UN RETRATO DE GOYA EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS

15/03/2019


 

 

Desde ayer, dentro del programa "La obra invitada", y hasta el 2 de junio de 2019, el Museo de Bellas Artes de Asturias (Calle de Santa Ana 1, Oviedo) acoge en la sala 4 de su sede del Palacio de Velarde un impresionante retrato del monarca Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814 (imagen superior). Para su visita regirá el horario de invierno del museo: martes a viernes, de 10:30 a 14:00 y de 16:30 a 20:30 horas; sábados de 11:30 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas; domingos y festivos de 11:30 a 14:30 horas.

La obra, un óleo sobre lienzo de 208 x 126 cm, fue encargada por el Consejo Municipal de Santander tras el cautiverio del Fernando VII en Valençay (Francia), de acuerdo a las necesidades de las instituciones oficiales al llegar al trono el nuevo rey español. El retrato fue colocado en la Sala Consistorial, donde residió hasta la muerte del rey, acontecida en 1833. Más tarde, el retrato quedó relegado al olvido durante un tiempo pasar finalmente a engrosar los fondos del actual Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS).

En la obra, Fernando VII es representado de cuerpo entero. Aparece vestido de Coronel de Guardias y lleva varias condecoraciones entre las que sobresalen la banda de la Orden de Carlos III y la gran venera de la Orden del Toisón de Oro que pende del cuello. El rey apoya el brazo izquierdo sobre el pedestal de una estatua que representa una alegoría de España coronada de laurel y con los pechos descubiertos. Junto a ella, el pintor representó varios atributos que permiten identificar al personaje representado: el cetro, la corona y el manto de armiño. A los pies del monarca el artista representó un león que sujeta unas cadenas rotas entre sus garras simbolizando, con ello, la liberación del pueblo español tras la expulsión de las tropas francesas.

La obra, de consistente madurez y realismo, es formidable desde el punto de vista pictórico, cromático, lumínico y compositivo. Destaca especialmente por la viveza de los colores conseguidos por Goya, sobre todo, el rojo del chaleco y el del manto de armiño. Las pinceladas presentan una importante carga matérica pese a la cual se consigue, sin embargo, una gran luminosidad por parte del artista. Es indudable la conexión en las Pinturas Negras que poseen los tratamientos de la alegoría de España y el león.

Con todo, lo más interesante y fascinante del retrato es su iconografía, que si bien es dictada de inicio, emerge con inusitada fuerza. En esta ocasión, la obra de Francisco de Goya viene acompañada por otro retrato del monarca Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789 (imagen inferior), también del MAS, que precisamente es la obra que se impuso como referente al maestro aragonés para llevar a cabo su retrato. Sin embargo, a Goya se le podía dictar una iconografía, pero su brillante y compleja personalidad difícilmente podía estar sujeta a dictados externos a la hora de otorgarles un contenido.

Ambas piezas dialogan con otros de los retratos de la época que atesora el Museo de Bellas Artes de Asturias en un espacio especialmente diseñado para tal fin. A este respecto, en la sala 4 del Palacio de Velarde se han expuesto tres Goyas, todos ellos retratos de distintas épocas del artista (Jovellanos, Carlos IV y Fernando VII), la pieza de Bernardo Martínez del Barranco, una pintura anónima de 1798 así como la radiografía que en 2010 se le hizo al retrato de Jovellanos en donde asoma una figura femenina.  

Cuando Francisco de Goya pinta el retrato, Fernando VII ya había abolido la Constitución de 1812, derogado los decretos de las Cortes, reinstaurado la Inquisición, suprimido la libertad de imprenta, perseguido y aplastado cruelmente el régimen liberal y un largo etcétera. Conocido era que Goya apostaba por los principios e ideales del régimen francés, pero también eludía cualquier sospecha de afrancesamiento.

El Programa "La Obra invitada" tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante tres meses destacadas obras de colecciones particulares u otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

 

 

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