arte y Restaurador de Obras de Arte en Ars Nova Restauraciones S.L.

 

BIBLIOGRAFÍA

(1) Como nos informa Miguel Ángel Morgado Conde, conservador del Museo de la Catedral de Cádiz, y se publicó en La Escultura del Primer Naturalismo en Andalucía e Hispanoamérica (1580-1626). VV.AA. Coord. Gil Medina. Edit. Arco Libro, 2010. Pp. 223-224: "Forma y expresión en los inicios del naturalismo en la escultura granadina. Lecturas y relecturas de los Hermanos García". Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, pp. 207-238.

 

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