RESTAURADA LA ÚLTIMA OBRA MAESTRA DE GIAN LORENZO BERNINI

31/01/2020


 

 

Después de seis meses de restauración, la estatua de la Beata Ludovica Albertoni, destacada obra del maestro barroco Gian Lorenzo Bernini (Nápoles, 1598 - Roma, 1680), y la capilla que la alberga en el templo de San Francesco a Ripa, ubicado en el distrito romano de Trastevere, han recuperado su esplendor original.

La delicada intervención, confiada a la restauradora Elisabetta Zatti, ha combinado preservación y protección, así como una serie de mejoras para el uso de una capilla, llamada Altieri por su fundador, en la que la escultura, la pintura y la arquitectura se unen para configurar una conmovedora escenografía.

La obra fue realizada entre los años 1673 y 1674 por encargo del príncipe Angelo Paluzzi Albertoni Altieri, sobrino adoptivo del por entonces papa Clemente X (Emilio Altieri). En realidad el príncipe confió a Bernini la obra de renovación -ex novo- de la capilla de la familia, dedicada a Santa Ana.

En dicha capilla se hallaban los restos mortales de Ludovica Albertoni (1473-1533), una ilustre antepasada que era venerada ya como una beata y cuyo culto había hecho público Clemente X en 1671. Gian Lorenzo Bernini, con setenta y seis años de edad, completó los trabajos a una velocidad increíble, y encima no quiso que le pagaran, quizás porque necesitaba congraciarse con el papado para permitir que su hermano Luigi, exiliado después del escándalo de violación, regresara a Italia. De hecho, una vez que este monumento fue construido, en muy poco tiempo Luigi regresó a Roma La investigación realizada por Federica Di Napoli Rampolla en los archivos de la familia Altieri excluye la presencia de una factura.

La estatua de la Beata Ludovica fue la gran última creación de Bernini, cuya genialidad intervino nuevamente para modificar la tradición, y en vez de colocar la figura debajo del altar la puso más arriba de la mesa, sobre un plano colocado hacia atrás, recostada sobre un lecho colocado sobre un gran tapiz pendiente, semejante al que posee el monumento fúnebre a Alejandro VII en la basílica vaticana. Este paño une la escultura al altar que se encuentra debajo y al mismo tiempo cubre y protege el sarcófago con el cuerpo de la beata.

 

 

Bernini empleó en esta obra mármol blanco y mármol polícromo de Carrara, bronce dorado y estuco, con unas medidas de 210 x 90 cm. La reciente limpieza del mármol ha resaltado sus diferentes acabados, desde el pulido hasta el rugoso, técnica utilizada por Bernini para que la luz enfatice el claroscuro, de gran efecto pictórico. El gran escultor alisó las partes de mármol más prominentes al máximo y no trabajó las partes invisibles.

Después de la limpieza, se pasó a la consolidación y la reintegración pictórica de las abrasiones y alteraciones del pan de oro, y luego se terminó con esmaltes de acuarela para restablecer el equilibrio cromático de la capilla. La protección de los insertos de hierro utilizados como soporte también ha sido necesaria para los querubines, y también se ha llevado a cabo una operación para restañar huecos y grietas.

La estatua de la beata tomaba luz de dos ventanas, invisibles para el espectador, que la iluminaban por ambos lados. Para ello Bernini, escultor pero también arquitecto y pintor, hizo retroceder la parte posterior de la capilla. Diversas modificaciones, tanto en el interior como en el exterior, evitaron que la luz llegase a la estancia como en el pasado. Precisamente por esta razón, los trabajos continuarán ahora con un estudio para recrear la iluminación tal y como fue diseñada por Gian Lorenzo Bernini.

A diferencia de la estatua de Santa Teresa, con la que es frecuentemente comparada, la de la Beata Ludovica no se halla representada en el momento del éxtasis, sino en el de su muerte. La expresión juvenil del rostro, que no es el de una mujer de sesenta años de edad, sugiere una representación completamente idealizada por parte de Bernini. Durante esta última restauración, también ha sido posible identificar la mano del escultor en uno de los diez putti de estuco que vuelan alrededor de la beata moribunda, el más cercano a ella desde la izquierda.

En alto hay un gran retablo enmarcado en mármol con un gran lienzo de la titular de la capilla, Santa Ana, que aparece junto con la Virgen María y el Niño Jesús (Santa Ana Tríplex). El lienzo, que no ha sido restaurado, fue pintado por Giovan Battista Gaulli, llamado Il Baciccio, siguiendo un diseño del propio Bernini.

 

 

Fotografías de Maurizio Necci

 

FUENTES

PINTON, Daniele. Bernini. I percorsi dell'arte, Roma, ATS Italia Editrice, 2009, p. 30.

 

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