MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO. LA OBRA INVITADA
26/05/2021
El programa La Obra Invitada del Museo de Bellas Artes de Bilbao, en su 64 edición, presenta al público por vez primera las tres pinturas firmadas por tres figuras universales del arte español: El Greco, Velázquez y Goya, que fueron reunidas por Carmen Marañón-Fernández de Araoz (San Sebastián, 1912 - Madrid, 2005). Hija del doctor Gregorio Marañón (Madrid, 1887-1960), a lo largo de su vida impulsó numerosas iniciativas culturales, entre las que destacan la Fundación Gregorio Marañón y la Real Fundación de Toledo. Marañón fue una autoridad en los estudios sobre endocrinología y otras disciplinas médicas, y, además, uno de los más destacados humanistas e intelectuales españoles del siglo pasado. Reunió una interesante colección de arte, una de cuyas joyas fue El Lazarillo de Tormes (hacia 1808-1810) de Francisco de Goya, y, entre otros, publicó el conocido ensayo "El Greco y Toledo" en 1956. Ese mismo año, su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) trató, precisamente, sobre el pintor cretense. El mencionado lienzo de Francisco de Goya fue heredado años más tarde por su hija Carmen, quien, casada con el político Alejandro Fernández de Araoz, gobernador del Banco de España durante la Segunda República, heredó de su esposo San Francisco en éxtasis (imagen superior, 1594-1604) del Greco y La venerable madre Jerónima de la Fuente (1620), pintada por Diego Velázquez. Son estas tres obras maestras las que ahora se dan a conocer en el museo, acompañadas por el "Retrato de Dña. Carmen Marañón" pintado por Ignacio Zuloaga en 1931. El artista vasco estuvo muy vinculado a la familia y mantuvo una estrecha amistad con el doctor Marañón. Además de a Carmen, Zuloaga retrató a su esposo y, en tres ocasiones, al doctor, quien visitó asiduamente su casa-museo de Santiago Etxea en Zumaia (Gipuzkoa), en donde se dieron cita algunos de los más grandes intelectuales de la época, como el filósofo Ortega y Gasset. |
San Francisco de Asís es uno de los santos penitentes más destacados en la iconografía del Greco, que pintó diversos episodios de su vida en numerosas ocasiones. En el lienzo San Francisco en éxtasis (1594-1604, óleo sobre lienzo, 50 x 40 cm) está representado con gran expresividad y en un fondo indefinido en actitud de orar y en el momento en el que el santo eleva la mirada al cielo antes de recibir los estigmas. Viste con el rudo hábito sujeto con una cuerda con los tres nudos que simbolizan los votos de la orden franciscana y aparece acompañado por una cruz y una calavera, elementos de meditación. Encarna así uno de los valores de la Contrarreforma, la salvación a través del arrepentimiento, la oración y la penitencia. La venerable madre Jerónima de la Fuente (imagen superior, 1620, óleo sobre lienzo, 150 x 105 cm) de Velázquez es uno de escasos retratos femeninos del catálogo del pintor, que efigió a la religiosa en tres lienzos, encargados por la congregación toledana de Santa Isabel la Real con ocasión del viaje de sor Jerónima a Manila para fundar el convento de Santa Clara de la Concepción. Este cuadro, que, como el conservado en el Museo Nacional del Prado de Madrid, es de cuerpo entero, muestra a la monja sosteniendo un crucifijo en la mano derecha y un libro en la izquierda. La firme psicología de la retratada y su experiencia vital quedan aquí reflejadas con el magistral naturalismo que el joven Velázquez supo imprimir a las composiciones de estos años. En El Lazarillo de Tormes (imagen inferior, hacia 1808-1810, óleo sobre lienzo, 102,5 x 83 cm), Goya remite, por un lado, a una de las novelas cumbre de la literatura picaresca española de igual título y autor anónimo y, por otro, a la pintura de vagabundos y desamparados, en ocasiones niños, que ya habían practicado con éxito pintores como Bartolomé Esteban Murillo. Recoge el pasaje en el que el cruel ciego huele el aliento del niño que le asiste para comprobar que, en efecto, se ha comido furtivamente la longaniza que estaba cocinando. Aquí Goya emplea un estilo casi expresionista y una paleta oscura que preceden a sus "Pinturas Negras" (1819-1823). Por último, hay que mencionar que, siguiendo su espíritu científico, el doctor Marañón interpretó en el cuadro una alusión a la inflamación respiratoria provocada por la difteria, comúnmente conocida como "garrotillo". |
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