MUSEU PICASSO, 50 AÑOS EN BARCELONA. LAS EXPOSICIONES
16/01/2014
El pasado 9 de marzo del 2013, el Museu Picasso cumplió 50 años. Con este motivo, se han organizado tres exposiciones de carácter documental que dan testimonio de los signos de identidad del museo: su génesis, su colección y las exposiciones realizadas. Las tres muestras, como piezas de una misma narración, se han ido sucediendo una tras otra a lo largo del pasado año (ver enlace), y ahora es el turno de presentar la última de ellas. La muestra El Museu Picasso, 50 años en Barcelona. Las Exposiciones es una propuesta eminentemente documental que hace un repaso por lo que han sido las 79 exposiciones organizadas por el Museu desde el punto de vista de su importancia para la difusión de la obra del artista y las vanguardias históricas relacionadas con él (artistas, movimientos y periodos artísticos). Como ya sucedió con las dos muestras anteriores, el trabajo realizado se ha materializado en dos interactivos que se presentan en las salas:
El contenido de la primera de estas herramientas formará parte del proyecto global de interactivo iniciado con esta celebración que incluirá toda la información recopilada y la investigación realizada en torno estas tres muestras y que permitirá compartir con los ciudadanos la historia del Museu. En el otoño del 2014, el interactivo La trayectoria del Museu Picasso de Barcelona se integrará al Centro de Referencia Picassiana on-line del Museu y será una plataforma de consulta e investigación muy completa sobre el Museu y su trayectoria. |
En sus 50 años de vida el Museu Picasso ha presentado 79 exposiciones temporales que han difundido la obra de Picasso, principalmente, pero también de otros artistas relacionados con él. El Museu Picasso, 50 años en Barcelona. Las Exposiciones es un viaje por estas muestras y, por tanto, por la prolífica trayectoria de Pablo Picasso, sus referentes y los diversos artistas coetáneos que se han podido ver en nuestro museo. Las diversas exposiciones presentadas en el Museu Picasso han ofrecido al público de nuestra ciudad la posibilidad de disfrutar de obras capitales de Picasso y de conocer la evolución de su arte en las disciplinas en que trabajó a lo largo de sus 91 años de vida, desde la pintura a la escultura o el dibujo, pasando por el grabado, los papiers collées y otras técnicas. Obras de juventud, de la época azul, de la época rosa, cubistas, neoclasicistas, surrealistas y de la última época se han presentado en todos estos años en el marco de las exposiciones dedicadas al conocimiento de su obra, y han dado una amplia visión del significado, la importancia y la transcendencia de Picasso. Por otro lado, el conjunto de muestras dedicadas a otros artistas y movimientos artísticos en estas cinco décadas también ha ofrecido al espectador una perspectiva clara del arte del siglo XX, muy influido por profundos y acelerados cambios sociales, científicos y tecnológicos. La primera exposición temporal en el museo se inauguró en el mes de octubre del año 1971, bajo el título Obras de Picasso de la Colección Hugué. La muestra daba inicio a una de las dos líneas expositivas que ha seguido nuestro centro hasta la actualidad, que es la divulgación de la calidad, la cantidad y la diversidad de la obra picassiana. La segunda ha sido la difusión del entorno artístico del pintor, a partir de la exhibición de obras de artistas y movimientos coetáneos. Las obras de Pablo Picasso, Manolo Hugué, Joaquín Torres-García -de quien se hizo una gran retrospectiva en 2003- y tantos otros se han presentado en las salas del Museu de acuerdo con los criterios museográficos más adecuados en cada momento, tanto por lo que respecta a los discursos expositivos dentro de los cuales se enmarcaban como a las mejoras expositivas establecidas. En 1977, la exposición Picasso, organizada por la Fundación Juan March, reunió, primero en Madrid y luego en Barcelona, 36 obras del artista, muchas de ellas piezas fundamentales del legado picassiano. Fue la primera muestra que se pudo ver en el Palacio Meca, anexionado definitivamente a las instalaciones del museo en 1983. En Barcelona solo la Sala Gaspar, marchante de Picasso en España, había presentado una cantidad de piezas tan significativas en las diferentes exposiciones que organizaba anualmente su galería. Con las dos exposiciones presentadas en 1982 con motivo del centenario de su nacimiento, Picasso 1881-1973. Exposición Antológica y Picasso y Barcelona, el Museu Picasso se posicionó definitivamente como un referente en el conocimiento y la presentación de la obra picassiana, trayendo a Barcelona obras claves para el arte del siglo XX y logrando captar de este modo a un publico fiel e interesado, que se ha mantenido a lo largo de todos estos años. El año 1986 supuso la incorporación de otros artistas a las exposiciones del museo con la presentación de Paul Klee Dibujante, 1921-1933. Obras del Periodo de la Bauhaus, que fue seguida, aquel mismo año, por Georges Braque, 1882-1963. No es casual que la segunda muestra dedicada a un artista que no era Picasso fuese la de un amigo y colaborador fundamental para él y para la evolución del cubismo. Fue una de las primeras grandes exposiciones dedicadas a este pintor y escultor, a la que siguieron otras. A partir de aquel año, las que incidían en la obra de Picasso se fueron intercalando con las que estudiaban la obra de sus contemporáneos, tejiendo una red de conocimiento sobre el arte del siglo pasado. La retrospectiva Oskar Kokoschka, inaugurada en 1987, constituyó un punto de inflexión en la historia de las exposiciones del museo. La afluencia de público fue significativamente más elevada que en el resto de eventos que se habían organizado hasta aquel momento, exceptuando las dos grandes exposiciones Picasso de 1977 y 1982. El 12 de mayo de 1988, un mes más tarde, se inauguró otra exposición fundamental en la historia del Museu Picasso: Les Demoiselles d'Avignon. El Museum of Modern Art, propietario de dicha obra, se la ofreció al Musée National Picasso de París y al Museu Picasso de Barcelona a cambio de una notable cantidad de obras de ambas instituciones, indispensables para la antología exhaustiva sobre el artista que había celebrado en 1980. La importancia de la nueva exposición radicaba en la presentación de esta pintura esencial, que no ha vuelto a salir del museo neoyorquino, pero también en su contextualización al confrontarla con una selección de obras muy concretas de El Greco, Cézanne, Ingres, Gauguin o Matisse, que se proponían como influencias directas sobre Les Demoiselles d'Avignon en lo que respecta a su composición y a la posición de las figuras, al lado de una extensa selección de creaciones de Picasso. Aquel mismo año, un nuevo y afortunado intercambio permitió mostrar en Barcelona y en Madrid, en el Museo Reina Sofía, Henri Matisse. Pinturas y Dibujos de los Museos Pushkin de Moscú y el Ermitage de Leningrado. El Museu Picasso dejó un conjunto de pinturas de la serie Las Meninas, perteneciente a su colección, a los dos museos rusos a cambio del grupo de obras de Matisse que integraba sus colecciones. En este caso, el Ministerio de Cultura también tuvo un papel decisivo. La exposición Henri Laurens 1885-1954. Esculturas y Dibujos (1989) fue también destacable por la gran afluencia de visitantes locales que recibió, éxito que se repitió con la muestra Cubismo en Praga. Obras de la Galería Nacional (1990), la cual suscitó también un tremendo interés entre el público habitual, cada vez más atraído por los distintos aspectos del cubismo y del arte de vanguardia de la primera mitad del siglo XX. El acontecimiento que suponía descubrir en directo aquellas obras se debía al hecho de que nunca antes se habían podido contemplar en nuestro país a causa del aislamiento cultural del franquismo. A finales de ese mismo año, la magnífica exposición De Pablo a Jacqueline. Pinturas, Dibujos, Esculturas y Obra Gráfica 1954-1971 presentaba un número sustancial de obras de gran calidad, algunas de ellas jamás expuestas y otras inéditas. Esta muestra fue un homenaje a Picasso y a Jacqueline por su generosidad en la creación del Museu Picasso de Barcelona, y contó con la total complicidad de Catherine Hutin, hija de Jacqueline. 1992, año de los Juegos Olímpicos de Barcelona, estuvo lleno de acontecimientos culturales. El Museu Picasso se sumó a ellos presentando cuatro exposiciones, entre las que cabe destacar, por su calidad y trascendencia, Picasso 1905-1906. De la Época Rosa a los Ocres de Gósol y Pablo Picasso. Colección Ludwig. La primera analizaba minuciosamente unos meses fundamentales en la evolución del artista; la segunda reunía la espléndida colección de Peter Ludwig, desperdigada a la sazón entre los museos Ludwig de Colonia, Budapest, Aquisgrán, Coblenza, Viena y el domicilio del coleccionista. Tres años después, en 1995, con la presentación de Picasso y Els 4 Gats, permitió dar un nuevo paso en el estudio de la obra del artista, ya que su trabajo se mostraba junto al de amigos de juventud como Carles Casagemas y Ricard Opisso, y al de uno de sus maestros modernistas: Ramon Casas. De este modo, su obra se contextualizaba en un espacio y en un momento histórico concreto, evidenciando los influjos existentes entre sus respectivas carreras artísticas. El Museu Picasso incorporó la Casa Mauri y el Palacio Finestres a sus instalaciones en 1999. Este palacio, amplio y luminoso una vez acondicionado como centro museístico, se convirtió a partir de entonces en la sede de las exposiciones temporales de la entidad. Sus más de 880 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas de grandes salas, acogieron el citado año la exposición inaugural Picasso: Paisaje Interior y Exterior, una muestra magnífica que reunía más de 200 obras del pintor, muchas de ellas inéditas. Cinco años antes el museo ya había presentado Picasso: Paisajes, 1890-1912 (1994), preludio de la exposición paisajística de 1999. Con la exposición Paris-Barcelona, 1888-1937, inaugurada en 2002, el Museu Picasso culminó la trayectoria expositiva que había iniciado en 1971. Picasso, los artistas de su entorno y las vanguardias se dieron cita en un magno proyecto que reunía algunas de las obras más significativas del periodo, resumiendo la historia de la producción artística que había ligado a Barcelona con la capital francesa desde 1888 hasta los comienzos de la Guerra Civil española. Gaudí, Viollet-le-Duc, Van Gogh, Monet, Casas, Picasso, Toulouse-Lautrec, Rodin, Clarà, Braque, Cézanne, Juli González, Puvis de Chavannes, Robert Delaunay, Man Ray, Brassaï, Català Pic, Dalí, Miró, Masson, Le Corbusier, Josep Lluís Sert y Gargallo, entre otros, fueron analizados por eminentes estudiosos de cada uno de los ámbitos propuestos. La exposición, con más de 600 obras, llevada a cabo con la colaboración de la Réunion des Musées Nationaux y organizada por el Museu d'Art Modern de Barcelona y los museos D'Orsay y Picasso de París, también se presentó en las Galeries Nationales du Grand Palais de París. Posteriormente, en 2011, Devorar Paris. Picasso 1900-1907 quiso subrayar la influencia de la capital francesa, centrándose solo en las obras realizadas por Picasso hasta 1907. Respecto a la muestra Olvidando a Velázquez. Las Meninas, inaugurada en 2008, significó otro punto de inflexión, ya que introducía por vez primera piezas de artistas contemporáneos influidos tanto por Las Meninas de Velázquez como por la serie picassiana homónima. A finales del mismo año, la exposición Objetos Vivos. Figura y Naturaleza Muerta en Picasso escenificaba el resultado de un estudio del profesor Christopher Green basado en la metamorfosis en la obra de Picasso, concretamente la transformación de figuras en objetos y de objetos en figuras. Con la exposición Ciencia y Caridad al Descubierto (2010) se acometió una nueva línea expositiva que pretendía ahondar en el conocimiento de las obras de la colección del museo, colocándolas junto a préstamos de otras colecciones que guardaban similitudes con ellas y mostrando aspectos que la tecnología actual había permitido investigar. Del mismo modo, Viaje a través del Azul: La Vida, inaugurada el 10 de octubre de 2013, ha sido una exposición generada por la investigación interna de una obra de la colección, Azoteas de Barcelona, utilizando las novedades tecnológicas disponibles para el estudio de las capas pictóricas y realizada gracias a las buenas relaciones con otras instituciones, como en este caso el Cleveland Museum of Art, propietario de La Vida, obra capital de Picasso. También de 2010 es Picasso ante Degas, muestra-homenaje a Picasso y a uno de sus referentes más admirados. La exhibición de grandes piezas de ambos artistas puso de manifiesto la importancia de contextualizar las obras de arte. Aquel mismo año se presentó Picasso versus Rusiñol, que también confrontaba a Picasso con uno de sus primeros faros barceloneses de formación, Santiago Rusiñol. Una de las últimas exposiciones que se han visto en el museo, Yo Picasso. Autorretratos, se acercaba a una temática que, aunque parezca inaudito, apenas había sido tratada por los especialistas de manera monográfica. Esta aproximación a las exposiciones que se han presentado en el museo, desde las más pequeñas hasta las de mayor envergadura, ya estuvieran dedicadas a Picasso o a otros artistas, pone de relieve la gran cantidad de conocimiento y de esfuerzo vertidos en su organización; de igual modo, nos enseña que, a pesar de lo mucho escrito desde el Museu Picasso, todavía quedan numerosos temas por analizar, estudiar y plantear. |
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Exposición Les Demoiselles d'Avignon (1988) en el Museu Picasso |
La tecnología y los cambios sociales que se han producido a lo largo de estos 50 años han marcado la presentación de las exposiciones. Nuestro centro ha incorporado a sus salas las innovaciones tecnológicas que iban apareciendo y ha adecuado su funcionamiento y sus prácticas para mejorar tanto el transporte y la conservación, como la difusión de las obras que se exponen. El Museu Picasso de Barcelona se ha esforzado por llegar al máximo de público posible y, por este motivo, ha incidido especialmente en la divulgación de los proyectos. Carteles y toda clase de elementos de comunicación han hecho que el público fiel y también el potencial se enteraran de cada una de las exposiciones que se organizaban. Estos elementos son el testimonio gráfico de la labor de divulgación llevada a cabo, así como de la evolución del gusto y del diseño durante estos 50 años. Para realizar los proyectos expositivos, el Museu ha contado con el respaldo imprescindible de numerosos colaboradores a la hora de materializarlos. Sin embargo, a menudo ha hecho falta trabajo, inversión e ingenio para salvar obstáculos y para adecuar la presentación de las obras al momento social y cultural. Muchas de estas exposiciones han tenido una gestación compleja debido a su dificultad logística y económica. Desde los primeros años, en que las obras llegaban en camiones corrientes que no estaban adaptados técnicamente para el transporte de obras de arte, hasta los montajes de exposiciones con personal formado específicamente a tal efecto a partir de la década de los ochenta, el museo ha ido adecuando su funcionamiento y sus prácticas a las innovaciones tecnológicas, con el fin de mejorar la conservación y difusión de las obras mostradas. La exposición Picasso (1977), financiada en gran parte por la Fundación March, se mostró sobre la escenografía sobria y propia de la época, caracterizada por el uso de moqueta monocroma en el suelo y en los plafones de soporte de las obras, que poco tenía que ver con la de exposiciones posteriores como París-Barcelona, 1888-1937 (2002), donde las paredes y las habitaciones cerradas, construidas exprofeso, marcaban los ámbitos. Montajes sobrios se han intercalado, cuando lo exigían las circunstancias, con otros más escenográficos. El uso de la escenografía ha ido siempre ligado a la necesidad, en función de la temática expuesta y la tecnología utilizada, de presentar las obras del modo más adecuado o simplemente para darles protagonismo. En el caso, por ejemplo, de la exposición Picasso y el Teatro: Parade, Pulcinella, Cuadro Flamenco, Mercure, de 1996 (que no incluía El Tricornio, del que ya se había hecho una presentación en 1993), convenía que el espectador fuera consciente de que las obras expuestas -dibujos preparatorios, vestuario y decorados- habían sido concebidas para un escenario real. Las plataformas donde se instaló el vestuario o la música de los cuatro ballets que se podía escuchar en cada uno de los espacios, compuesta por reconocidos maestros del siglo XX, ayudaban a comprender la finalidad concreta de las obras. La presentación del vestuario del ballet Parade, incluido en la muestra Picasso: De la Caricatura a las Metamorfosis de Estilo (2003), fue por el contrario más aséptica. La tecnología y los cambios que ha experimentado la sociedad catalana a lo largo de los últimos cincuenta años han marcado también la presentación de las exposiciones. La temática erótica, los libros ilustrados por Picasso o sus cerámicas se han presentado en diversas ocasiones, pero siempre buscando miradas nuevas y aprovechando las innovaciones expositivas que se han ido incorporando progresivamente a las salas del Museu. Las exposiciones Picasso Erótico, de 1979 y 2001, e Imágenes Secretas. Picasso y la Estampa Erótica Japonesa, de 2009, compartían una misma temática, pero el enfoque fue muy diferente en los tres casos: la primera no incluía préstamos de otras colecciones y tan solo mostraba obras del Museu; la segunda fue una gran antológica, organizada por la Réunion des Musées nationaux y el Musée National Picasso, en coproducción con la Galerie Nationale du Jeu de Paume de Paris, el Musée des Beaux-Arts de Montreal y el Museu Picasso de Barcelona, que presentaba de manera exhaustiva y ordenada más de 300 obras eróticas del artista. El cambio social vivido por nuestro país en los últimos veinte años permitió que esta temática, presente en Picasso durante toda su carrera, se pudiera estudiar y exhibir para Barcelona de un modo riguroso y amplio. Finalmente, la exposición Imágenes Secretas. Picasso y la Estampa Erótica Japonesa mezclaba obras de Picasso con las de otros artistas, centrando la atención en un aspecto concreto: la influencia de la estampa erótica japonesa en el pintor malagueño. Para reflejar el tratamiento de este tema en la cultura japonesa, la muestra se envolvió en un montaje intimista y ganó el premio de la Associació Catalana de Crítics d'Art (ACCA) de aquel año a la mejor exposición de investigación histórica. Les Demoiselles d'Avignon (1988) y Futurismo, 1909-1916 (1996) también obtuvieron sendos premios ACCA. La primera por su planteamiento inteligente y por la gran calidad del contenido expositivo; la segunda, por ofrecer una amplia revisión del movimiento futurista en su faceta plástica y poética, tan coincidente con el proyecto creativo picassiano. |
Los catálogos editados por el Museu se revelan como testimonios de cada uno de los proyectos, con las reproducciones y los datos de las obras expuestas, y también como bibliografía de referencia sobre los diferentes aspectos tratados en cada una de las presentaciones. Los textos publicados tienen la finalidad de aportar al lector-espectador una comprensión global y en profundidad de estas piezas y de poner a su alcance investigaciones sólidas que explican la génesis, el desarrollo y la repercusión en el trabajo de otros artistas. Las exposiciones presentadas en estos cincuenta años de existencia se han enriquecido con los catálogos que se han publicado y con los talleres y conferencias que se han organizado en torno a ellas. Los artículos de los catálogos, escritos por los mismos comisarios de las exposiciones, y muy a menudo también por renombrados especialistas en los diversos temas planteados en cada uno de los proyectos, han facilitado al lector-espectador una compresión global y profunda de las obras presentadas. En definitiva, los catálogos permanecen no solo como testimonios de un proyecto, con las imágenes y los datos de las obras exhibidas, sino también como una bibliografía de referencia sobre los distintos aspectos tratados en cada exposición. Las conferencias vinculadas a las exposiciones han permitido al público en general, así como a los estudiosos del arte, conocer de primera mano las nuevas teorías artísticas, discutirlas y, en algunos casos, ampliarlas. El museo ha sido un punto de encuentro para todas las personas interesadas en la obra de Picasso y su entorno, que han podido así reflexionar y gozar de sus contenidos. El Museu Picasso de Barcelona se ha esforzado por llegar a la mayor cantidad de público posible, cualesquiera que fuesen su edad y su nivel. Este es el motivo por el que se ha incidido de una manera tan especial en la divulgación de los proyectos, desde las ruedas de prensa hasta los folletos explicativos, pasando por la web del museo y los minisites de las exposiciones, los carteles, las banderolas y los innumerables elementos de comunicación que han conseguido que el público fiel y el potencial tuvieran conocimiento de la realización de todas y cada una de las muestras. Los elementos anunciadores y, muy especialmente, los carteles de estas setenta y nueve exposiciones han perdurado como testimonios gráficos de esta labor de divulgación, así como de la evolución del gusto y el diseño a lo largo de los últimos cincuenta años. |
Del 16 de enero al 27 de abril de 2014 en el Museu Picasso de Barcelona (Montcada, 15-23)
Horario: martes a domingo, de 09:00 a 19:00 horas; lunes no festivos, cerrado.
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