NUEVAS OBRAS DE ELÍAS RODRÍGUEZ PICÓN
Con información de Elías Rodríguez Picón (05/08/2016)
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Bajo el velo es un proyecto que comencé hace un año para plasmar una visión de los estados de la vida humana a través de un largo velo negro. Mi intención es conseguir entre diez y veinte escenas, en las que se recreen momentos imprescindibles e inevitables en la existencia de mujeres y hombres. La idea partió con la obra Bajo el velo de la Fe (ver enlace), en la que la mujer retratada porta un cráneo, en alusión al fin de nuestros días, y una cruz carcomida como símbolo del derrumbe de la fe cristiana en una Iglesia que se resquebraja por su falta de flexibilidad. Una Iglesia que deberá reinventarse de cara al futuro, soltando lastres y limando asperezas del pasado, ya que la mayoría de las veces mueve piezas equivocadas que pertenecen a un puzzle diferente al que hoy montamos. No es una cuestión de respeto o de aceptar normas, como si de una familia de Mario Puzo se tratase, tampoco de sentencias lapidarias tipo "o lo aceptas o arderás en el infierno"; simplemente, cada conciencia terminará por recordar que la pieza no encaja por mucho que obliguen por la fuerza a colocarla.
Bajo el velo del Amor Desde una perspectiva heterosexual, no siempre es fácil entender qué se siente al amar y desear en cuerpo y alma a una persona de tu mismo sexo. Y aunque los tiempos evolucionan de forma superficial, es necesario sentirse uno más entre los que no comparten la misma opción sexual ya que, si logramos esa unidad, la sexualidad no nos privará de una convivencia igualitaria y enriquecedora en todos los sentidos. Sin embargo tenemos mucha facilidad para alardear de nuestra progresión en todo aquello que calificamos de contemporáneo. Aquello que viste tu imagen progresista aunque solo sea para recordar el refranero popular (¿Dónde va Vicente?, donde va la gente). Ello se manifiesta en las redes sociales (si no estás en ellas, es como si no existieras) o en las últimas tecnologías, tan necesarias como en algunos casos prescindibles, pues nos hacen reír y soñar como perder el norte como lerdos sin control. Hemos llegado hasta a buscar desesperadamente por las calles a seres virtuales, con la sensación de que un ente superior nos maneja como una versión 2.0 del flautista de Hamelín, para distraer a una civilización en un 2016 a la deriva. Avanzamos en cuestiones de sexo, sí, pero a cámara súper lenta, regocijándonos en todos los fotogramas para señalar despiadadamente con nuestro dedo acusador. En realidad, lo único que hacemos es alejarnos de "amar en tiempos opuestos", necesitados de ver la realidad pero sin gafas virtuales.
Bajo el velo de la Vida Siempre tuve el deseo de crear esta escena. Plasmar la mirada de una embarazada que espera impaciente dar a luz, pero a la vez desea parar el tiempo y acariciar sin parar su vientre sintiendo los movimientos del ser que ama y lleva dentro, dando así comienzo la conexión del amor incondicional y eterno de una madre. Su estado de emoción eclosiona como las mariposas que se posan sobre su cuerpo como símbolo de belleza y transformación, intentando traspasar el velo, atraídas por la vida de un nuevo ser en una madre que, como la diosa Cloris, adorna su cabello para la espera de ese momento inolvidable que cambiará su vida. |
Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de las obras a través del icono que encabeza la noticia.
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