RESTAURADA UNA TALLA ROMÁNICA DEL MUSEO DIOCESANO DE JACA
18/08/2020
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Estado final |
Gracias a un acuerdo de la Asamblea General de la Asociación Sancho Ramírez de Jaca se decidió sufragar esta restauración que comenzó a finales de 2019. Los trabajos han sido llevados a cabo por la restauradora Inmaculada Piedrafita Puértolas, y la colaboración del restaurador Gerardo Sánchez Mur, y bajo la supervisión de Jesús Lizalde Giménez, Delegado Diocesano de Patrimonio; Belén Luque, directora del Museo Diocesano de Jaca (MDJ), y varios técnicos de la Diputación General de Aragón (DGA), al estar catalogada esta pieza como Bien de Interés Cultural (BIC) del patrimonio cultural aragonés. La obra restaurada es la imagen de Nuestra Señora de Iguácel, una talla románica de madera policromada que podemos datar como de principios del siglo XII y responde al modelo típico de su época que muestra a María como "sedes sapientiae", sedente en un trono sosteniendo a Jesús sobre su rodilla izquierda. Entre los dos personajes no existen las muestras de afecto propias de una relación materno-filial, sino que ambos se caracterizan por su hieratismo y frontalidad. Sin embargo, a pesar de esta rigidez, la Virgen sujeta al Hijo con su mano izquierda en un gesto protector que rompe ligeramente la simetría de la obra. María aparece ataviada a la moda romana, con túnica, velo y manto sujeto con un broche circular. Jesús luce una vestimenta más sencilla, cuya parte inferior se decora con los mismos motivos vegetales que el manto de la Madre. María porta una esfera roja que ha dado lugar a varias interpretaciones -para algunos representa su grandeza y poder, para otros es el fruto prohibido que nos la muestra como nueva Eva- y Jesús sujeta un libro cerrado y apoya la mano derecha sobre el pecho, en lugar de la típica actitud de bendecir. Esto último se debe a que la mano derecha del Niño no es la original de la talla románica sino un añadido colocado posteriormente en fecha indeterminada. Dada la función devocional que todavía conserva esta escultura mariana se decidió no eliminar esta mano añadida puesto que contribuye a consolidar la apariencia con la que la conocen los antiguos habitantes del Valle de la Garcipollera. |
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Estado inicial (detalle) |
El estado de conservación del soporte lígneo (la madera de base de la talla) era bastante bueno aunque con algún ataque puntual de organismos xilófagos, siendo más acusado en la parte inferior de la escultura. También se observaban algunas grietas estructurales. Una de las alteraciones más importantes que se podía observar en la pieza y que se debía tratar con urgencia, era la descohesión de la preparación con el soporte, que había provocado el arrastre puntual de la capa de policromía. Incluso en algunas zonas pequeñas se había perdido la doble capa de policromía y preparación dejando a la vista la madera del soporte. Por último, la escultura presentaba una repolicromía posterior generalizada como es habitual en este tipo de obras devocionales que a lo largo de los siglos son repintadas. |
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Estado final (detalle) |
Para la restauración de Nuestra Señora de Iguácel, se procedió en primer lugar a la toma de tres micromuestras para realizar una serie de analíticas que permitieran determinar la cantidad de repolicromías que había sufrido la imagen, así como si se conservaba algo de la plata corlada original con la que contaba la talla cuando se creó en época románica. Tras la toma de muestras se realizó un estudio pormenorizado del estado de conservación de la pieza, así como una serie de pruebas con el fin de determinar la metodología de trabajo y los productos a utilizar según las diferentes zonas policromas. Tomada la decisión de respetar la capa de repolicromía y concluidas las pruebas pertinentes se procedió a la limpieza con metodología mecánica y química según la zona a tratar, siendo necesaria la ayuda puntual de bisturí para zonas con concreciones más adheridas como la zona de los zapatos. Algunas zonas presentaban una capa de barniz amarilleado y suciedad que ocultaban la verdadera brillantez y riqueza del color de la pieza. Una de las intervenciones más necesarias era tapar la grieta del soporte que recorría parte de la base, así como cerrar algunos agujeros producidos por el ataque de xilófagos para evitar la acumulación de suciedad en estas zonas. Una vez sellados los mayores desperfectos, se aplicó un estuco a base de cola animal y yeso, lo más similar al usado tradicionalmente. Una vez finalizado el proceso de estucado, y tras la aplicación de una capa de protección previa se procedió a la reintegración del color mediante la técnica de puntillismo que consiste en aplicar miles de pequeños puntos hasta conseguir que la laguna quede reintegrada con el color original, permitiendo de lejos no distinguir la reintegración y de cerca poder apreciar la intervención del restaurador. |
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Estado final (detalle) |
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