DEGAS. EL PROCESO DE LA CREACIÓN
12/10/2008
Por primera vez en España, podremos ver una completa exposición monográfica
sobre Degas, uno de los paradigmas del artista moderno.
La muestra, realizada con la colaboración excepcional del Musée d´Orsay de París y del Museo de Arte de São Paulo (MASP), presenta la colección completa de las 73 esculturas de Degas, procedentes del MASP (una de las tres instituciones en el mundo que conserva una colección completa). Junto a ellos se exponen 6 óleos, 13 pasteles, 14 dibujos, 13 grabados y 3 fotografías pertenecientes a las colecciones del Musée d´Orsay, del Musée du Louvre, de la Bibliothèque Nationale de France, de la Philips Collection de Washington y de la Kunsthalle de Hamburgo, entre otras.
Por primera vez, desde hace más de treinta años, los más valiosos pasteles de Degas -como Fin d´arabesque o Le tub-, pertenecientes a la colección del Musée d´Orsay, han salido del Museo para presentarse en Madrid. Estas obras, junto con las esculturas y una serie de óleos y de exquisitos dibujos conservados en el Gabinete de Artes Gráficas del Musée du Louvre, articulan el discurso de la exposición, centrado en los procesos creativos de Edgar Degas. El pintor parisino quería hacer un arte más verdadero, un arte que fuera capaz de transmitir en imágenes la realidad dinámica y en constante transformación que le había tocado vivir. Degas destaca por ser uno de los grandes artistas de la modernidad, pero de una modernidad construida con los valores compositivos clásicos, como el dibujo, la línea y la perspectiva.
Del proceso de dibujar insistentemente el cuerpo humano, inquiriendo en su forma y su expresión, parece haber nacido en Degas la necesidad de hacer escultura. Dibujar era, para el artista, un modo de pensar; modelar, otro. Degas modelaba insistentemente en cera pequeñas figurillas que, siempre frágiles, podía retocar. Cada escultura encierra una delicada poesía que se plasma en cada una de ellas, en cada pequeño instante que se plasma en las sutiles variaciones de cada pose. Para Degas, la escultura no fue más que el medio para poder mirar mejor la realidad y avanzar en la creación de sus cuadros y pasteles. La escultura permite apropiarse de los personajes, situarlos abajo o arriba, y mirarlos desde lugares imposibles en la realidad. Sus piezas escultóricas son elementos de estudio, pero también obras en sí mismas que completan nuestra mirada sobre su trabajo.
Según
Degas,
“Un cuadro es una obra artificial, fuera de la naturaleza, y exige tanta astucia como la perpetración
de un crimen”. Esta sentencia muestra lo complejo del proceso de su pintura.
Es conocida la dificultad de este artista para dar por terminada una obra, y el hecho de que
retomara cuadros propios para replantearse algo más. Su clara modernidad recuerda al
flâneur baudeleriano, al paseante de las grandes ciudades que encuentra a su derecha e izquierda escenas insólitas e
inesperadas. La mirada se convierte en un asunto central de su obra. El punto de vista muestra siempre una nueva
manera de mirar y entender la realidad, en la que el pintor retrata lo que normalmente no se ve, lo que se pierde en la
sucesión de movimientos, en la cadena del tiempo.
Los procedimientos compositivos de Degas transmiten una fuerte sensación de espontaneidad. Sus bailarinas o sus caballos se mueven, y esa impresión no da la sensación de proceder de una elaboración previa. Buena parte de su genialidad consiste en mostrar en un solo gesto, en un solo instante, lo que acaba de ocurrir, lo que está ocurriendo y lo que ocurrirá justo después. Junto con algunos retratos, paisajes y obras históricas, los principales motivos en los que se basaron sus investigaciones fueron bailarinas, mujeres en aseo y caballos de carreras.
A partir de 1870, los ensayos de ballet protagonizan muchas obras de Degas. El artista representa el ballet de forma descriptiva, a pesar de que, en realidad, Degas sólo asistió a estos ensayos a partir de los años 80 y, hasta entonces, eran las bailarinas profesionales las que acudían a posar en su estudio.
Degas estructuraba las composiciones a partir de su fondo de dibujos de bailarinas en diferentes actitudes; dibujaba insistentemente el instante en que sus bailarinas alcanzan la belleza absoluta de su pose. Observaba a las bailarinas desde arriba o desde abajo, buscando puntos de vista insólitos e insospechados, tal como ocurre en Fin d´arabesque.
Frente a la supuesta artificiosidad de las bailarinas, Edgar Degas despoja a la mujer en su aseo de todo artificio. Al margen de la clase social de la retratada, en las toilettes de Degas, la mujer queda reducida al estado de “hembra” que se asea. Joris-Karl Huysmans observaba en los desnudos de Degas una “atenta crueldad”, un “odio paciente”; consideraba que el artista envilecía a la mujer al representarla como algo natural, en las “humillantes poses” que debía adoptar para sus cuidados íntimos.
Las investigaciones de Degas en torno al movimiento se desarrollaron principalmente a través de las representaciones de caballos. Para él fueron muy importantes las investigaciones del fotógrafo americano Edward Muybridge que, gracias a la fotografía simultánea, analizaba el movimiento de los caballos sirviéndose de una secuencia de imágenes fijas. Para Degas, el pura sangre era el único ser puro de la realidad moderna.
Caballos, bailarinas y toilettes constituyen los motivos en los que Degas plasmó sus investigaciones; sobre estos temas construye su universo personal, llevando la pintura a uno de sus momentos más admirables.
Desde el 14 de octubre de 2008
hasta el 6 de enero de 2009 en las nuevas
Salas de Exposiciones del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre
(Paseo de Recoletos, 23). Horarios: Lunes, de 14:00 a 20:00 horas; Martes
a Sábados, de 10:00 a 20:00; Domingos y Festivos, de 12:00 a 20:00 horas.
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