EL BARROCO SEVILLANO EN EL MUSEO LÁZARO GALDIANO DE MADRID

13/01/2023


 

 
 
Foto: David Infante

 

El último número (381) de la revista Goya, editada por la Fundación Lázaro Galdiano, dedica un interesante artículo a la artista sevillana Luisa Valdés, hija primogénita del pintor Juan de Valdés Leal, que lleva por título Nueva luz sobre las mujeres artistas: Luisa Valdés pintora en la Sevilla barroca. El artículo ha sido escrito por el reconocido historiador Benito Navarrete Prieto (Universidad de Alcalá de Henares).

Según Navarrete, Luisa de Valdés es una pintora bastante desconocida en la Sevilla del barroco, siempre eclipsada por el obrador paterno. Nacida en Córdoba, en 1654, como Luisa Rafaela de Valdés Morales, se cree que falleció en Sevilla, hacia 1686, año en que se dejaron de tener noticias sobre su persona.

Navarrete presenta una revisión de su obra como policromadora de esculturas -caso del "San Fernando" de Pedro Roldán para la Catedral de Sevilla (detalle en la imagen superior), cuya policromía y dorado les fueron traspasados por su padre- e ilustradora en clave de género -como sus grabados para el libro de Fernando de la Torre Farfán sobre las celebraciones y construcciones efímeras que se realizaron en Sevilla por la canonización de San Fernando, en cuya decoración también participaron otros artistas como Murillo-, a la luz de los escasos testimonios con los que contamos. Se da a conocer aquí la ejecutoria de nobleza de Fernando de Villegas, marqués de Paradas, pintada por Luisa junto a su hermano Lucas de Valdés.

En el artículo se estudia el referido documento, pintado en el contexto de la compra de títulos en el reinado de Carlos II debido a las ansías de ennoblecimiento de los comerciantes sevillanos que se habían enriquecido gracias a los puestos que ocuparon en la administración.

Para Lidia Beltrán Martínez (Universidad Pablo de Olavide), de todos sus hermanos que colaboraron en el taller paterno, Luisa fue la que pudo aprender más junto a su padre por su edad. Además de dedicarse a las labores de dorado, estofado, policromía y grabado, fue miniaturista y se dedicó a la pintura de retratos.

La madre de Luisa, la cordobesa Isabel Martínez de Morales, también practicaba el arte de la pintura, según Ceán Bermúdez, pero solamente por afición. Igualmente recoge Ceán que una de las hermanas menores de Luisa, María de la Concepción, también practicó el arte de la pintura; asimismo, consta que ingresó en 1682 en el real monasterio sevillano de San Clemente y se dedicó a la pintura de miniaturas.

Luisa se casó en 1672 con el escultor sevillano Felipe Martínez, hijo del también escultor Alonso (o Alfonso) Martínez, aunque tres años más tarde de la celebración del matrimonio Luisa pide la nulidad del mismo. No sabemos cómo pudo afectar esta ruptura al funcionamiento del taller familiar. En opinión de Beltrán Martínez lo más probable es que Luisa abandonara el taller de su marido para volver a colaborar con el taller paterno.

 

 
 
Foto: Museo Lázaro Galdiano

 

Por otro lado, desde finales del pasado mes de noviembre, una escultura barroca sevillana del Museo Lázaro Galdiano vuelve ahora a exhibirse en la exposición permanente de la institución -concretamente en la vitrina de escultura de la sala 21 (tercera planta)- para conocimiento y disfrute de todos los visitantes.

Antes del año 1920 el coleccionista José Lázaro adquirió, seguramente en el mercado de arte español, un busto corto que por entonces se consideró de San Juan Evangelista y se atribuyó a Juan Martínez Montañés. El busto se expuso en el Museo Lázaro Galdiano desde su inauguración en 1951 con esta misma filiación y título, hasta que a finales de 2006 fue retirado de la sala 10 y llevado al almacén.

Poco después de su traslado al almacén del museo madrileño, los historiadores José Carlos Pérez Morales y Álvaro Dávila-Armero del Arenal, expertos en la obra del escultor cordobés Juan de Mesa, publicaron en la revista Temas de estética y arte un artículo atribuyendo el busto a Mesa, el mejor y más reconocido discípulo de Montañés. También identificaron al personaje como Santa María Magdalena, posibilidad ya recogida en el catálogo online del Museo Lázaro Galdiano. Este cambio iconográfico se razonaba de forma convincente analizando la anatomía de la figura -laringe lisa, sin nuez- además de su indumentaria y cabellera.

Pérez Morales y Dávila-Armero del Arenal plantearon también la posibilidad de que la escultura fuera la imagen de Santa María Magdalena que formaba pareja con el "Cristo de la Buena Muerte" -un crucificado tallado también por Mesa, actual titular de la Hermandad de los Estudiantes (Sevilla)- según el contrato firmado en 1620 entre el escultor y el por entonces superior de la Compañía de Jesús, Pedro de Urteaga.

 

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