LA SUITE - APARICIONES, MILAGROS Y DEVOCIONES

13/05/2023


 

Bajo el título Apariciones, milagros y devociones, la sala La Suite (Conde de Salvatierra 8, Barcelona) celebra a las 19:00 horas una subasta el próximo 25 de mayo de 2023. Reúne importantes piezas sacras de pintura, escultura y orfebrería. La exposición de los lotes tendrá lugar del 15 al 24 mayo de 2023, de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas en la sede de La Suite.

 

 

De entre las casi 100 piezas sobresale poderosamente esta talla policromada y dorada de Santa Bárbara (110 x 28 x 30 cm) de Gil de Siloé, una imagen que guarda una gran semejanza con la escultura de la Virgen con Niño, realizada en piedra caliza policromada por Siloé, una pieza procedente de la fachada del arco burgalés de Santa María la Mayor que actualmente se expone en el Museo de Burgos. Destaca el parecido en el rostro -de óvalo almendrado, con nariz larga y delgada y una pequeña boca, con el gesto tan característico del escultor- y en el tratamiento del cabello -formado por largos y ondulados mechones, sueltos a ambos lados de su cara-.

La escultura refleja a sobremanera los orígenes flamencos de Gil de Siloé, lo que se evidencia en el tocado que cubre parte de su cabeza, en sus delicadas manos y en la dulce belleza del ya descrito rostro. La santa está representada en posición frontal, de pie y con la pierna derecha ligeramente adelantada, creando el efecto del contraposto. Ataviada con ricos ropajes cortesanos, porta un vestido en tonos rojizos anudado por un cordón de pasamanería y que cae hasta sus pies formando pliegues de reminiscencia gótica. De escote pronunciado, deja asomar su blanca blusa y un lujoso manto dorado y azul en su interior cubre de hombros a pies a Santa Bárbara, que se ayuda de su brazo derecho para recogerlo, en un gracioso gesto del escultor.

Por último, destaca la maravillosa torre que porta su mano izquierda y que simboliza el atributo de Santa Bárbara. En su otra mano portaba la palma, que no se conserva, simbolizando su condición de mártir. La torre, de acuerdo a la tradición, consta de tres ventanas "para recordar las palabras de la Santa, según las cuales la luz había entrado en ella por las tres ventanas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", como indica don Luis Monreal y Tejada en su "Iconografía del Cristianismo". En esta torre fue encerrada por su padre, Dióscuro, debido al acoso de sus pretendientes. La santa, que se había bautizado a si misma previamente, huyó de la torre y, por ello, fue detenida, juzgada y condenada a muerte. El milagro se obró cuando, antes de ser decapitada, un rayo cayó matando a sus verdugos. Cabe mencionar que Santa Bárbara, virgen y mártir, vivió en Antioquía a mediados del siglo III bajo el imperio de Maximiano.

Gil de Siloé fue un escultor máximo representante del gótico isabelino, estilo propio de la Corona de Castilla originado tras hibridarse el arte mudéjar y el gótico flamígero de influencias flamencas. Su origen permanece incierto: parece probable que fuera flamenco y el hecho de que en ocasiones firmara "Gil de Enberres" así lo atestigua, pero también firmaba a veces como "Gil de Urliones", posiblemente refiriéndose a Orleans, por lo que un posible origen francés sigue estando encima de la mesa. Sea como fuere, Burgos y su gran actividad artística lo atrajo, donde llegó, como explica el Prado en su biografía, ya con un "lenguaje escultórico definido que mantendrá a lo largo de su carrera y que se caracteriza por una técnica detallista y minuciosa que tiende a cubrir todas las superficies con elementos decorativos". Pese a haber sido llamado por la rica actividad burgalesa, "estuvo, vivió y trabajó en Burgos, en Castilla, sin que los clientes ni el ambiente le influyeran de modo suficiente como para hacerle cambiar su arte", afirma el catedrático Alberto Ibáñez Pérez. Su gran calidad y renombre se tradujeron en la creación del foco escultórico burgalés, que "irradió su actividad e influencia a todo el territorio castellano" desde finales del siglo XV.

De entre sus obras, sobresale el retablo del Árbol de Jesé, el retablo mayor de la capilla de la Concepción de la catedral de Burgos, los sepulcros en alabastro de los padres de la reina Isabel la Católica y el de su hermano, el príncipe Alfonso, ambas para la Cartuja de Miraflores. Dicha iglesia atesora también una Virgen con Niño de Siloé, conocida como la Virgen del Coro, prácticamente idéntica a la expuesta en el Museo del Prado.

 

 

A destacar también La Adoración de Reyes y Pastores, grupo escultórico en madera tallada, policromada, dorada y plateada (56 x 83 x 17 cm), atribuido a Manuel de Chili "Caspicara" (Quito, 1723-1796). Esta obra tiene concedido y en vigor, el permiso de exportación del Ministerio de Cultura.

La obra a subasta por La Suite es, sin duda, una de las más importantes que se puedan encontrar del autor. Debió tratarse de un importante encargo para algún cargo político o eclesiástico. No hay que olvidar que Caspicara nació en la ciudad de Quito, por entonces capital de la Audiencia y Cancillería Real del mismo nombre, el más alto tribunal de la Corona española en los territorios de la Provincia. La pieza es comparable con el San José y el Niño que se conserva en el Museo de San Francisco de Quito. Es evidente que el San José que aparece en ambas esculturas es el mismo modelo, aunque el de La Suite lleva una barba más larga. Incluso los ropajes presentan casi idéntica ornamentación. Asimismo, el sombrero que cubre la cabeza de la pastorcilla lo encontramos en otras obras de Caspicara.

Escultóricamente, el grupo es un prodigio del manejo de la gubia, como queda demostrado en el tratamiento de todos los personajes, que presentan delicados rasgos, bellos rostros, y delgadas y preciosas manos. Cada uno con un movimiento y gesto concreto ante la maravilla de contemplar a Jesús recién nacido. El escultor muestra la escena con gran teatralidad y movimiento. Mención aparte merece la decoración, realizada con la especial y única técnica de los talleres quiteños; aunque hay que recordar que Caspicara fue un genio de la policromía con una paleta de colores propia y personal, y con el característico sello de la combinación y la adaptación de rasgos europeos e indígenas. Todo ello queda patente en nuestra escultura: no hay un espacio libre de detalle, policromado, pintado a pincel sobre el oro y la plata. La riqueza de la policromía es maravillosa, con infinitos tonos de color lo que, unido a las carnaciones brillantes con aspecto de porcelana, características de Caspicara, consiguiendo un efecto que traspasa lo artístico transmitiéndonos una gran espiritualidad y devoción.

Manuel Chili, conocido por su nombre artístico "Caspicara", fue uno de los más importantes escultores indígenas de la denominada Escuela quiteña del siglo XVIII. Sus maestros fueron Diego de Robles y Bernardo de Legarda, con los que colaboró de joven en sus talleres. De hecho, se le considera el sucesor Legarda en el arte de la imaginería. Caspicara se inició en la imaginería a una edad muy temprana, según indica el historiador Jaime Aguilar de Paredes, hasta llegar a alcanzar la maestría que lo colocó al nivel de los autores europeos. Realizó magníficas esculturas sacras, especialmente en madera y mármol, para los altares más importantes de iglesias y conventos de la región, aunque de la misma manera llegó a Europa para formar parte de las colecciones de la nobleza y monarquía.

La escuela quiteña, con Caspicara a la cabeza, alcanzó su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII, siendo de gran prestigio entre las colonias, como en la Corte española de Madrid. Fue una de las actividades que más ingresos económicos aportó a la real Audiencia de Quito. Es conocida la frase que se atribuye a Carlos III, refiriéndose a dicha escuela: "No me preocupa que Italia tenga a Miguel Ángel, en mis colonias de América yo tengo al maestro Caspicara". Sus obras más conocidas se encuentran en la catedral de Quito y en la iglesia de San Francisco de la misma ciudad, así como en la Hispanic Society of America.

 

 

Digna de mención es igualmente la pintura Virgen de la Merced con San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato (óleo sobre cobre, 24 x 18,5 cm) del pintor mexicano Miguel Cabrera, uno de los artistas de más renombre en el ámbito de la pintura novohispana del siglo XVIII, con una producción muy prolífica.

Poco se sabe de su juventud; de hecho, según informa el Museo Andrés Blaisten, no es sino por el testamento del pintor de 1768 que sabemos que era nativo de Oaxaca. Sus primeras noticias son de 1739, año de su matrimonio con Ana María Solano. Sabemos también del paso de Miguel Cabrera por el taller de Juan Correa en la capital del Virreinato. El arzobispo Rubio Salinas fue protector de Cabrera, a quien nombró su pintor de cámara. Fue también pintor de la Compañía de Jesús, para cuyas iglesias realizó numerosas obras. En 1753 fue nombrado presidente vitalicio de la Academia de San Carlos.

En 1756, Miguel Cabrera publica "Maravilla americana y conjunto de raras maravillas observadas con la dirección de las reglas del arte de la pintura", una narración sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe en la imprenta del colegio jesuita de San Ildefonso. Su obra se conserva en muchas iglesias y conventos de México. Asimismo, hay una importante serie pictórica de 1763 que se conserva en el Museo de América (Madrid) en la que se representan a familias de las diversas castas y estratos sociales, en situaciones de la vida cotidiana.

 

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