RESTAURACIÓN DEL TEMPLO MADRILEÑO DE SANTA MARÍA LA BLANCA

20/02/2020


 

 

El templo de Santa María la Blanca de Canillejas (Madrid) está en el centro urbano de un barrio desarrollado en la década de 1960 y constituye un sencillo ejemplo de arquitectura religiosa rural de los siglos XV y XVI. Tiene el enorme interés de conservar dos techumbres de madera con decoración de lazo de tradición mudéjar, fechables a mediados del siglo XVI, que sobresalen tanto por su buena técnica como por su valor artístico.

En origen, la actual iglesia parroquial estaba próxima al Camino Real de Aragón. Su cabecera data del año 1449, ampliándose en el siglo XVI con la construcción de la nave, que cuenta con una armadura de madera con tirantes enmascarada por una bóveda encamonada. En Madrid, el conjunto es único en su estilo junto con la iglesia de San Nicolás de los Servitas.

En 2018, la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid realizó unos estudios previos para constatar el estado en el que se encontraba la armadura del presbiterio, desmontando el cañizo enyesado que la recubría. La armadura había sido descubierta, diez años antes, por el arquitecto Enrique Nuere Matauco en unas catas promovidas por la parroquia. Paralelamente, la iglesia ha sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad de Madrid (ver enlace), en la categoría de Monumento (Decreto publicado en el BOCM de 18 de noviembre de 2019), por reunir valores arquitectónicos de gran importancia y nivel técnico, así como por su valor artístico e interés cultural e histórico relevantes.

La restauración de la armadura de madera la ha devuelto a su estado original, sin las pinturas que habían alterado su imagen, y se ha realizado una nueva cubierta que la proteja de las humedades. El esgrafiado perimetral, con los escudos franciscanos y dibujos a candelieri, se ha restaurado y consolidado. En los paramentos se han recuperado la ventana original, colocándose una nueva vidriera con la flor de lis, símbolo de la advocación de la Virgen Blanca, y una pequeña hornacina. Con la nueva iluminación y reordenación del espacio litúrgico se recupera la apariencia que tuvo en su origen y que ha sido posible definir gracias al seguimiento arqueológico de los trabajos.

 

 

Ayer fueron presentados los trabajos de restauración y recuperación de la carpintería de la Iglesia de Santa María la Blanca. De este modo, el Gobierno regional apuesta por recuperar y divulgar el importante patrimonio cultural de la región. La consejera de Cultura y Turismo, Marta Rivera de la Cruz, ha explicado que la Comunidad de Madrid ha invertido más de 375.000 euros en la puesta en valor y recuperación de esta joya mudéjar del siglo XVI. Con la finalización de estos trabajos se devuelve el esplendor a este templo para que todos puedan disfrutar de esta gran joya de nuestra arquitectura.

La Iglesia de Santa María la Blanca de Canillejas se construyó en el Camino de Madrid a Alcalá de Henares, por lo que fue un lugar de paso entre estas ciudades en un momento histórico y cultural de gran importancia. Como hemos apuntado, en su origen esta Iglesia debió ceñirse a lo que es actualmente el presbiterio (finales del siglo XV) para, posteriormente, ampliarse en lo que es la nave (finales del XVI). Asimismo, fue un lugar de descanso para viajeros y, según los estudiosos, Santa Teresa de Jesús pasó por este lugar en varios momentos en sus viajes hacia Alcalá y Pastrana. Actualmente, se encuentra enclavada en un entorno urbano que tuvo su mayor desarrollo en los años 60, formando parte del municipio original de Canillejas.

Todo el conjunto es único en su estilo, ya que en Madrid se han perdido las estructuras similares de las edificaciones contemporáneas a la iglesia de Santa María La Blanca, quedando algunos detalles pero no espacios. El resalte de la armadura mediante el remate de los dibujos italianizantes del esgrafíado,  denotan la modernidad y la influencia europea de los artesanos y el mimo con el que trabajaron en su construcción y su posible relación con la Universidad de Alcalá y su fundador, el Cardenal Cisneros. La presencia del escudo franciscano en los tres lados de la cenefa hace pensar en su posible relación.

 

 

Los trabajos de restauración han sido realizados por la empresa Acerouno Restauración Inteligente S.L. y  dirigidos por el arquitecto Ignacio de la Vega y el arquitecto técnico Javier Grande. La cubierta se ha ejecutado nuevamente, ya que la restauración se ha realizado desde ambos lados a la vez, solucionando los problemas de goteras que existían entre los dos espacios arquitectónicos.

La armadura de madera, sin policromar, es de una excepcional riqueza en el tallado de los pares y en la decoración con estrellas de ocho puntas que se entrelazan en el almizate. Ha sido necesario desmontar una parte importante de sus piezas por la afección de las humedades de la cubierta, sustituyendo algunos elementos de gran tamaño para el apoyo de los pares, utilizando prótesis para mantener los pares originales, recalzando piezas y ajustando los ensambles de cada uno de los pares y colocando las piezas talladas faltantes en los dibujos. En el alicer, que bordea inferiormente la armadura, ha sido necesario decapar las capas de pintura con bisturí para llegar a su estado original. Se ha realizado un tratamiento antixilófagos y, finalmente, se ha entonado la madera para dar uniformidad al conjunto.

Destacable es también el friso con decoración de esgrafiado a la cal que recorre todo el perímetro de la cabecera bajo el arrocabe, donde se ponen de manifiesto las novedades renacentistas tanto en la técnica como en los elementos decorativos, modalidad ornamental que cuenta con escasos ejemplos en la Comunidad de Madrid. La recuperación de las zonas de la cenefa perimetral existente y oculta bajo el yeso ha sido laboriosa debido a que ha sido necesaria su consolidación, relleno de los espacios perdidos, y limpieza de los dibujos resaltados.

 

 

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