DONACIÓN ÓSCAR ALZAGA PARA EL MUSEO DEL PRADO
06/11/2017
Presentación La donación Óscar Alzaga Villaamil constituye, por la elevada calidad de las piezas que la integran, una importante contribución al enriquecimiento de las colecciones del Museo Nacional del Prado. Se trata de siete pinturas que comprenden un amplio abanico cronológico, desde las postrimerías del siglo XVI a mediados del XIX, realizadas por autores italianos, españoles y un bohemio. Todas ellas fueron pintadas en España, a excepción del Ligozzi, pero cuatro fueron adquiridas por el donante en el extranjero, por lo que su entrada en el Museo del Prado supone un importante acrecentamiento del patrimonio artístico nacional. El Prado expone por primera vez las seis pinturas que ingresaron en sus colecciones el pasado mes de marzo gracias a la generosa donación de Óscar Alzaga Villaamil, que incluía también una dotación económica para la adquisición de Retrato de Manuela Isidra Téllez-Girón de Esteve, también en la exposición. Esta donación enriquece los fondos del Prado y permite completar el perfil de los artistas que las ejecutaron ya que contribuye a paliar algunas de las carencias que tienen sus colecciones. La publicación que acompaña a esta exposición cuenta con un texto introductorio de Manuela Mena, jefe de Conservación de pintura del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado, y las fichas de obra realizadas por los especialistas de las mismas: Virginia Albarrán (Agustín Esteve), Javier Barón (Eugenio Lucas Velázquez); Miguel Falomir (Jacopo Ligozzi); Gudrun Mauer (Antón Rafael Mengs); Javier Portús (Antonio del Castillo); y Leticia Ruiz (Juan Sánchez Cotán y Francisco de Herrera el Viejo). |
Alegoría de la Redención Jacopo Ligozzi (1547-1626) es el autor de esta obra que presenta el triunfo de Cristo sobre el Tiempo y la Muerte, e introduce en el Prado la dimensión alegórica de este artista italiano que trabajó para la corte de los Medici. Fue probablemente un encargo del Gran Duque de Toscana Francesco I de Medici al pintor para la Tribuna de los Uffizi. Es una pieza de inusual y fascinante iconografía con la presencia del tiempo y de la Muerte, a ambos lados de la cruz redentora, y de la Virgen, que llora sobre el Cristo muerto, este en un forzado escorzo. |
La imposición de la casulla a san Ildefonso La donación Alzaga enriquece la presencia de Juan Sánchez Cotán (1560-1627), quien entra de nuevo en el Prado con un ejemplo de su pintura sacra que complementa su labor más conocida como autor de bodegones. Se trata de una rara pintura del cartujo de iconografía religiosa. Una obra que se caracteriza por la idealización de las figuras, el dibujo conciso, el colorido caro y la pincelada acabada y precisa y que incluye, además, el retrato de una mujer en la parte baja, a la manera de una donante. Este tema tuvo una larga tradición en la pintura toledana e ilustra el momento en el que san Ildefonso (607-667), acérrimo defensor de la virginidad de María, recibió de esta casulla. |
San Jerónimo Esta composición de evidente fuerza y muy expresiva del estilo de Francisco Herrera el Viejo (h. 1590-h. 1654) se añade ahora a la representación de importancia que el Prado ya posee en sus colecciones: San Buenaventura recibe el hábito de San Francisco. San Jerónimo aparece representado en su retiro, dedicado al estudio al estudio y la escritura mientras escucha la trompeta apocalíptica. Es una obra representativa de la producción madura del artista, caracterizada por una pincelada enérgica y vigorosa, y unos tipos humanos llenos de vitalidad y fuerza interior. La construcción de la túnica, una fluida mancha casi monocroma, de suaves y luminosos pliegues, es propia de Herrera. |
La Inmaculada Concepción Se trata de una obra de las más tempranas y de mayor calidad de las pintadas por el maestro de Córdoba Antonio del Castillo (1616-1668) que enriquece la pintura española de devoción en las colecciones del Prado. La composición, que se organiza en función de las tres esferas que se forman a los pies de la Virgen y del triángulo que, en la parte superior, sirve para enmarcar su rostro y llamar la atención sobre él, expresa el interés del autor por la geometría y los juegos de simetría. |
San Juan Bautista joven en el desierto Este exquisito e íntimo cuadro se suma a la rica colección de retratos que el Prado posee del gran artista bohemio Antón Rafael Mengs (1728-1779), pintor de Carlos III. Este tipo de pintura íntima que aúna lo religioso con la belleza clásica del desnudo, no fue frecuente en la obra de Mengs. Pintada seguramente del natural, y con extraordinaria delicadeza, el artista captó en esta tabla la ingenua fascinación con la que el santo muestra al mundo el anuncio de la llegada de Cristo Redentor, inscrito en la filacteria sobre la cruz. El carácter suave y luminoso de la figura revela la influencia de la obra de Correggio (1493-1534), decisiva en los primeros años de la estancia de Mengs en Roma. |
Manuela Isidra Téllez-Girón, futura duquesa de Abrantes Después de su exposición independiente dentro de la muestra El desafío del blanco. Goya y Esteve, retratistas de la casa de Osuna (ver enlace), se une también para la ocasión este retrato de Agustín Esteve (1753-1830), adquirido con fondos de la donación Óscar Alzaga. Esteve, retratista de gran prestigio en la segunda mitad del siglo XVIII que trabajó para los duques de Osuna casi con el estatus de pintor de cámara, reúne aquí la influencia de los espacios indefinidos de Velázquez, la gracia armónica cromática de Murillo y la técnica suelta y precisa de Goya. Considerado el mejor retrato de su producción, esta obra destaca por su expresividad, por la habilidad de su autor para conseguir la transparencia de la camisa con muy poca pintura y por su originalidad iconográfica dentro del retrato infantil del siglo XVIII. |
Paisaje Por último, la donación se cierra con un espectacular paisaje romántico de Eugenio Lucas Velázquez (1817-1870). Obra inédita pero sin duda una de las mejores y más monumentales realizaciones de su autor, se centra en la vista de una serranía que llama la atención por lo agreste y solitaria. La profundidad de esta vista panorámica, la energía y la diversidad de la pincelada, así como el uso de la luz, muestran un efecto grandioso a través de numerosos planos en los que se suceden diversos accidentes geográficos, todos ellos imaginarios. |
Del 7 de noviembre de 2017 al 6 de mayo de 2018 en el Museo Nacional del Prado (Paseo del Prado s/n, Madrid)
Horarios: lunes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas; domingos y días festivos, de 10:00 a 19:00 horas.
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