SAN SEBASTIÁN. BELLEZA E INTEGRIDAD EN EL ARTE
ENTRE EL CUATROCIENTOS Y EL SEISCIENTOS

15/09/2014


 

 

El próximo 5 de octubre abre sus puertas en Italia una gran exposición dedicada a la siempre sugerente figura de San Sebastián en el Arte. Comisariada por Vittorio Sgarbi, con la colaboración de Antonio D'Amico, la muestra, titulada San Sebastián. Belleza e Integridad en el Arte entre el Cuatrocientos y el Seiscientos (San Sebastiano. Bellezza e Integrità nell'Arte tra Quattrocento e Seicento) ha sido organizada por la Fundación Cosso y tendrá lugar en la sede de la misma: el espectacular escenario del Castillo de Miradolo, ubicado en la localidad de San Secondo di Pinerolo (Turín), una casa señorial de estilo neogótico, recientemente restaurada y rodeada de uno de los jardines más exuberantes y bellos de la región del Piamonte.

Para esta exposición, que estará abierta al público hasta el 8 de marzo del próximo año 2015, Sgarbi y D'Amico han seleccionado 40 obras maestras cuya cronología abarca desde el renacimiento hasta finales del XVII, siglos en los que el arte italiano nos ha dejado grandes y extraordinarias creaciones.

El recorrido comienza con el escultor y ceramista Andrea della Robbia (1435-1525), que modela en terracota vidriada la anatomía del joven mártir del cristianismo con gran refinamiento, alisando sus extremidades. Prosigue con una mirada a la Venecia del Quattrocento a través de la obra del pintor Carlo Crivelli (hacia 1435-hacia 1495), que interpreta con gran belleza, mediante la figura de un joven desnudo e invadido por las flechas, al hombre del Renacimiento, con sus pasiones y sus expectativas sobre el mundo y el futuro.

El siglo XVI se halla representado con Ludovico Carracci, Paris Bordone y Tiziano. Carracci (1555-1619) muestra a un gentil atleta que parece danzar en el martirio, ejecutando gráciles movimientos como si antepusiera su fe sobre el dolor. Bordone (1500-1570) inserta la escena en un hermoso paisaje en el que también aparece la Virgen con el Niño, y donde San Sebastián, concebido como una estatua, mira al espectador como testigo distante y silencioso del místico diálogo. Por último, Tiziano (1485-1576) nos ofrece un santo solitario y pensativo en una obra que llega a Italia por segunda vez desde una destacada colección privada de Estados Unidos.

 

 

 

El Seiscientos se abre con la feroz armonía de colores y las audaces formas del Rubens (1577-1640) de la Galería Corsini de Roma, que abandona su estancia por primera vez en muchos años. Del Guercino (1591-1666) veremos una obra sin precedentes, recientemente descubierta en una colección particular estadounidense. El aspecto devocional de la iconografía se refuerza con Guido Reni (1575-1642) que plasma a un bello San Sebastián el ambiente cálido, nocturno e íntimo de una Bolonia donde los dictados del Concilio de Trento, aplicados por el cardenal Gabriele Paleotti, siguen siendo cruciales y de fuerte atracción y respeto para los artistas.

La maestría de Caravaggio (1571-1610) constituye el clímax de la exposición con una pintura excepcionalmente prestada por el cabildo cardenalicio de Milán. Acentos norteños con un extraordinario realismo en el rostro y santidad en la pose. Los ecos internacionales del genio milanés se dejan ver con pasión en las obras de Ribera (1591-1652), Nicolas Régnier (1591-1667) y Matthias Stomer (hacia 1600-después de 1652). Por último, la narración ideal con implicación emocional de Mattia Preti (1613-1699) y Luca Giordano (1634-1705) deja atrás el lenguaje del siglo XVII para irse abriendo a las nuevas formas y gustos estéticos de los albores del Setecientos.

La muestra San Sebastián. Belleza e Integridad en el Arte entre el Cuatrocientos y el Seiscientos (San Sebastiano. Bellezza e Integrità nell'Arte tra Quattrocento e Seicento) ofrece en definitiva la evolución de un tema artístico fascinante: las diferentes soluciones formales, materiales, visiones, modelos, etcétera, que los artistas adoptan desde la segunda mitad del XV hasta principios del XVIII para adaptarse a los cambios y propósitos devocionales durante casi tres siglos.

Además, es la primera vez que una exposición de gran valor histórico y artístico se halla enteramente dedicada al icono de San Sebastián (considerado un soldado de origen galo que formó parte de las más altas milicias del emperador Diocleciano, quien ordenó su ejecución al descubrir que era cristiano) con extraordinarias obras maestras procedentes de los museos más importantes y de colecciones italianas y extranjeras de prestigio.

 

 

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