LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO EN LOS TIEMPOS DEL COVID-19

16/04/2020


 

 

El Ministerio de Cultura y Deporte ha distribuido hoy jueves 16 de abril una serie de recomendaciones (ver enlace) para garantizar que las medidas de desinfección en el patrimonio cultural obligadas por la crisis del Covid 19 sean compatibles con la protección de los bienes culturales.

El Ministerio ha enviado una nota a todas las comunidades autónomas donde se invita a reflexionar acerca de los efectos de la pandemia sobre el patrimonio cultural, el cierre de instituciones, las prácticas de desinfección aplicadas en el ámbito de los bienes culturales y las futuras repercusiones económicas.

Antes de actuar en la desinfección sobre los bienes culturales, el Ministerio llama la atención también sobre la necesidad de consultar las intervenciones con los responsables del cuidado y tutela del patrimonio cultural para determinar la vulnerabilidad de cada elemento y las mejores alternativas para evitar daños innecesarios.

Con estas premisas, el Ministerio de Cultura y Deporte ha dirigido a las Comunidades Autónomas, Policía Nacional, Guardia Civil, Unidad Militar de Emergencias (UME) y Protección Civil unas "Recomendaciones sobre procedimientos de desinfección en bienes culturales con motivo de la crisis por Covid 19", elaboradas por el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE). El texto advierte de que la utilización de productos corrosivos, como la lejía, el amoniaco y los detergentes, está totalmente contraindicada en los conjuntos monumentales, edificios históricos, yacimientos arqueólogicos y objetos.

El texto precisa que, en los casos necesarios, y en consonancia con las recomendaciones de las autoridades sanitarias, se podrían utilizar soluciones hidroalcohólicas diluidas o jabones neutros, aplicados siempre con presión controlada y bajo el asesoramiento de un técnico en conservación de bienes culturales.

En esta situación de emergencia, además de la protección de las personas y la sociedad, tambien es necesario considerar el importante papel que el patrimonio cultural representa para la sociedad. En este sentido ya se están manifestando los principales organismos internacionales, como el ICCROM o el ICOM recordando la importancia social y económica y el valor identitario que representa el patrimonio cultural.

Tras el cierre de todos los centros por el Estado de Alerta, el Ministerio Cultura y Deporte avanza que el riesgo de contaminación de los bienes culturales muebles es prácticamente nulo y se recomienda evitar el uso de productos desinfectantes que pueden dañar los materiales.

En cuanto a los espacios que contienen bienes culturales, como museos, archivos o espacios religiosos, desaconseja fumigaciones o pulverizaciones generalizadas, puesto que tras su cierre al público hace ya un mes, la existencia del virus en el ambiente de esos lugares es poco probable.

Se recomienda la limpieza de las superficies como suelos, puertas o manillares que carezcan de valor histórico o artístico con las soluciones desinfectantes comunes propuestas por las autoridades sanitarias, aunque se opta preferentemente por el empleo de etanol disuelto al 70%.

En los procedimientos de limpieza se incluyen también las superficies exteriores de vitrinas que hayan podido ser tocadas por los visitantes, pero se desaconseja cualquier medida en el espacio interior de vitrinas, ya que su acceso es puntual y solo por el personal especializado de la institución.

Una vez efectuada la desinfección y limpieza, el documento promueve la ventilación de los espacios limpiados para evitar la acumulación de compuestos orgánicos volátiles (COVs) surgidos como consecuencia de la evaporación de las disoluciones desinfectantes.

Ante cualquier duda con los procesos de limpieza y desinfección, Cultura alerta a las autoridades de no aplicar ningún tratamiento, ya que se pueden generar daños irreversibles sobre el patrimonio cultural, y urge a consensuar todas las medidas con los profesionales del ámbito de la conservación-restauración.

En el caso de bienes culturales situados en espacios públicos (cascos históricos, plazas, parques o calles), el documento pide que se evite rociar de manera directa los objetos o edificios de valor histórico-artístico.

En el entorno directo de los bienes culturales (a menos de 1 m de distancia, como aceras próximas o zócalos de edificios) aconseja preferiblemente el uso de una disolución de etanol disuelto al 70% en agua proyectada a baja presión. Esta solución desinfectante resulta efectiva frente al virus y a su vez su pulverización resulta menos dañina que la de hipoclorito sódico (lejía) sobre materiales como la piedra, ladrillo, madera y metal.

Los tratamientos desinfectantes también deben evitarse en las proximidades de los bienes culturales policromados (caso de las portadas de iglesias o de los retablos) y se propone como alternativa el vallado perimetral para evitar la aproximación y el contacto directo de las personas.

 

 
 

 

En estos difíciles días en los que tenemos que lamentar la perdida de tantas vidas humanas provocadas por la pandemia del COVID 19, y reconocer los enormes esfuerzos que se están llevando a cabo en todos los países afectados para afrontar esta crisis, tanto a nivel institucional como social, atendiendo la prioridad fundamental en cualquier emergencia, que es la vida y seguridad de las personas y su bienestar, vemos cómo se intensifican acciones encaminadas a la reducción del nivel de contagios entre las personas.

El flujo de información y las noticias difundidas a través, fundamentalmente, de los medios digitales y las redes sociales, va mostrando las diversas acciones y estrategias que se ponen en marcha en los diferentes países afectados por la pandemia. Entre esas acciones, comienzan a aparecer en dichos medios y redes, imágenes de determinadas medidas y prácticas de desinfección de bienes inmuebles y bienes muebles, como las que acompañan esta noticia.

Por otra parte, y en lo que respecta al caso concreto de nuestro país, las medidas de emergencia establecidas por el gobierno para combatir la pandemia aconsejan igualmente una reflexión acerca de la posible afectación que puedan ejercer sobre el patrimonio cultural, acciones como el cierre de las instituciones gestoras del patrimonio cultural, las prácticas de desinfección que se están desarrollando en el ámbito de los bienes culturales inmuebles y muebles, y también la repercusión económica para las instituciones en un horizonte incierto.

A este respecto, el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) ha elaborado un documento de Recomendaciones sobre procedimientos de desinfección en bienes culturales con motivo de la crisis por Covid-19, con la pretensión de que puedan resultar de utilidad para aquellos responsables y gestores del patrimonio cultural de nuestro país, que lo precisen en estas circunstancias.

Insistiendo en que, en situaciones como las actuales y como no puede ser de otro modo, la prioridad absoluta es la protección de la vida humana, es evidente que la mayor parte de estas prácticas de desinfección que ilustran las imágenes, utilizan compuestos como el etanol o el peróxido de hidrógeno, pero sobre todo productos derivados de la química del cloro. Estos productos pueden ocasionar graves efectos dañinos en el patrimonio cultural, ya que la inmensa mayor parte de los materiales constitutivos de los bienes culturales, desde el material pétreo hasta el textil, son sensibles a estos agentes clorados, fuertemente oxidantes y con gran capacidad para alterar los colores y destruir pigmentos, pátinas o capas de protección de todo tipo. A ello habría que añadir el hecho de que estos agentes y sustancias pueden tener también consecuencias nocivas para la salud humana y para el medio ambiente.

Es seguro que existe un amplio abanico de razones, todas ellas bienintencionadas, por las que se están poniendo en marcha este tipo de acciones. Desde las consignas sanitarias, al simple desconocimiento, pasando por el interés o la necesidad de mantener vivas determinadas actividades sociales, económicas, turísticas, etc. Sin embargo, existe una circunstancia común a la mayoría de los casos que favorece la aplicación de estas medidas cuestionables: la falta de comunicación e información transversal ente los distintos agentes que gestionan esta situación de crisis sanitaria, y los responsables y técnicos encargados de la tutela del patrimonio cultural.

En este sentido, esta nota de alerta general, pretende llamar la atención sobre la necesidad de consultar, antes de actuar sobre los bienes culturales. Consultar con los responsables del cuidado y tutela de los bienes integrantes del patrimonio cultural, sobre la vulnerabilidad de cada elemento, sobre los riesgos que suponen este tipo de acciones, y sobre las posibles alternativas a ellas.

Conviene recordar que, según ha establecido la UNESCO, el concepto más amplio de patrimonio cultural abarca los lugares de interés histórico y cultural, los sitios y paisajes naturales y los bienes culturales, así como el patrimonio inmaterial.

El patrimonio cultural es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio. Esos recursos son una riqueza frágil, y como tal requieren políticas y modelos de desarrollo que preserven y respeten su diversidad y su singularidad, ya que una vez perdidos no son recuperables.

Cuando todo esto pase, el patrimonio cultural, considerado siempre esencial para promover la paz y el desarrollo social, ambiental y económico sostenible, será parte importante en el proceso de recuperación de la normalidad. Un valor indispensable dentro de los mecanismos de cohesión social, de recuperación de nuestro sentido de pertenencia, de comunidad, de grupo... algo que necesitaremos tras estos tiempos que nos han abocado al confinamiento y el aislamiento social. Todo ello sin desdeñar la importancia económica del patrimonio cultural que va de la mano del sector turístico y que se ha visto afectado a niveles inimaginables.

Protejamos el patrimonio cultural por medios sostenibles y compatibles con los objetivos perseguidos por la desinfección, para garantizar el futuro de los bienes que han superado esta pandemia fatal. No destruyamos de forma inconsciente los recursos culturales, que son recursos sociales, económicos y científicos, así como una importante fuente de empleo y una garantía de desarrollo.

 

 
 

 

Anexo de recomendaciones en este

 

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