300 AÑOS DE LA PAZ DE UTRECHT

27/01/2014


 

 
 

Alegoría de las Paces de Utrecht y Rastatt

Atribuido a Paolo de Mattei
Hacia 1714-1718
Óleo sobre lienzo
89 x 116 cm
Centraal Museum de Utrecht

 

Hace 300 años, el fallecimiento del monarca Carlos II sin descendencia provocó un conflicto de dimensiones internacionales por el trono español. La Guerra de Sucesión Española (1701-1715) ha sido entendida y explicada en España a menudo como si se tratase de un conflicto civil e interno marcado por el disputado cambio dinástico entre los Austrias y los Borbones, la supresión de las constituciones y fueros tradicionales en la Corona de Aragón al crearse el nuevo Reino de España, la pérdida de Gibraltar y Menorca, el exilio forzoso de los partidarios del archiduque Carlos (Carlos III), etcétera. Sin embargo, este conflicto internacional tuvo amplia dimensión europea y estuvo sujeto a los vaivenes políticos y diplomáticos de los contendientes en un tablero con diversas soluciones en el reparto de territorios y con consecuencias globales (norte de África, América, etcétera). Por esa razón es considerada como un hito relevante en la historia y la cultura de Europa.

La firma de la Paz de Utrecht, y otra veintena de tratados, pusieron fin a una de las mayores conflagraciones europeas de la Edad moderna y acabó dividiendo la gigantesca herencia de Carlos II. Aquellos tratados fueron una aportación esencial en el proceso de cooperación y gestión diplomática de los conflictos entre las potencias europeas que perdura hasta nuestros días. Fruto de ello fue el establecimiento de una política de equilibrio (balance of power) y la aceptación de la diversidad confesional que había en el continente europeo.

La exposición En Nombre de la Paz. La Guerra de Sucesión Española y los Tratados de Madrid, Utrecht, Rastatt y Baden (1713-1715), comisariada por Bernardo J. García, ayuda a entender lo que pasó y a responder mejor a los desafíos de nuestro presente. Sin duda, la mejor lección de aquella cultura diplomática es que en una buena negociación todos deben ceder para obtener una solución más duradera y equilibrada.

La muestra, que cuenta con 74 obras pertenecientes a veinte instituciones de prestigio de Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Países Bajos, Suiza y España (entre ellas Patrimonio Nacional, Museo del Prado, Biblioteca Nacional, Archivo Histórico de Simancas, etcétera), presta especial atención al uso de la propaganda y la retórica de las imágenes durante el conflicto y las paces reuniendo tapices, retratos, pinturas y grabados alegóricos, imágenes propagandísticas, planos y lienzos de batallas, y medallas conmemorativas.

Esta exposición forma parte de un proyecto de cooperación cultural y científica financiado por el Programa Cultura 2007-2013 de la Comisión Europea. Tras la muestra celebrada en Utrecht por el Centraal Museum (abril-septiembre de 2013), se ha organizado la de Madrid y proseguirá con las del Wehrgeschichtliches Museum de Rastatt (marzo-junio de 2014) y el Historisches Museum de Baden (septiembre de 2014-marzo de 2015). Siguiendo un discurso común, cada una de estas sedes aborda con su propia selección de piezas y una estructura adaptada a sus salas, diversos contenidos relativos a los antecedentes, la evolución del conflicto y la negociación que le puso término en esta serie de más de veinte tratados internacionales. Se ha publicado un catálogo profusamente ilustrado y con artículos de expertos relevantes en esa dimensión internacional del conflicto.

 

 
 

Felipe V a Caballo

Lorenzo Vaccaro
1702
Bronce
97 x 34 x 54 cm
Museo Nacional del Prado de Madrid

 

El Tratado de los Pirineos (1659) redefinió la frontera con Francia y dio lugar a una nueva alianza dinástica con la boda de Luis XIV y la infanta María Teresa (1660), en un contexto sucesorio muy comprometido para los Austrias españoles. La Guerra de Devolución (1667-1668) fue promovida para reclamar una compensación por la dote de su esposa. La muerte del rey Felipe IV (1665) había dejado el poder en manos de un monarca niño, Carlos, y de su madre, Mariana de Austria, como regente, pero también a merced de su hermanastro Juan José de Austria. En el año 1668 se negoció en secreto un primer reparto de la herencia española entre Luis XIV y Leopoldo I, que se había casado con la infanta Margarita (1666).

Tras la Paz de Aquisgrán (1668) el Rey Sol acometió la invasión de Holanda (1672-1678). Para hacerle frente, Carlos II se sumó a la Cuádruple Alianza (el emperador, Brandemburgo y Holanda) en un viraje diplomático sin precedentes. Estaba en juego la supervivencia de los Países Bajos. La Paz de Nimega (1678) supuso la pérdida del Franco Condado. Se ponía en práctica la política de equilibrio favorecida por Guillermo III, que se convertiría en soberano de Gran Bretaña tras la Revolución Gloriosa (1688). La Guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) fue la última gran guerra con Luis XIV antes del conflicto sucesorio. En este contexto, se concertó el segundo matrimonio de Carlos con Mariana de Neoburgo (1690). La Paz de Rijswijk (1697) supondría la devolución de las ciudades ocupadas en Cataluña, Luxemburgo, Flandes y Namur, porque estaba en juego la sucesión a la herencia española. Francia, Gran Bretaña y la República holandesa negociaron en secreto dos nuevos tratados de reparto (La Haya, 1698 y Londres, 1700), considerando primero una sucesión en favor de José Fernando de Baviera (fallecido en 1699), y después una partición entre Francia y el archiduque Carlos.

La Guerra de Sucesión Española ha sido a menudo entendida y explicada en nuestro país como si se tratase sobre todo de un conflicto civil e interno marcado por el disputado cambio dinástico entre Austrias y Borbones, la supresión de las constituciones y fueros en la Corona de Aragón al instaurarse el nuevo Reino de España y los decretos de la Nueva Planta, la pérdida de Gibraltar y Menorca, el exilio forzoso de los partidarios del archiduque, etcétera. Ciertamente, fueron profundos los efectos que tuvo en la estructura constitucional de España, por el desarrollo de la alternativa austracista y por las severas consecuencias que ocasionó un conflicto de lealtades contrapuestas en los diversos territorios o en el servicio directo al soberano. Sin embargo, ésta fue una gran conflagración europea de consecuencias políticas y económicas globales. Estaba en juego un acceso privilegiado al vasto sistema colonial y mercantil hispánico.

En las primeras fases entre 1701 y 1708 la contienda se desarrolló en el norte de Italia, en los Países Bajos, en las costas españolas (Cádiz, Vigo, Gibraltar, Málaga), en la frontera de Portugal y en el área del Alto Rin y el Danubio. En esos años se suceden las derrotas de los ejércitos borbónicos: Blenheim (1704), Ramillies y Turín (1706), Nápoles (1707) y Oudenaarde (1708). Parecía afianzarse la pérdida de los dominios italianos y flamencos de la Monarquía Hispánica al tiempo que Felipe V consolidaba cada vez más sus posiciones en la Península Ibérica. La cruenta Batalla de Malplaquet (1709), de resultado bastante incierto, frenó el avance aliado.

Tras recuperar el control de la capital y obtener la victoria en Almansa (1707), las tropas borbónicas consiguieron rechazar con algunas dificultades iniciales la última ofensiva aliada al mando de Stanhope y Stahremberg en 1710 (Brihuega, Villaviciosa y Zaragoza). El frente peninsular se trasladó a Cataluña y allí el episodio más significativo fue el largo asedio de Barcelona (25 de julio de 1713 a 11 de septiembre de 1714). Para entonces la suerte del conflicto sucesorio ya había cambiado. Los tories en Gran Bretaña eran partidarios de acabar cuanto antes con la gravosa sangría de esta conflagración y consiguieron negociar con Luis XIV los Preliminares de Londres (1712), base de los tratados que empezaron a negociarse en Utrecht a partir de ese mismo año.

La doctrina del equilibrio continental y la política multilateral para resolver los conflictos europeos fueron aportaciones significativas de las negociaciones que dieron lugar a los tratados de paz y acuerdos comerciales firmados en Utrecht, Rastatt y Baden desde 1713 hasta la Paz de Viena de 1725. Estos principios del derecho público internacional se hallan en la base de la política exterior de la Unión Europea en la actualidad.

 

 
 

La Dársena, Nápoles

Caspar Adriaensz van Wittel (Vanvitelli)
Hacia 1700-1718
Óleo sobre lienzo
74 x 171,8 cm
Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid

 

En la exposición podemos ver un retrato alegórico de Carlos II niño con la rama española de la Casa de Austria (óleo sobre lienzo), perteneciente a la Fundación Lázaro Galdiano; un gran tapiz (503 x 700 cm) que representa una de las hazañas de Luis XIV, El Asedio de Douai (julio del año 1667), previas a la Guerra de Sucesión. (conservado en París, Mobilier National); varios grabados que muestran las atrocidades de la tiranía francesa, episodios de la guerra anglo-holandesa, y alegorías de las distintas paces, como Nimega o Rijswijk; un retrato al óleo de Luis XIV por Hyacinthe Rigaud (propiedad de Patrimonio Nacional) y otro de Carlos II vistiendo la armadura con el Toisón de Oro que perteneció a Felipe II, por Juan Carreño de Miranda, sin duda una de las imágenes más distinguidas del monarca (Museo Nacional del Prado).

También se exhiben una escultura ecuestre de Felipe V por Lorenzo Vaccaro, versión en pequeño formato de la que fue destruida en Nápoles por las tropas austriacas cuando se apoderaron de la ciudad en 1707 (Museo del Prado); un dibujo de Pallotta con la aclamación de este rey, con la fachada del Alcázar, una de las últimas vistas antes de su incendio en 1734 (Ayuntamiento de Madrid); óleos de algunas de las grandes batallas de la Guerra de Sucesión; el óleo titulado El Descanso, de Watteau, que retrata la retirada de las tropas francesas tras la batalla de Malplaquet (Museo Thyssen Bornemisza), célebre por la canción popular "Mambrú se fue a la guerra", ya que tras esta batalla se dio por muerto al Duque de Marlborough; grabados que retratan escenas de ambos bandos, y retratos alegóricos de Carlos III como general romano o como rey de España.

Son igualmente destacables un retrato al óleo de Felipe V, rey de España, por Miguel Jacinto Meléndez (Museo del Prado) y otro del emperador Carlos VI (Patrimonio Nacional); grabados retratando las últimas batallas del conflicto, a veces de forma alegórica, y planos con la disposición de los ejércitos; un óleo de Vanvitelli donde aparece la Dársena de Nápoles con sus fortalezas, navíos, galeras (Colección Carmen Thyssen-Bornemisza) y otro del Ayuntamiento de Utrecht por Adriaen Honich, óleo que colgaba en la cámara del consejo del Ayuntamiento durante las conferencias de paz entre 1712 y 1713 (Centraal Museum de Utrecht).

Por otro lado, la exposición En Nombre de la Paz. La Guerra de Sucesión Española y los Tratados de Madrid, Utrecht, Rastatt y Baden (1713-1715) ofrece a los visitantes una interesante animación interactiva, cedida por el Museo del Ejército de Toledo, con algunas de las batallas de la contienda.

 

Hasta el 23 de febrero de 2014 en la Fundación Carlos de Amberes (Claudio Coello, nº 99, Madrid)
Horario: martes a sábados, de 11:00 a 20:30 horas; domingos y festivos, de 11:00 a 15:00 horas.

 

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