EXPOSICIÓN DE UNA OBRA INÉDITA DE BRUEGHEL EN EL MUSEO DEL PRADO
Gabriele Finaldi y Pilar Silva Maroto (13/12/2012)
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La obra tras su restauración |
El Museo Nacional del Prado de Madrid muestra al público, por primera vez, El Vino de la Fiesta de San Martín, obra de Pieter Brueghel el Viejo, la figura más importante de la pintura flamenca del siglo XVI. La obra es una sarga o tüchlein pintada con temple de cola sobre una tela sin preparación, siguiendo una técnica habitual en Flandes en los siglos XV y XVI, aunque sobreviven relativamente pocos ejemplares. Realizada entre los años 1566 y 1567, mide 148 x 270,5 cm. Recientemente incorporada a sus colecciones y una vez concluida su restauración, la obra se exhibe temporalmente en la Sala D del Edificio Jerónimos. Además de destacar la excepcionalidad de la identificación y adquisición en nuestros días de una obra de Pieter Brueghel el Viejo (del que solo se conocen 41 pinturas) y de la importancia de la obra en sí, la presentación de la misma en este espacio, junto a su radiografía y un video explicativo de su restauración, permite al público conocer los momentos claves del complejo proceso y poner en valor el resultado final de la intervención. La identificación de El Vino de la Fiesta de San Martín como obra autógrafa de Pieter Brueghel el Viejo ha sido uno de los descubrimientos de mayor relevancia que se ha realizado en muchos años respecto a la obra de este gran pintor flamenco, cuya figura supera incluso a Quintin Massys y Joachim Patinir, artistas que, junto a Brueghel, conforman la triada de pintores flamencos más destacada de su centuria. Por sus dimensiones, es la obra más grande que se conserva del pintor, en la que Brueghel materializa una compleja composición evidenciando su dominio en la representación de un gran número figuras humanas entrelazadas en actitudes dinámicas diversas, que traduce con gran maestría directamente con el pincel sobre la sarga sin preparación. Al haberse perdido parcialmente la fecha hallada en la esquina inferior izquierda, no se puede fijar su cronología con precisión. Estilísticamente corresponde a sus últimos años, entre 1565 y 1568, cuando representa a los personajes a mayor escala y con mayor expresividad emocional. La identificación de esta obra como de mano de Pieter Brueghel el Viejo es uno de los descubrimientos de mayor relevancia en muchos años respecto a la obra del gran pintor flamenco. Es un cuadro singular, por su temática y la forma en que se resuelve la composición. Si a eso se suma el reducido número de obras que se conservan de Brueghel -sólo tres en manos privadas- y el que esta obra procede de una colección histórica -la Casa Ducal de Medinaceli- de conocida calidad e importancia, resulta evidente la extraordinaria y absolutamente excepcional importancia de su posible adquisición para el Museo del Prado. Con su incorporación a las colecciones del Museo Nacional del Prado, esta prestigiosa entidad suma una de las composiciones más geniales y complejas de Pieter Brueghel el Viejo a la única pintura del artista que hasta ahora atesoraba en sus colecciones y única también que se conserva en España, el óleo sobre tabla El Triunfo de la Muerte (hacia 1562), obra maestra del pintor procedente de la Colección Real. |
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Radiografía de la obra |
El soporte original de la pintura es lino con ligamento de tafetán, una tela sumamente fina y regular, de color claro, muy utilizada en esa época. Sobre la tela sólo se ha aplicado un apresto de cola de origen animal, forma de trabajar habitual en las sargas, que se solían colgar en la pared sin bastidor. La factura de la pintura es muy sencilla, con una o dos capas de pintura, dado que el temple de cola no permite empastar o el uso de veladuras y apenas presenta dibujo subyacente, debido a la forma en que se ejecutan estas sargas, directamente, a la prima. En esta sarga se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San Martín, coincidiendo con la matanza de otoño. La víspera se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. Precisamente la coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba con las celebraciones del santo una distribución de vino al pueblo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de San Martín a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta dedicada al santo tal como tenía lugar en Flandes y en los países germánicos en esa época, casi una bacanal, preludio del carnaval en los meses de invierno. Se pone de manifiesto en ella la tensión irónica entre la caridad de San Martín -vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta que lleva su nombre. Avanzado el otoño, con muchos árboles sin hojas, fuera de la puerta de la ciudad -que recuerda la Puerta de Hal de Bruselas- y próximo a las casas de la campiña, se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, que Brueghel pinta de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición: hombres -jóvenes y viejos- y también mujeres -algunas con niños-, campesinos, mendigos, y ladrones, todos tratando de obtener la mayor cantidad posible de vino. Mientras algunos que han conseguido llenar sus recipientes tienen ya sus pies en el suelo, otros, en su intento por lograrlo, se abrazan a las vigas, se tumban sobre el tonel o se inclinan con evidente riesgo de caer para recoger un chorro del vino que sale del tonel en toda clase de recipientes, sin excluir sombreros o zapatos. El efecto que logra Brueghel, que hace gala de su enorme maestría a la hora de componer y lograr encajar unas cien figuras, es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, una especie de Torre de Babel compuesta por bebedores. Intencionadamente, opone el círculo que conforma el grupo central en torno al tonel de vino con la disposición piramidal, mucho más estable, del grupo en el que se reproduce la caridad de San Martín, a la derecha. La composición se completa en el lado opuesto, a la izquierda de la sarga, con las figuras que se dejan llevar por los efectos del vino. El pintor plasma lo que les sucede a los que, al contrario que el santo, se han visto arrastrados por el pecado de la gula en lugar de por la virtud, como el personaje que está a punto de vomitar y el que yace en el suelo sin conocimiento sobre sus vómitos, los dos hombres peleándose o la mujer que ofrece vino a su bebé. |
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Zona de la obra antes y después de su restauración |
Precisamente por haber sido pintada con una técnica sumamente delicada y frágil, no debe sorprendernos que su estado de conservación no fuese perfecto; de hecho, es bastante parecido al de otras sargas del siglo XVI que han llegado a nuestros tiempos. La pobre adhesión de la película pictórica al soporte, típica de los tüchlein, ha dado lugar a pérdidas en toda la superficie (muy notables en la zona de San Martín y su caballo), y la vasta forración que sufrió en el siglo XX ha causado deformaciones en el soporte original que distorsionan algunas figuras. El adhesivo usado para la forración traspasó el soporte y la película pictórica, ambos muy porosos, y esto, junto con la aplicación de barniz de poliéster, alteró el aspecto mate y aterciopelado que debería tener una sarga, dejando la superficie oscurecida y con un brillo inapropiado. La radiografía realizada en el Museo del Prado permite conocer mejor de lo que se percibe en superficie la forma en que el autor realizó algunos toques de pincel, particularmente en los contornos y sobre todo en los plegados, con trazos seguros y rápidos, típicos de Pieter Brueghel el Viejo. También permite constatar el estado real de conservación de la pintura, evidenciando que las pérdidas son en muchos casos menores de lo que se aprecia en superficie; buena prueba de ello es el paisaje de la parte superior izquierda, que conserva la ciudad portuaria y los barcos no visibles a simple vista, así como gran parte de la puerta de la ciudad y el edificio a su izquierda. La obra ha sido sometida a una restauración en el Museo del Prado por Elisa Mora. La intervención empezó en febrero con una limpieza de superficie para después pasar a la retirada del barniz de poliéster. A medida que se ha ido eliminando la gruesa capa de barniz, la imagen ha ido recuperando la claridad de la composición, tanto en su conjunto como en los grupos de figuras, la profundidad en el paisaje y la calidad de la ejecución. Pese a los desgastes, se aprecian los toques de pincel característicos de Brueghel el Viejo, la manera en que, a base de ligeros trazos paralelos y paralelos cruzados, traduce la sombra en figuras como la madre con el hijo del extremo izquierdo de la obra, similares a las que se aprecian en las dos sargas de Capodimonte. También se han recuperado los colores, sobre todo los rojos, que constituyen elementos de gran importancia compositiva en la obra, los amarillos y los verdes, característicos de las obras de Pieter Brueghel el Viejo. Por si quedaba alguna duda sobre la autoría, a principios de septiembre se descubrió la firma del pintor, fragmentaria y desgastada, así como los restos de la fecha en números romanos, "MDL […]". Tanto las características de esa firma como el lugar que ocupa abajo a la izquierda -el más repetido del pintor- se pueden comparar con los Dos Monos de la Gemäldegalerie de Berlín (1562), el Cristo y la Adúltera del Courtauld Institute Galleries (1565), y La Conversión de San Pablo conservada en Viena (1567). |
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Zona de la obra antes y después de su restauración |
Nota de La Hornacina: Gabriele Finaldi y Pilar Silva Maroto son Director Adjunto de Conservación e Investigación
y
Jefa del Departamento
de
Pintura Española (1100-1500) y Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (1400-1600)
del Museo del Prado, respectivamente.
Exposición de la obra hasta el 25 de marzo de 2012 en el Museo Nacional del Prado de Madrid (Paseo del Prado, s/n) Horario hasta el 16 de enero: lunes, de 10:00 a 20:00 horas (último acceso a las 19:00 horas); de martes a domingo, de 09:00 a 20:00 horas (último acceso a las 19:00 horas). Horario a partir del 16 de enero y hasta la fecha de clausura: de lunes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas (último acceso a las 19:00 horas), domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas (último acceso a las 18:00 horas). |
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La obra antes de su restauración |
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