LA ISLA DEL TESORO

04/10/2012


 

 
 

Sir Thomas Wyatt

Hans Holbein el Joven
Hacia 1540-1542
Colección Particular

 

Un relato de la extraordinaria dimensión y la considerable vitalidad que conoció el arte británico entre los siglos XV y XX es lo que ofrece la exposición La Isla del Tesoro. Arte Británico de Holbein a Hockney, cuyo título hace eco de la novela homónima del escritor británico Robert Louis Stevenson, al reflejar cómo la isla tiene un tesoro -su arte, su pintura y escultura- que, como casi todos los tesoros, está aún medio oculto y por descubrir.

La perspectiva adoptada ha sido la de los lugares geográficos; la idea que subyace al proyecto ha sido preguntarse dónde estaba y dónde está, en lugar de perderse en disquisiciones poco brillantes sobre el qué era y qué es el arte británico en sus cinco siglos de historia, del XVI al XX. La crónica del arte específicamente británico lo presenta como sorprendentemente universal: un considerable número de artistas extranjeros hizo de Gran Bretaña su lugar de residencia y de trabajo.

La muestra reúne 180 piezas -pinturas, esculturas, obra sobre papel, libros, revistas y fotografías- realizadas por más de 100 artistas, y procedentes de diversas instituciones europeas, principalmente británicas. Todo un caudal de obras que abraza más de cinco siglos: desde los impresionantes ejemplos de escultura religiosa dañada por los iconoclastas puritanos durante la Reforma, hasta las piezas Pop de Blake o Hamilton, el conceptualismo de un Richard Long o la emblemática escultura de Toni Cragg, Britain Seen from the North, de 1981.

 

 
 

Nocturno: Azul y Plata - Luces de Cremorne

James Abbott McNeill Whistler
1872
Tate Gallery de Londres

 

El arte británico -aprendemos a lo largo del ensayo principal del catálogo, a cargo de Richard Humphreys, comisario invitado de la exposición- es el que encontramos en 1477 en Eton College, Berkshire; en el lejano Pomeiooc, en Norteamérica, en 1585; en la catedral de San Pablo en Londres hacia 1712; en Lucknow (India) en 1784; en los Talleres Omega de Roger Fry en 1913; en la Whitechapel Gallery de Londres en 1956 o en el estudio de Francis Bacon en South Kensington en los años 60.

Lejos de las excesivas rigideces de la pertenencia a escuelas nacionales, a un país, un estado, una nación o un imperio -y sin necesidad de aventurar rasgos de una más que dudosa psicología del arte y de las naciones, de una especie de "fisiognómica nacional"-, una de las primeras sorpresas que depara tal aproximación es comprobar una especie de localismo universal: como delatan sus nombres, un considerable número de artistas extranjeros hizo de Gran Bretaña su lugar de residencia y de trabajo (el artista británico Wyndham Lewis -a quien la Fundación March dedicó una exposición en 2010- había nacido en las costas de Nova Scotia en el yate de su padre, un norteamericano). La crónica del arte específicamente británico lo presenta, de entrada, como sorprendentemente universal, y, aun poseyendo innegables rasgos propios, las obras de sus protagonistas han nacido y han evolucionado al compás de los acontecimientos históricos y artísticos.

La muestra se ha perfilado a modo de companion, ese género de libros tan prácticos (y tan anglosajones) que introducen al conocimiento y al disfrute de un aspecto concreto del saber. Se trataba de ensayar una suerte de A March Companion to British Art, eligiendo y reuniendo una serie de obras que guiaran y acompañaran al público y al lector en su recorrido -un recorrido visual con abundantes referencias literarias- por cinco siglos de arte británico: desde la actividad iconoclasta de los pietistas en el siglo XIV y la pintura civil de Hans Holbein, hasta la obra de verdaderos iconos del arte inglés de los 60 a los 80, como Henry Moore, Francis Bacon, David Hockney, Peter Blake, Richard Hamilton o Richard Long.

 

 
 

Proserpina

Dante Gabriel Rossetti
1878
Colección Particular

 

Todo este caudal de tesoros, que traza un recorrido visual por más de cinco siglos de historia del arte británico, está organizado en siete secciones:

 

DESTRUCCIÓN Y REFORMA (1520-1620), con ejemplos de la escultura religiosa dañada por los iconoclastas puritanos durante la Reforma que ponen de manifiesto la profunda ruptura con el pasado medieval que tuvo lugar en Inglaterra a partir de la década de 1530; y con obras de los artistas más destacados de dicho periodo, como Hans Holbein, Robert Peake, Marcus Gheeraerts o William Larkin, junto con los grandes miniaturistas Nicholas Hilliard e Isaac Oliver, así como manuscritos medievales, El Libro de los Mártires de John Foxe, la Biblia del año 1611 del Rey Jacobo I de Inglaterra, estampas populares y libros de emblemas.

LA REVOLUCIÓN Y EL BARROCO (1620-1720) presenta la cultura cortesana de la monarquía de los Estuardo a través de una secuencia de retratos pintados por Anthony van Dyck, Peter Lely, William Dobson y Godfrey Kneller. La pintura de historia de James Thornhill y los paisajes de Jan Siberechts señalan una serie de acontecimientos que caracterizaron el arte británico después del año 1660, cuando empezaba a conformarse un mundo artístico manifiestamente "moderno". Se añaden a la sección los diseños de decorados y vestuarios para mascaradas de Inigo Jones, caricaturas políticas, obras maestras impresas, cartografía y estampas de Wenceslaus Hollar.

SOCIEDAD Y SÁTIRA (1720-1800) yuxtapone los retratos de sociedad de artistas como Joshua Reynolds, Thomas Gainsborough y Thomas Lawrence con la sátira social de James Gillray y Thomas Rowlandson. Empezando con William Hogarth y los artistas vinculados a los nuevos espacios expositivos de los Vauxhall Gardens y del Foundling Hospital de Londres de la década de 1740 -como Francis Hayman-, se pone de manifiesto el nuevo dinamismo del arte británico, que allanó el camino para una ampliación del mercado, incluyendo la visita de Canaletto y los grandes logros del "siglo de oro" de la dinastía Hannover y de la Regencia. Las obras de Louis-Francois Roubiliac y Joseph Nollekens son buen ejemplo de los retratos escultóricos rococó tan en boga en la época.

PAISAJES DE LA MENTE (1760-1850) se adentra en varios sentidos del paisaje: las pinturas de Wilson, Gainsborough, George Stubbs, John Constable y Turner evidencian el surgimiento de la pintura paisajística y su desarrollo hasta su cumbre a finales del siglo XVIII. Se complementan con las innovadoras acuarelas de Thomas Girtin, Samuel Palmer y otros. Por otra parte, las pinturas imaginativas e históricas de James Barry, Joseph Wright, Henry Fuseli, William Blake y John Martin revelan una tendencia nueva, y a menudo políticamente radical, hacia lo fantástico y lo quimérico. Por su parte, las esculturas de John Flaxman y Thomas Banks sugieren el poder subyacente de lo neoclásico a lo largo del periodo. Libros de William Gilpin y Alexander Cozens, estampas de Thomas Rowlandson para la serie satírica del Dr. Syntax, estampas de la Shakespeare Gallery de Boydell, La Anatomía del Caballo de George Stubbs o imágenes de la Gran Bretaña industrial y libros ilustrados por Blake completan esta sección.

REALISMO Y REACCIÓN (1850-1900) presenta obras de John Frederick Lewis y David Roberts, y también de prerrafaelitas como John Everett Millais y William Holman Hunt, que ponen de relieve la variedad y la fuerza del arte británico en los años 1840-1860. La reacción simbolista y estética frente a los valores científicos y materialistas de finales del XIX se plasma en la obra de Dante Gabriel Rossetti, Edward Coley Burne-Jones, Whistler y Frederic Leighton. Se muestran también esculturas de George Frederic Watts y Alfred Gilbert junto con ilustraciones de Aubrey Beardsley, además de fotografías victorianas de Roger Fenton o Cameron, publicaciones artísticas populares, obras de ficción ilustradas y el Chaucer publicado en la Kelmscott Press por William Morris.

MODERNIDAD Y TRADICIÓN (1900-1940) presenta cómo el final del XIX fue testigo de la llegada del impresionismo y el posimpresionismo a Gran Bretaña. La generación de artistas modernistas figurativos que saltaron a la palestra a principios del XX está representada por Walter Richard Sickert, Henry Lamb, Gwen John y Spencer Gore, y el arte más radical, que a menudo roza lo abstracto, de Wyndham Lewis, Duncan Grant y David Bomberg. El íntimo diálogo entre los estilos más tradicionales y el modernismo internacional, incluido el surrealismo posterior a 1920, está representado por Edward Wadsworth, Ben Nicholson, Paul Nash, Edward Burra y Meredith Frampton. Una misma historia cuentan, en forma de esculturas de madera y piedra, las piezas de Henri Gaudier-Brzeska y Henry Moore. Ejemplos del diseño de los Talleres Omega, ejemplares de las revistas Blast, The Tyro y Circle, las sátiras políticas de James Boswell, la fotografía de Paul Nash y otros documentos de exposiciones completan este apartado.

UN MUNDO FELIZ (1945-1980), título irónicamente huxleyano, describe la gran expansión del arte británico tras la Segunda Guerra Mundial. Las obras de Lucian Freud, R. B. Kitaj y Frank Auerbach representan a los famosos artistas de la llamada Escuela de Londres. Las obras escultóricas de Barbara Hepworth, Reg Butler, Eduardo Paolozzi y Anthony Caro revelan una nueva revitalización de la escultura británica, reconocida internacionalmente. Los paisajes surrealistas de Graham Sutherland, los industriales de L. S. Lowry y el pop de Peter Blake, Richard Hamilton y David Hockney, las abstracciones de Peter Lanyon, Bridget Riley y Howard Hodgkin, los dibujos satíricos de Gerald Scarfe, los ensamblajes de Tony Cragg y el conceptualismo de Keith Arnatt, Richard Long e Ian Hamilton Finlay dan el tono final a los últimos compases de la muestra, en abierto y enriquecedor contraste con el arte de los siglos precedentes.

 

 
 

Retrato de Nick Wilder

David Hockney
1966
Colección Particular

 

Del 5 de octubre de 2012 al 20 de enero de 2013 en la Fundación Juan March (Castelló, nº 77, Madrid)
Horario: lunes a sábado, de 11:00 a 20:00 horas; domingos y festivos, de 10:00 a 14:00 horas.

 

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