ARTE POPULAR RELIGIOSO. COLECCIÓN EUGENIO GRANELL
28/02/2007
La colección de la etapa adulta de Eugenio Granell
comienza con el curioso hallazgo, al azar, de un cenicero en forma de calavera que encuentra el artista en el agujero
que había hecho una bomba al caer en Villela Alta, durante la Guerra Civil. Este objeto, que tiene la inscripción
Opoterápicos López Brea, viaja con Granell como talismán desde España a través de su exilio por Francia,
República Dominicana, Guatemala, Puerto Rico, Nueva York y, finalmente, regresa a España en
el año 1985.
La colección de diversos objetos de Granell se encuentra ahora en la Fundación Eugenio Granell, en Santiago de Compostela. Es apropiado que se aloje en esta ciudad de peregrinos y peregrinaje donde Granell, de niño, diera sus primeros pasos y coleccionaba figuras teatrales de cartón y soldados de plomo bidimensionales, con coloridos uniformes y armas refulgentes que vendía su padre en la tienda que tenía en Calle Calderería.
Granell no fue un coleccionista por antojo. A través de su peregrinaje, se recrea rodeándose de obras de amigos y artistas que respetaba, así como de objetos que le llamaban la atención y que consideraba hermosos a pesar de la humildad y la sencillez de algunos.
Para esta exposición se han escogido obras de tema religioso cuyo valor, dentro de esta colección es su belleza y el hecho de que fueron creadas por personas anónimas que derramaron su talento en ellas. También hay que considerar la importancia que les otorgó Granell.
La imaginería en España tuvo su mayor auge tras el Concilio de Trento (1545-1553), que reformó considerablemente la interpretación de la imagen religiosa. Cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo y se dedicaron a la evangelización, la Iglesia, en su rol de comitente, promovió el desarrollo de escuelas escultóricas que se dedicaron a decorar las iglesias coloniales allí construidas, pero también a crear piezas que pudieran tenerse en casa. Al principio las imágenes talladas en las colonias seguían el barroquismo y la complejidad que se observa en la imaginería española, pero con el tiempo cada país fue evolucionando y cambiando las imágenes. Las tallas hechas en Puerto Rico, por ejemplo, brillan por su simplicidad y sencillez, mientras que las tres figuras de Filipinas, mantienen la tradición más barroca. Es importante comentar que Filipinas, debido al establecimiento de una Administración colonial, es el único país asiático que durante el siglo XIX desarrolla una escena artística plenamente occidental.
Puerto Rico tiene una gran tradición de "santeros" (los que tallan santos) y de allí se muestran tres piezas: San Antonio, una Virgen rezando vestida de blanco y una Virgen Mora con niño. Estas obras, talladas de una sola pieza, son de gran sencillez y austeridad. También de Puerto Rico son dos tallas de los Reyes Magos igualmente sencillas; cada rey y cada caballo están tallados de una sola pieza. En esta isla existe una larga tradición dedicada al culto de estos tres personajes así como de la creación artística que los representa. En Puerto Rico la Epifanía sigue siendo una fecha de celebración importante.
Los santos José y Vicente Ferrer, ambos de madera policromada, y una bella Inmaculada también policromada proceden de Filipinas. Dos de estas piezas se sostienen sobre unas esferas y contrastan con las puertorriqueñas colocadas sobre una simple base. También destacan varias piezas de origen español, de las que desconocemos su procedencia original más precisa: Santa Rosa de Lima, San Antonio de Padua, teólogo y predicador, y un Cristo camino del Calvario, imagen articulada para vestir.
De la escuela granadina mostramos dos obras. Una de ellas es San Nicolás de Bari, con los tres niños a los que salvó, y la otra es una bellísima Dolorosa, ambas de cerámica policromada. El ángel Miguel aparece representado en una talla de cerámica policromada con unas magníficas alas, escudo y un brazo elevado, en el que sin duda, llevaba una lanza. San Miguel reposa sobre un monstruo con torso humano y cuerpo de oruga (un dragón). Por su parte, María Magdalena en la cueva representa a esta polémica figura con una calavera dentro de la cueva en la que pasó los últimos años de su vida. La figura reclinada de la Magdalena es movible y puede sacarse de la cueva. María Magdalena con frecuencia se representa con una calavera que puede interpretarse como penitencia o vanitas.
Las piezas de México llegan a incorporar su propia idiosincrasia, entre ellas el gran sentido del color que puede observarse en el Adán y Eva cuya desnudez cubren modestamente una hoja roja y otra hoja morada. Eva lleva la tradicional manzana roja en la mano. Los tres árboles de la vida, obra típica de Metepec, México, suelen representar la escena del Jardín del Edén. Aquí podemos observar dos de éstos mientras que el tercer Árbol de la Vida es un bello y colorido nacimiento en el que abundan ángeles y palomas. En estas tres piezas vuelve a repetirse el gran sentido del color de estos artesanos.
Exponemos un bellísimo altar portátil de Salamanca de la Virgen de Valdejimena, abogada de la rabia y la peste. Este altar reproduce el barroquismo de la actual ermita en la Parroquia de Horcajo Medianero que fue trazada por Juan de Setién Gümes, maestro mayor de la catedral de Salamanca. Cerca de este altar portátil nos encontramos con El ángel arquero de metal de Túnez que es de especial interés y belleza artesanal; un pequeño retablo de madera de Perú, en el que se representa un nacimiento. El artista hizo una obra costumbrista ya que al conjunto familiar le añadió diversos músicos. Es posible que este tipo de arte tenga su antecedente en los dípticos romanos hechos de tablillas que se cerraban una sobre otra. Pueden ser altares portátiles para uso personal; y un exvoto de metal pintado dirigido a la Virgen de San Juan de origen mexicano. Se aprecia la sencillez de la pintura así como la naturaleza del devoto que escribe su plegaria: "Doy gracias a la Virgen de San Juan por haberme sacado con vida del rayo que me cayó. Sr. Roberto Cardiel Lerma, 12 abril 1978."
Finalmente podemos contemplar las dos iglesias de barro rojo de procedencia peruana. Estas son cerámicas tradicionales de Ayacuchana, Perú, obras simples y casi infantiles coloreadas con pintura blanca para resaltar puertas, ventanas, torres y reloj.
Febrero-Junio de 2007 en la Fundación Eugenio Granell de Santiago de Compostela
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