IGNACIO ZULOAGA EN EL PARÍS DE LA BELLE ÉPOQUE

17/09/2017


 

 
 

Retrato de la condesa Mathieu de Noailles

Ignacio Zuloaga
1913
Museo de Bellas Artes de Bilbao

 

La exposición Ignacio Zuloaga en el París de la Belle Époque pretende ofrecer una imagen del pintor de Éibar poco habitual en España. Sin obviar la interpretación tradicional que le une al tópico de la "España negra", el recorrido expositivo excede esta concepción y muestra cómo la pintura de Zuloaga (Éibar, Gipuzkoa, 1870 - Madrid, 1945) combina un profundo sentido de la tradición con una visión plenamente moderna, muy ligada al París de la Belle Époque y al contexto simbolista en el que el pintor se mueve por aquellos años.

Para poder contar esta visión de Zuloaga es necesario situar su obra junto a la producción de otros artistas contemporáneos como Paul Gauguin, Paul Sérusier, Pablo Picasso, Francisco Durrio, Santiago Rusiñol, Maurice Denis, Émile Bernard, Giovanni Boldini, Jacques Émile Blanche o el escultor Auguste Rodin, entre otros.

La exposición, con más de 90 obras, ha contado con más de 40 prestadores, entre colecciones privadas nacionales e internacionales además de la propia familia Zuloaga, e instituciones como la Galleria Internazionale d'Arte Moderna di Ca' Pesaro en Venecia, Museum of Fine Arts de Boston, Musée d'Orsay de París, Musée National Picasso de París, Musée Rodin de París, Museo de Bellas Artes de Bilbao, National Gallery de Washington, el Museo Hermitage de San Petersburgo o el Museo Pushkin de Moscú.

Esta muestra es una producción de Fundación MAPFRE, comisariada por Leyre Bozal Chamorro, conservadora de colecciones de la Fundación, y Pablo Jiménez Burillo, director del área de cultura de la misma.

 

 
 

Retrato de Maurice Barres con Toledo al fondo

Ignacio Zuloaga
1913
Musée Lorrain de Nancy

 

En 1889, con tan solo diecinueve años de edad, el pintor guipuzcoano Ignacio Zuloaga llega a París, por entonces capital mundial del arte moderno. En pintor encuentra una gran ciudad en plena ebullición cultural, en la que se dan cita las más innovadoras tendencias y en la que pintores, escultores, y escritores experimentan con los nuevos lenguajes artísticos que conducirían hacia la modernidad.

Zuloaga participa activamente de este París de fin de siglo. Al poco de llegar a la ciudad, entra en contacto con Paul Gauguin, Henri de Toulouse-Lautrec, Edgar Degas o Jacques-Émile Blanche y presenta sus obras en los principales salones y galerías parisinos. Asimismo, sus creaciones reflejaron la influencia de algunos de los movimientos artísticos en boga, como el simbolismo.

La experiencia parisina de Zuloaga es fundamental para entender su obra, pues su pintura, a medio camino entre la cultura francesa y la española, excede con mucho los límites que la historiografía tradicional del arte ha establecido, asociando Zuloaga a la generación del 98 y por lo tanto a la conocida como "España negra", una España de la tragedia, de lo hondo e incomprensible. No obstante, críticos como Charles Morice o Arsène Alexandre, poetas como Rainer Maria Rilke, y artistas como Émile Bernard o Auguste Rodin consideraron la obra del artista vasco como un referente para el arte moderno.

Fue en este París brillante y dinámico, centro del gusto artístico y literario, en el que Zuloaga brilló con luz propia, en un camino paralelo y comparable al de muchos de los mejores artistas del momento. Estos años tendrán su punto y final en 1914, no tanto por la trayectoria del propio Zuloaga, que una vez encontrada su propia voz y su lugar en el escenario internacional, seguirá trabajando dentro de unos mismos planteamientos, sino porque el París y la Europa, de antes y de después de la Gran Guerra serán completamente distintos.

 

 
 

Preparándose para la corrida

Ignacio Zuloaga
1903
Hermitage de San Petersburgo

 

En París, Zuloaga se forma en los talleres de dos de los artistas más importantes de la ciudad, Henri Gervex y Eugène Carrière. En ellos se inicia en la pintura del plein air, heredera del impresionismo, y conoce a artistas como Maxime Dethomas, Jacques-Émile Blanche o Toulouse-Lautrec.

A partir de 1890, presenta sus obras en la galería Le Barc de Boutteville junto a artistas como Édouard Vuillard, Maurice Denis, Émile Bernard, Pierre Bonnard, Charles Cottet y Paul Sérusier, entre otros protagonistas del movimiento simbolista. A través de Francisco Durrio entra en contacto con Gauguin, considerado como el padre de la tendencia, y asiste asiduamente a las reuniones que éste celebra en su casa. Además, entabla amistad con Charles Morice, uno de los mayores defensores del simbolismo. Influenciado por este movimiento, Zuloaga comienza a experimentar con la simplificación de las formas, aunque mantiene una paleta más sombría. Zuloaga se mueve en los círculos idóneos para su desarrollo intelectual y creativo.

A Zuloaga le une una profunda amistad con el pintor Émile Bernard y el escultor Auguste Rodin. Con Bernard, a quien conoce en Sevilla en 1897, le une una misma inquietud: la admiración por la tradición pictórica y por los maestros del pasado. La relación con Rodin nace a raíz de la profunda admiración que el pintor vasco demuestra por la obra del escultor. Ambos artistas intercambian obras, exponen de forma conjuntas en distintas ciudades europeas y viajan juntos por España en 1905. Zuloaga se va relacionando con la élite social e intelectual de la capital francesa y acaba teniendo un papel destacado como retratista de los protagonistas del París de la Belle Époque. Así junto a destacados pintores como Jacques-Émile Blanche, Antonio de La Gándara, Giovanni Boldini o John Singer Sargent, el pintor vasco es uno de los más solicitados retratistas del momento como demuestran los retratos de la condesa Mathieu de Noailles o de Maurice Barrès.

Es necesario entender la importancia que la experiencia parisina tiene en Zuloaga pues a través de ella el pintor encuentra sus propias raíces. El afán por hallar la autenticidad hace que muchos artistas, como Gauguin y Bernard, escapen de París en busca de un mundo puro, no contaminado por la civilización industrial. Zuloaga, sin embargo, realiza un viaje a la inversa, y sale de España y vive en París para reencontrar sus raíces españolas, ofreciéndonos una visión de nuestro país en la que se funden realismo y simbolismo, tradición y modernidad.

 

 
 

Víspera de la corrida

Ignacio Zuloaga
1898
Musées Royaux des Beaux-Arts de Bélgica

 

Del 28 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018 en la Sala Recoletos de la Fundación MAPFRE (Paseo de Recoletos 23, Madrid) Horarios: lunes, de 14:00 a 20:00 horas; martes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas; domingos y festivos, de 11:00 a 19:00 horas. El día 14 de diciembre la sala cerrará a las 19:00 horas.

 

 
 

La Celestina

Pablo Picasso
1904
Musée National Picasso de París

 

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