RESTAURADAS VARIAS OBRAS DE ALONSO CANO POR EL IAPH

30/10/2009


 

 

El 25 de marzo de 2008 les informamos acerca de la intervención del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) sobre cuatro esculturas del artista granadino Alonso Cano, uno de los máximos exponentes del barroco andaluz. Las piezas se han restaurado en el Taller de Escultura del IAPH.

Las esculturas, ubicadas en la Catedral de Granada, presentaban numerosas restauraciones anteriores, habiendo sido repolicromadas probablemente coincidiendo con su participación en diferentes exposiciones desde principios del siglo XIX, por lo que la labor fundamental del IAPH ha sido devolverles su belleza original.

El proyecto de intervención se ha desarrollado entre enero del 2008 y octubre de 2009. Durante este tiempo, el IAPH ha efectuado los estudios previos: estudio radiológico, examen de las obras con iluminación ultravioleta, estudio de la superficie policroma con lupa binocular y estudio de correspondencia de capas policromas.

Además, se han hecho los estudios de caracterización de los materiales constitutivos de las obras, la identificación de la madera y una exhaustiva analítica de sus policromías, lo que ha permitido conocer tanto las características técnicas y materiales de las mismas como el estado de conservación que presentaban.

En líneas generales, y siguiendo los criterios seguidos por el IAPH, la metodología de conservación-restauración aplicada en la intervención de estas esculturas de Cano ha consistido en la consolidación del soporte, la limpieza general de los depósitos superficiales y la eliminación de los repintes.

 

 

VIRGEN DE BELÉN, 1664.

Con esta pequeña imagen (45 cm), realizada en 1664 para sustituir a la Inmaculada Concepción que el maestro había tallado para el remate del Facistol de la catedral granadina, Cano sigue el esquema compositivo de su última Inmaculada aunque con algunas variantes. Sin embargo, los extraordinarios méritos de la obra sustituta hicieron que fuera llevada al museo catedralicio y reemplazada por otra Inmaculada de Diego de Mora. La intervención en el IAPH se ha centrado en una actuación conservativa, así como en la realización de una limpieza uniforme de la obra, que había sido sometida con anterioridad a limpiezas desiguales. Además, se ha reintegrado con policromía en algunas zonas donde se habían producido pérdidas de pintura.

 

BUSTOS DE ADÁN Y EVA, hacia 1666.

Realizados por Alonso Cano en torno a 1666, quedaron sin concluir a la muerte de éste, por lo que la policromía la llevó a cabo en 1676 su discípulo, Juan Vélez de Ulloa. El cabildo catedralicio granadino las adquirió en la testamentaría del artista, estando documentada desde el siglo XVIII su ubicación en el lugar que hoy ocupan en la Catedral, el arco toral de la capilla mayor. Los bustos están tallados en madera de conífera, en concreto, de pino negral (pinus pinaster) mediante varios bloques ensamblados entre sí. Los movimientos de dilatación y contracción de estas piezas han provocado una serie de fisuras en las esculturas que constituye uno de los principales problemas de su estado de conservación. Por tanto, el IAPH ha actuado en esas fisuras y, a nivel de policromía, en la eliminación de repintes y estucos añadidos en otras intervenciones y que alteraban la estética original de las obras. Además, de forma preventiva se ha llevado a cabo una desinsectación de las esculturas al presentar algunas alteraciones ocasionadas por insectos xilófagos. En los bustos de Adán y Eva se pone de manifiesto de forma evidente la genialidad de Alonso Cano, incluso sin concluir su policromía, trasmiten a través de sus volúmenes la grandeza de su modelado y su aguda intención expresiva. Suponen por tanto la culminación material de la producción de este artista, una de las mejores figuras del barroco andaluz.

 

BUSTO DE SAN PABLO, hacia 1660-1665.

Realizada en la última etapa del artista, en torno a los años 1660 y 1665, se conserva en el Museo de la Catedral de Granada. Se trata de una obra maestra absoluta de Cano, con la que se desmarca de sus habituales formas intimistas y concentradas para ofrecernos una escultura (46 cm) extrovertida, de rasgos atormentados, vigorosa expresión y abundante barba labrada a base de sinuosas y largas guedejas de cabello, efecto ensayado anteriormente por imagineros como Andrés de Ocampo. Su estilo recuerda al inmortal Moisés de Miguel Ángel. Al tratarse de una pieza que ha sufrido numerosas restauraciones a lo largo de su historia, la intervención del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico se ha centrado en la eliminación de los añadidos de policromía que ocultaban las calidades técnicas de la obra y que impedían una lectura completa de la imagen.

 

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