LO EXQUISITO. ARTES SUNTUARIAS
DEL SIGLO XVIII DEL MUSEO DE HISTORIA
13/12/2009
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Un museo cerrado temporalmente por obras (en este caso, el Museo de Historia) no equivale necesariamente a un museo opaco. Más bien al contrario, sus colecciones deben buscar un resquicio para seguir dialogando con el mundo, una ventana para que sus piezas puedan asomarse a él y respirar, y él, a su vez, pueda dirigirse temporalmente a ellas, interrogarlas aunque no sea más que por un instante.
Más allá de lo que tiene de experimentación discursiva y museográfca para el diseño de la exposición permanente, tal es el sentido de esta muestra, limitada en el tiempo, y limitada también en su alcance temático. Limitada, sí, pero de ningún modo irrelevante para la historia de Madrid. Pues se plantea indagar algo más en la muy específca problemática madrileña de las llamadas reales fábricas del tramo fnal del siglo XVIII y de los inicios del siguiente. Lo hace, además, a través de la consideración de las producciones de tan sólo algunas de ellas, de aquellas que, orientadas hacia un consumo suntuario, principalmente cortesano y aristocrático, obedecían a una muy defnida estrategia ilustrada de sustitución de importaciones y de implementación nacional de innovaciones tecnológicas.
Así, son distinguidos objetos de lujo fabricados en porcelana, cristal o plata, o piezas complejas como relojes, tapices o muebles los que confguran el eje central de la exposición, que permite mejor entender, a través de su gran variedad tipológica e iconográfca, una muy precisa pulsación en la historia social del gusto. Con todo, un pequeño espacio aparece dedicado a la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes. A pesar de su limitación expositiva, su importancia estratégica no es menor, por cuanto apunta hacia la ulterior conversión del gran establecimiento de Embajadores en fábrica de cigarros, con lo que ello hubo de significar en el tránsito hacia modalidades de demanda sustancialmente más amplias y diversificadas, así como a las muy importantes transformaciones del espacio urbano y del tejido social que la industria decimonónica habrá de traer consigo para Madrid.
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No resulta fácil destacar unas piezas respecto de otras. No obstante, algunas brillan por sí mismas, y el brillo ilustrado, como el lujo, es concepto argumentalmente importante en esta muestra. Así, la magnífca sopera de porcelana tierna de la primera época de la Real Fábrica del Buen Retiro; los biscuits escultóricos fabricados ya en autentica porcelana de pasta dura producidos por la misma fábrica bajo la dirección de Bartolomé Sureda, ya en los primeros años del Ochocientos; las piezas de cristal francesas y alemanas de los orígenes de la Real Fábrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso; la escribanía de la Real Fábrica de Platería de Martínez; cualquiera de los relojes expuestos, raros testigos de la escasísima producción que se conoce; las muy originales tabaqueras constitucionalistas o la baraja de la Real Fábrica de Naipes; o los dos ornatos de engalanamiento de la ciudad con ocasión del recibimiento de Carlos III y de María Amalia de Sajonia a su llegada de Nápoles.
En su mudez, todas ellas, así como la totalidad de las casi 170 piezas expuestas, nos recuerdan con paradójica elocuencia que Las Luces fueron también asunto de destellos, refejos y fulgores.
Hasta el 31 de Enero de 2010 en la Sala Pedro de Ribera del Centro Conde Duque
(Calle Conde Duque, 9 y 11, Madrid) Horarios: de martes a sábado,
de 10:00 a 21:00 horas; domingos y festivos, de 10:30 a 14:30 horas; lunes, cerrado.
www.lahornacina.com