MIRAR Y SER VISTO

13/10/2009


 

 

La Fundación Mapfre presenta con la exposición Mirar y Ser Visto un maravilloso conjunto de treinta y tres obras maestras de la historia del retrato europeo, desde su esplendor en el XVI hasta el pasado siglo XX. De la mano de sus grandes representantes (Tiziano Vecellio, Anthony Van Dyck, Francisco de Goya, Gustave Courbet, etcétera) tenemos la ocasión de recorrer estos cinco siglos y percibir la evolución vivida en la concepción del retrato.

El retrato es uno de los géneros más poderosos de las artes visuales, que cuenta con un desarrollo propio y ha ejercido una influencia constante en la historia del arte. La representación de la individualidad de una persona y su perdurabilidad en el tiempo ha sido siempre una cuestión de vital importancia para el ser humano. No obstante, no siempre se ha entendido de la misma manera.

Los primeros retratos considerados autónomos surgen en el siglo XIII y ganan gran impulso a inicios del siglo XV. En ellos, la imagen construida por el artista debe ser impresionante, se muestra al retratado como alguien especial. En cierto sentido son atemporales, aunque gracias a sus cuidadas ropas y múltiples abalorios podemos situarlos en un lugar y una época determinados. La mayoría de los retratados se hallan sobre un fondo neutro y se muestran en poses hieráticas, afirmativas, aparezcan de cuerpo entero o de medio cuerpo. Son retratos de las personas; no obstante, también son símbolos de algo más, del poder y oposición que ocuparon.

 

 

La realización de retratos de pareja conyugales era una práctica habitual en las familias eminentes del norte de Europa. Frecuentemente, eran utilizados como regalo de boda. Pintores como Frans Hals recibían el encargo y debían imprimir energía a las fisonomías y espontaneidad a los gestos, evocando un instante del personaje captado del natural. Por su parte, Jean-Honoré Fragonard desarrolló su vena galante hasta imponerse en la escena artística como uno de los máximos representantes del estilo rococó. Poco a poco, su manera se va instalando entre lo acabado y lo inacabado, situándose en la frontera del arte moderno. Mención especial merece Francisco de Goya, maestro del retrato psicológico con el que ejerce su libertad creativa y alcanza cotas máximas de expresividad.

Respecto a los retratos modernos, estos reflejan la individualidad de la persona, más que lo que representan, las muestran a ellas mismas y no el poder que tengan o al grupo social al que pertenezcan, buscando el orden interior del ser humano. Para los artistas modernos la esencia prevalece sobre la apariencia. No obstante, predomina una sensación de extrañeza, tampoco aquí las personas se revelan ni se exponen claramente. El rostro está velado por una máscara, impuesta por el artista, tras la que se oculta el retratado. El parecido fisiognómico ya no es un aspecto deseado y buscado. La modernidad rompe con el principio de congelación de la vida psíquica y corporal e introduce el movimiento. El arte se deconstruye, los rostros también.

 

 

Con las obras de artistas como Édouard Manet, comenzamos a ver retratos en escenarios naturales. Los rostros de Paul Cézanne, optan por los volúmenes marcados y delineados por formas geométricas, y se acercan mucho a los pintados por Giotto, rostros simplificados y estáticos. Henri de Toulouse-Lautrec busca la verdad psicológica en la figura humana, basando su representación en la realidad social y en el espacio que la circunda, con el objeto de resaltar esa realidad social e individual del sujeto. Con el Pablo Picasso del inicio del periodo cubista, el rostro, como hemos dicho, se deconstruye al estilo de las máscaras africanas. Por último, Amedeo Modigliani propone en sus retratos esbeltas figuras de cuellos largos que tienen, a veces, un aire melancólico, con ojos normalmente opacos y vacíos, como la estatuaria griega. Esta mirada vacía acentúa la tristeza de los retratados.

La Fundación Mapfre expone por primera vez en España estas joyas de la historia del arte procedentes del Museo del Arte de São Paulo; de hecho, el presidente de la entidad brasileña, João Vicente de Azevedo, y su conservador en jefe y comisario de la muestra, Teixeira Coehlo, son quienes han hecho posible la realización de este proyecto.

 

Hasta el 20 de Diciembre de 2009 en la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre
(Paseo de Recoletos, nº 23) Horarios: lunes, de 14:00 a 20:00 horas;
de martes a sábados, de 10:00 a 20:00 horas; domingos y festivos, de 12:00 a 20:00 horas.

 

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