JULIO ROMERO DE TORRES. ENTRE EL MITO Y LA TRADICIÓN


 

 
 

La Buenaventura

Óleo sobre lienzo
1922
106 x 163 cm
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

 
 

Introducción

La exposición Julio Romero de Torres. Entre el Mito y la Tradición presenta un recorrido por la obra de uno de los pintores más populares de la historiografía española, a la vez que pretende reflexionar sobre su trayectoria creativa a través de diversos capítulos dedicados a los temas más recurrentes de su producción.

Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874-1930) es uno de los artistas españoles más reconocidos durante el periodo conocido como fin de siglo, llegando a ser considerado el maestro absoluto del simbolismo andaluz. Su obra se ha asociado, durante mucho tiempo, a corrientes pictóricas populares y folclóricas españolas, pero su producción posee identidad propia, pasando de ser mero tópico a corriente estética propia del simbolismo.

Residió a caballo entre Córdoba y Madrid, y fue en la capital donde comenzó la difusión de su obra gracias a su amistad con importantes artistas y literatos de la época, principalmente con Ramón María del Valle-Inclán. El escritor se convirtió en su mentor, y gracias a la difusión de sus ideas estéticas, así como los textos que realizó sobre el pintor, Romero de Torres consiguió el reconocimiento definitivo.

La exposición se compone de varias secciones organizadas desde un punto de vista temático, dentro de las cuales también queda patente la evolución estilística del pintor.

Vinculado desde pequeño al Museo de Pinturas de Córdoba -cuyo padre era Conservador del mismo a la vez que pintor-, la formación de Julio Romero de Torres estuvo ligada tanto a la influencia paterna y a la pinacoteca cordobesa como a las aulas de la Escuela de Bellas Artes y el Conservatorio de Música.

Durante lo que se considera la primera etapa de su producción, cultivó una pintura de carácter luminista vinculada a la estética de raíz impresionista. Pero fue a partir de un viaje a Italia en 1908 cuando su trayectoria experimentó un giro definitivo, consolidando un estilo propio que identifica su pintura. Desde este momento, sus composiciones se caracterizarán por la gran carga simbólica, así como por plasmar el concepto de dualidad, cuyo objetivo reside en representar la simbiosis existente entre dos extremos morales.

 
 
 
 

Un Patio Andaluz (Pereza Andaluza)

Óleo sobre tabla
Hacia 1900
72,8 x 47,8 cm
Museo de Bellas Artes de Córdoba

 
 

Luminismo y Realismo Social

Durante su primera etapa, Julio Romero de Torres aunó las influencias del modernismo, el prerrafaelismo y el simbolismo. Aunque comenzó a cultivar una pintura de paleta muy luminosa y técnica suelta, donde se manifiesta su preocupación por el color y el estudio de la naturaleza, pronto abandonó este estilo.

La paleta de Romero de Torres se fue oscureciendo y se alejó del naturalismo para realizar obras de denuncia social, con figuras de mayor intensidad y melancolía. En este momento empezó a desarrollar el concepto femenino místico y ensoñador, que más tarde cargaría de sensualidad, para ofrecernos un estilo e iconografía personales, y lograr así una pintura realmente identificativa.

 
 
 
 

La Bella Otero

Óleo y temple sobre lienzo
1913-1914
83 x 99 cm
Colección PRASA

 
 

Retratos y Símbolos

Julio Romero de Torres está directamente vinculado a la imagen de la mujer, temática gracias a la cual consiguió una gran fama. Dentro de la producción de retratos que elaboró durante toda su trayectoria, destacan los femeninos, y es a través de la interpretación de la mujer como podemos apreciar su evolución estilística.

El pintor inmortalizó a mujeres propias de diferentes ámbitos socioculturales, tanto a las burguesas y elegantes como a las más castizas y populares. Todas deseaban formar parte de su repertorio, y a través de sus modelos plasmó las características propias de un estilo ya configurado, convirtiéndolas en mujeres-símbolo.

Podemos apreciar como las figuras de Romero de Torres están cargadas de melancolía a la vez que transmiten inquietud, sin dejar de lado la elegancia, subrayada por su preocupación por la moda femenina de la época. En su conjunto, vemos las características principales de su obra, destacando la precisión técnica y la creación de luces suaves en los ropajes y la piel, que contrasta con la extrañeza de los escenarios o paisajes de fondo, a través de los cuales convierte la realidad en alegoría.

Otra tipología que también cultivó, aunque en menor medida, fueron los retratos de familia, que gozaban de gran éxito, gracias al prestigio social que suponía ser retratado por él y poseer una obra suya. Todos ellos se estructuran en torno a una composición a modo de escenario, donde las figuras se sitúan sobre un fondo paisajístico con alguna referencia urbanística, dotando a los cuadros de un carácter un tanto teatral.

 
 
 
 

La Consagración de la Copla

Óleo y temple sobre lienzo
1911-1912
69 x 70 cm
Museo de Bellas Artes de Córdoba

 
 

Poemas y Alegorías

Otro aspecto muy presente en parte de su producción es el significado alegórico que existe detrás de muchas de las imágenes, continuando con la mujer como temática recurrente y símbolo de su pintura, para homenajear a todos los temas de su interés, como la muerte, el amor, el mundo taurino o el flamenco, entre otros.

Esta tipología de cuadro la cultivó Julio Romero de Torres durante toda su trayectoria a través de obras en las que se repite un esquema heredado del Renacimiento italiano. Creada a modo de planos, en primer lugar la obra está protagonizada por una escena principal -en ocasiones narrada ante un repertorio de figuras en segundo lugar- y detrás un fondo que muestra espacios urbanos de Córdoba.

Los personajes, en su mayoría femeninos, aparecen frecuentemente acompañados de elementos que se repiten, como el agua, las barajas de cartas, la fruta o los utensilios domésticos de cobre, siempre cargados de significados alegóricos. Este concepto de repetición existente en esta parte de sus obras -que son generalmente de gran formato- adquiere un valor propio y exclusivo del pintor, que lo hace auténtico e irrepetible.

 
 
 
 

Las Dos Sendas

Óleo y temple sobre lienzo
1911-1912
170 x 140 cm
Colección PRASA

 
 

Erotismo y Sensualidad

Julio Romero de Torres elevó, a través de sus desnudos femeninos, la imagen de la mujer andaluza a la categoría de símbolo erótico de una cultura. Sin abandonar su particular introducción de elementos alegóricos, cultivó principalmente la tipología de desnudo femenino recostado, posible herencia de Tiziano.

Estas mujeres retratadas van más allá de la mera sensualidad, ya que están cargadas de un erotismo desbordante, que crea tensión y dota a sus obras de un carácter enigmático muy particular. A esto contribuye la mirada directa de las mujeres hacia el espectador, unas veces perturbadora y otras veces más inocente, pero en todos los casos seductora.

 
 
 
 

A la Amiga

Óleo sobre lienzo
Hacia 1900-1905
168 x 95 cm
Colección Pedro Masaveu

 

Del 27 de abril al 8 de septiembre de 2013 en el Museo Carmen Thyssen de Málaga (Plaza Carmen Thyssen,
Calle Compañía, nº 10) Horario: martes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas; los lunes, cerrado (excepto festivos)

 

 

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