RESTAURACIÓN DE JESÚS GUERRERO

Con información de Jesús Guerrero García (28/07/2012)


 

 
     
     
Estado inicial
 
Estado final

 

La imagen de Nuestra Señora del Carmen que se venera en la capilla homónima del barrio sanluqueño de Bajo de Guía, procede de la fábrica de artes religiosas de Olot (Girona) y es original de una producción seriada, estandarizada por medidas y modelos, de las cuales hay muchas procesionando en toda nuestra geografía.

A ello se suma el sentimiento de ser una devoción muy querida en la localidad gaditana, de honda raigambre marinera, con la perfecta simbiosis creada con este prototipo artístico de la Santísima Virgen.

La composición difiere de las imágenes talladas en madera, ya que su material, llamado pasta de madera, parte de unos yesos reforzados con celulosa y polvo de serrín. Por lo demás, el acabado artístico está desarrollado bajo las mismas técnicas que, desde antaño, se vienen utilizando en la imaginería policroma andaluza.

Atendiendo a estos aspectos constructivos de la obra, y conociendo el restaurador los posibles agentes deteriorantes de los mismos, se ha desarrollado una intervención dentro de la normalidad más absoluta.

 

 
     
     
Estado inicial
 
Estado final

 

Partiendo de la observación inicial, la imagen de la Virgen del Carmen estaba muy deficiente en elementos funcionales y estables, como la peana y los pernos de sujeción de la corona. Así como el deterioro estético que, entre los años 80 y 90, se habían producido en el cromatismo general de la obra, no solo por factores externos relacionados con el clima y la humedad -que han sido muy notables tanto en la policromía como en el material-, sino por otro factor mucho más degradante: la mano del hombre, pues eran innumerables los repintes que presentaba, tanto en las carnaciones como en todo su conjunto suntuario.

Aunque dichos repintes se realizan como remedio a daños producidos por roces y desgastes de pulseras, anillos, alfileres, etcétera -todos ellos propios de la funcionalidad e idiosincrasia de la imagen-, ante la atrevida mano del desconocimiento se convierten en puros remiendos, producto de un ciclo-costumbre: daño, repinte, daño, repinte, daño, repinte… ocasionando finalmente la pérdida total del original de la pieza.

Por ello, los trabajos del restaurador han estado centrados en dos fases fundamentales: una inicial dedicada a la estabilidad estructural y refuerzo preventivo de la imagen, y una segunda o final de acabado, dedicada a la aplicación de una nueva policromía semejante a la primitiva y a la personalización de la escultura mediante el enriquecimiento y ennoblecimiento de la decoración de sus vestidos.

 

 
     
     
Estado inicial
 
Estado final

 

Con respecto a las labores internas de estructura, se han eliminado muchas humedades y consolidado yesos (pasta de madera) que se encontraban disgregados e, incluso, pulverulentos, fruto de la descomposición de los hongos y la propia salinidad del ambiente marino tan cercano a la capilla.

A su vez, se ha reforzado internamente y rellenado mediante la inyección de poliuretano expansivo y el vertido de poliuretano líquido con carga de arlita. Procedimiento ejecutado desde su base, la cual ha sido sustituida por una nueva peana con nuevos y prácticos elementos de anclaje a las andas.

 

 
     
     
Estado inicial
 
Estado final

 

Para la sujeción de la corona se han insertado unos casquillos metálicos hembra, tanto en la cabeza de la Virgen del Carmen como en la del Niño Jesús que sostiene con su brazo izquierdo, para facilitar así su colocación en los posibles cambios ornamentales que se realicen durante el año.

Una vez finalizado el procedimiento estructural, se procedió al levantamiento de los repintes y la preparación y estucado de la escultura, como paso previo a la reconstrucción de los dorados y estofados que decoran los ropajes, así como la aplicación de las nuevas carnaciones, realizadas al óleo, pulimentadas a la vejiga y patinadas al aceite hasta ennoblecer los gestos y miradas que desde hacía ya bastante tiempo había perdido.

Por esto mismo, no puede hablarse de una restauración en términos puristas, ya que la imagen sanluqueña se ha transformado a partir de la ausencia de su policromía original.

 

 
     
     
Estado final
     
     
 

 

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