NUEVA OBRA DE JOSÉ ANTONIO NAVARRO ARTEAGA

11/02/2023


 

 
 
Foto: Scott Hislop

 

Conjunto escultórico de la Santísima Trinidad, labrado a tamaño superior del natural para el altar mayor de la recientemente inaugurada parroquia de San Carlos Borromeo, en la ciudad de Visalia (California, Estados Unidos), un proyecto arquitectónico que no solo ha dado como resultado el templo católico más grande de América del Norte, sino una de las mayores construcciones religiones de los últimos años.

Las figuras de Jesús crucificado, Dios Padre y el Espíritu Santo han sido talladas separadamente por el escultor e imaginero hispalense Navarro Arteaga en madera policromada, con el estilo y los acabados propios de la Escuela sevillana del Barroco, dentro de los que se integra la producción sacra del prolífico artista. La cruz cuenta además con una estructura interior de acero, así como dos ménsulas realizadas en el mismo metal para su instalación con todas las garantías de seguridad en la pared del retablo.

Nos encontramos ante una Crucifixión trinitaria para enfatizar el Sacrificio Pascual de la Cruz, que incluye la Pasión y Muerte de Cristo y la Gloria de su Resurrección. Es el eje central de un retablo concebido como una esfera celestial, flanqueado por pinturas de la Virgen María, ángeles y santos de todas las épocas -varones a su izquierda y mujeres a su derecha- que se regocijan en la gloria de la Santísima Trinidad.

La obra escultórica de Navarro Arteaga -una de las más importantes de su trayectoria y la de mayores dimensiones hasta la fecha- es también un Trono de la Misericordia que representa a Dios Padre sentado y sosteniendo la cruz con las dos manos, el crucifijo descansando en su regazo y el Espíritu Santo descendiendo en forma de paloma para otorgarle la vida eterna. Una iconografía que simboliza el mensaje del retablo: la redención de Cristo, la gratitud de Dios por su sacrificio, la resurrección del Salvador y su vida eterna.

En el momento de la muerte de Cristo, Dios Padre recibe a su hijo amado, que ha sido obediente a su voluntad. La expresión de Jesús es serena y mira al Padre para mostrar su vínculo familiar. El Padre también le contempla desde una posición de omnisciencia y omnipotencia, aunque con expresión partenal de amor y gratitud. El Espíritu Santo observa en la misma dirección que Dios Padre hacia el crucificado.

Con la imagen de Jesús interactuando con Dios Padre el autor ofrece un nuevo modelo de sus cristos vivos en la cruz. Las bandas doradas del hábito sacerdotal del Padre, pintado en tonos rojos y marfil, se entrelazan con las del sudario del hijo para subrayar la unión entre ambas personas de la Trinidad. Y dorado es también el haz de luz que emana de la tercera persona, cuya cercanía refuerza también la indisoluble unidad trinitaria.

 

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