EL ARTE DEL PODER
13/03/2010
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Armadura "La Labor de las Flores" (Desiderius Helmschmid, hacia 1550) y Don Juan Francisco de Pimentel, X Conde de Benavente (Diego Velázquez, 1648) |
El Arte del Poder es una excepcional ocasión para poder contemplar juntas por primera vez una parte muy representativa de las obras del Museo del Prado y de la colección de armaduras de Patrimonio Nacional. Se trata de un proyecto expositivo inédito en el que se establece una comparación directa entre los retratos de corte pintados por los grandes maestros, como Tiziano y Rubens, y las piezas de armadura que vestían los monarcas para simbolizar su imagen de poder en el momento de máximo esplendor de la Corona española.
35 pinturas se enfrentan a 31 piezas y conjuntos de la Real Armería de Madrid -considerada, junto con la Armería Imperial de Viena, la mejor colección del mundo-, para narrar la evolución y el impacto que tuvo el retrato de corte entre los siglos XVI y XVIII. Cabe destacar la exhibición conjunta de Carlos V a Caballo en Muhlberg, de Tiziano, junto a la impresionante armadura ecuestre del emperador, auténtica obra maestra realizada por Desiderius Helmschmid, uno de los armeros más importantes del siglo XVI.
La exposición de pinturas junto a este tipo de piezas, de gran tamaño, ha hecho necesario establecer un sistema especial de acceso con el fin de garantizar un aforo máximo regular durante todo el horario da apertura. Por este motivo, todas las entradas se expedirán con hora de acceso establecida, lo que hace recomendable su compra anticipada para poder seleccionar la fecha y hora de acceso más conveniente a cada visitante.
Partiendo de la muestra presentada en la National Gallery of Art de Washington el pasado año, la exposición El Arte del Poder se presenta en el Museo del Prado con un proyecto más completo que gira en torno al verdadero significado de las piezas de armería y su representación en la pintura explorando expositivamente un tema inédito, tratado únicamente hasta ahora de forma accesoria en algunos estudios relacionados con la historia del retrato.
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Celada de la Armadura de Mühlberg (Desiderius Helmschmid, 1554) y Carlos V en Armadura (Juan Pantoja de la Cruz según Tiziano Vecellio, 1608) |
Desde principios del XVI hasta finales del XVIII ningún elemento formaba parte tan relevante de las caracteres esenciales de la imagen del gobernante europeo como la armadura. Monarcas, emperadores, príncipes y nobles se hicieron retratar con ella conscientes de su simbólica asociación al poder. El Arte del Poder. La Real Armería y el Retrato de Corte incide precisamente en el papel trascendente de la Armería como colección de referencia en el desarrollo del género del retrato armado para mostrar la fortuna de la dinastía y su poder dominante en Europa.
La muestra recoge una cuidada selección de piezas forjadas por los armeros más relevantes del Renacimiento, como los hermanos Negroli, la familia Helmschmid o Wolfgang Grosschedel, junto a esculturas del taller de Leone y Pompeo Leoni, un tapiz procedente de Patrimonio Nacional, que incluye un retrato armado de Carlos V, y obras de los más importantes pintores del momento como Tiziano, Rubens y Velázquez, procedentes del Museo del Prado y otras instituciones nacionales e internacionales, estableciendo entre ellas una profunda relación en la expresión de la representación del poder y la ideología de los monarcas españoles.
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Marte (Diego Velázquez, hacia 1641) |
Felipe II (Leone Leoni, 1551-1553) |
El Arte del Poder se abre con una sala introductoria que tiene como finalidad enmarcar la importancia de las colecciones reales de armería y pintura en las cortes renacentistas y barrocas, así como sus vínculos ideológicos y temáticos. En este espacio destacan la celada de parada del emperador Carlos V con el símbolo del Toisón de Oro, que pone de manifiesto la condición del monarca como gran maestro de la prestigiosa orden de caballería, y la borgoñota del Emperador Carlos V, que simboliza la victoria del cristianismo sobre el Islam, junto a pinturas de Rubens, Velázquez y Teniers. Como testimonio del fuerte nexo existente entre armas y pinturas como símbolos del poder real, en este espacio se exhiben también los documentos en los que se reflejan las órdenes dadas a la Real Armería para permitir el acceso de Velázquez y Rubens a la colección y así poder copiar al detalle las piezas.
La primera sección, El Retrato de Corte y las Armerías de Carlos V y Felipe II, analiza la influencia de las armerías del emperador y del monarca -siendo príncipe- en el retrato de corte. Aproxima al visitante al desarrollo y esplendor del retrato armado vinculado a la imagen triunfante de los monarcas en sus victoriosas batallas y en sus gloriosos viajes a Italia y Alemania. Armaduras como la que vistió Carlos V en la batalla de Mühlberg -elaborada en el año 1544 por Desiderius Helmschmid- junto al imponente retrato del emperador que conmemora esta victoria o la de la Cruz de Borgoña que lució Felipe II durante la Batalla de San Quintín -realizada por Wolfgang Grosschedel- y su reflejo en la obra de Antonio Moro son testimonio del importante valor simbólico de estas piezas.
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Armadura de Carlos V llamada de Mühlberg (Desiderius Helmschmid, 1544) y El Emperador Carlos V a Caballo en Mühlberg (Tiziano Vecellio, 1548) |
La segunda sección, La Ausencia de Retratos Armados en la Segunda Mitad del Siglo XVI y su Recuperación con Felipe III Príncipe, plantea el cambio de actitud de Felipe II hacia la imagen armada proyectada hasta entonces. El gusto del rey se inclinará por la imagen clásica a la romana de connotaciones heroicas o por el vestido de corte excepto en las composiciones relacionadas con la batalla de Lepanto. Estos conceptos se ilustran con los Juegos de Parada de Felipe II, una armadura de parada en paralelo a la escultura de Leone Leoni y la celada de Alí Bajá, trofeo de la Batalla de Lepanto, junto a la obra de Tiziano encargada con motivo de esta victoria.
Tras el cese de la comisión de armaduras para el servicio real durante gran parte del reinado de Felipe II, la incertidumbre causada por la incógnita de la supervivencia de Felipe III como último posible heredero en la sucesión dinástica provocará el renacimiento de este género reflejado en una serie de retratos armados asociados a su jura como Príncipe de Asturias, como se refleja en las obras de Pantoja de la Cruz y Justus Tiel junto a las armaduras infantiles de Lucio Marliani y Pompeo Della Cesa. Esta tradición se mantendrá durante el reinado de Felipe IV en obras como Retrato de Felipe IV Junto a Dos Servidores, de Gaspar de Crayer, donde el monarca es representado con la armadura de parada enviada en el año 1626 por Isabel Clara Eugenia.
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Armadura (Desiderius Helmschmid, hacia 1550) |
Luis XIV (Hyacinthe Rigaud, 1701) |
La tercera sección, bajo el título La Real Armería en la Pintura de Corte del Siglo XVII, muestra las diferentes fases por las que transcurre la relación entre los fondos de la colección de la Real Armería y el retrato cortesano, desde su estrecha vinculación a la imagen del poder real hasta su uso como mero repertorio aplicable a diversos tipos de pinturas desde el segundo tercio del XVII. Durante este período, las armas y su imagen transmitida por Carlos V y Felipe II siguen siendo fuente de inspiración para algunos retratos reales -Felipe II a Caballo, de Rubens, o Carlos II con Armadura, de Carreño de Miranda-, pero también estas armas son recurrentes como colección abierta a las necesidades de la corte para los retratos de nobles como los del Conde de Benavente, pintado por Velázquez, o el II Marqués de Santa Cruz en el Socorro de Génova, de Pereda, obra recientemente restaurada, o el del Conde Duque de Olivares en La Recuperación de la Bahía de Todos los Santos, de Maíno. Todos ellos aparecen posando con las armaduras del “Felicísimo Viaje”, y con el estoque de ceremonia de los Reyes Católicos.
Para finalizar, la última sección del recorrido, El Retrato Borbónico en Armadura: La Tradición Francesa y Española, aborda la llegada de Felipe V, monarca que aunó el gusto francés del retrato armado y la tradición española de la dinastía de los Austrias. El ejemplo más descriptivo de esta fusión artística se ofrece en su retrato anónimo como un joven recién llegado vistiendo la armadura de Felipe II, ya representada por Tiziano. En este espacio se exponen también los retratos de Fernando VI, parcialmente armado, de Jean Ranc, y el de Carlos III, pintado por Mengs, último ejemplo de un monarca español en armadura, que cierra la exposición.
Hasta el 23 de Mayo de 2010 en el Museo Nacional del Prado de Madrid.
(Calle Ruiz de Alarcón, nº 23) Horarios: de Martes a Domingo, de 09:00 a 20:00 horas.
www.lahornacina.com