RESTAURACIÓN DEL CRBMC PARA CARDONA (BARCELONA)

18/01/2021


 

 

El Centre de Restauració de Béns Mobles de Catalunya (CRBMC) ha restaurado los ocho relieves y el frontal de altar, todo ello realizado en madera tallada, policromada, dorada y estofada, que formaban parte del retablo barroco de San Ramón Nonato, ubicado en la capilla dedicada al santo en el castillo de Cardona, la mayor fortaleza medieval de toda Cataluña, de estilo románico y gótico, que hoy es sede del parador nacional de turismo "Duques de Cardona", gestionado por el Departament de Cultura de la Generalitat.

La intervención, que ha durado cuatro meses, se ha llevado a cabo en dos lugares diferentes: las intervenciones de desmontaje y montaje se han realizado in situ y las tareas de documentación, estudio técnico y conservación y restauración se han hecho en los laboratorios del CRBMC.

El conjunto de relieves, que representan varios episodios de la vida del santo, y el frontal de altar, que contiene el escudo de los Cardona, forman parte del presbiterio de la Capilla de San Ramón Nonato, construida en el lugar donde, según la tradición, falleció el santo, en el interior del castillo de Cardona.

La intervención comenzó con el desmontaje de las piezas, que como hemos apuntado fueron trasladadas a los laboratorios del CRBMC, donde se llevó a cabo el examen visual y los análisis mediante diferentes técnicas fotográficas y de laboratorio. Los resultados del estudio determinaron que la capa de pintura requería una fijación de manera generalizada.

El proceso de limpieza ha consistido en la retirada de la suciedad superficial, la eliminación de la capa de barniz oxidado y la eliminación de los repintes. Para finalizar la intervención de la policromía y del dorado, se ha dado una capa de protección a toda la superficie pictórica.

En cuanto al soporte de madera, se han unido de nuevo las tablas y se han encolado las grietas existentes. También se han reforzado los largueros para ganar estabilidad estructural.

Para la exhibición de las piezas del retablo, se ha diseñado una nueva estructura de doble marco en aluminio anodizado. Este sistema permite la sujeción de la pieza al muro y mejorar las condiciones de conservación, pues habilita el acceso al dorso de las piezas, y se puede hacer así un mejor mantenimiento.

Todo el conjunto se encontraba en un estado de conservación deficiente. El estrato pictórico tanto de la policromía como del estofado, y el dorado, sufrían numerosas pérdidas que dejaban al descubierto la capa de bol, que incluso, en algunos casos, se había perdido y permitía ver la capa de preparación. También se observaba un repinte oscuro que cubría los marcos dorados originales. En el caso del frontal, además se detectaban pérdidas de policromía, que dejaban a la vista el pan de oro. El dorado del escudo se encontraba completamente repintado con purpurina. Este tipo de repinte también se localizaba en todos los puntos de la pieza donde se había perdido el pan de oro. Los roces, las abrasiones y los orificios provocados por los xilófagos se repartían a lo largo de toda la superficie. Además, el soporte presentaba grietas en el sentido longitudinal de las fibras, propias de los movimientos de contracción y dilatación por la higroscopicidad de la madera.

En diciembre de 1681, tras una epidemia de peste en Cataluña, la duquesa Caterina de Aragón y Sandoval, hija y heredera del duque Lluís Ramon Folc, ordena la fundación de la Capilla de San Ramón Nonato, la cual se tenía que construir en el lugar donde se había muerto el santo en el año 1240, con altar, retablo y una lámpara de plata labrada por el barcelonés Josep Ros. En febrero de 1682 se iniciaron las obras. El retablo lo realizó el escultor manresano Pau Sunyer y del dorado y el estofado se encargó el orfebre local Magí Torrabruna.

De las obras de arte que albergaba la capilla, tan solo se conserva parte del retablo y el frontal del altar. Otras piezas perdidas fueron un pequeño crucificado en madera de boj del escultor Jacint Trulls, unas vidrieras del barcelonés Francesc Julià y un cáliz de plata dorada labrado también por Josep Ros.

Las dimensiones del retablo serían 28 palmos de ancho y 40 de alto, en correspondencia con la capacidad de la capilla, abarcando toda la anchura y altura del lienzo del muro del presbiterio, como era costumbre en la época, conforme a un diseño trazado por el propio Sunyer. Sin embargo, las dimensiones señaladas en el contrato no coinciden con las del retablo actualmente conservado, lo que da motivo para suponer respecto a los relieves que solo han subsistido dos muestras o fragmentos de la obra correspondiente a las dos tablas laterales.

 

 

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