NUEVA OBRA DE SALVADOR MADROÑAL

Miguel Ángel Jiménez Barbero (23/03/2015)


 

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Nueva talla de Santa María Salomé del escultor e imaginero Salvador Madroñal Valle para la Real Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Tercio de los Siete Dolores, Santa Cruz en el Monte Calvario, María Santísima de la Amargura y San Juan Evangelista (Ciudad Real).

El personaje de Santa Salomé, conocida como María Salomé, no es muy mencionado en las fuentes católicas. Fue seguidora de Jesús de Nazaret, siendo una de las "Tres Marías" (Marcos 15,40) que se encontraban entre los testigos de la crucifixión de Jesús, junto con María Magdalena y María, la madre del Santiago el Menor y de José. Es también una de las tres mujeres que acuden a visitar la sepultura de Jesús en la mañana del Domingo de Resurrección (Marcos 16,1) y a las que se aparece el ángel anunciando la feliz noticia.

Desde el punto de vista etimológico, su nombre deriva de la palabra hebrea "shalom", que significa paz y prosperidad. Siguiendo la interpretación tradicional cristiana de los textos evangélicos, Santa María Salomé, esposa del Zebedeo, pescador de Galilea, habría sido la madre de los Apóstoles Santiago el Mayor y San Juan Evangelista. Igualmente se cree que fue la hermana de la Virgen María, lo que se deduce de la lectura del Evangelio de San Juan, versículo 19:25.

Los evangelios canónicos no califican nunca a Salomé como discípula de Jesucristo, por lo que los principales escritores cristianos le otorgan el reconocimiento de "seguidora" de Jesús. Se nos presenta como una mujer sencilla, sin doblez, sin fricción, que fue integrante activa del círculo pasionista de Jesús, al que siguió desde Galilea y con el que estuvo al pie de la cruz en el Monte Calvario.

Salvador Madroñal ha realizado esta nueva y bellísima imagen a tamaño natural, en madera de cedro estucada y policromada para ser vestida, siguiendo las pautas de la imágenes de candelero; esto es, cabeza y manos perfectamente presentadas, mientras que el resto del cuerpo se presenta tallado a grandes rasgos, estando éste destinado a ser cubierto por bellos e interesantes ropajes y atavíos.

La interpretación que ha querido escenificar el imaginero es el de una mujer bellísima, pero no por ello cargada de dramatismo y gran unción. La imagen ha sido concienzudamente estudiada tanto en su disposición, como en su modelado y policromía, ya que la misma se podrá contemplar en todo su derredor.

La cabeza, de rasgos muy clásicos, se muestra frontal y cabizbaja, no queriendo para nada robar protagonismo a la figura principal del misterio: Nuestra Señora de la Amargura. Pero demuestra la santa tal calidad artística que sería francamente complicado no fijarnos en la belleza que desprende.

La calidez de su rostro es de marcado estilo clásico e incluso helenístico. Sus rasgos son radiantes y aunque de expresión joven, están marcados por el trance de la Pasión. Las cejas se ondulan en forma de "S", revelando sus ojos la angustia y aflorando de éstos lágrimas de dolor que dibujan finos surcos a lo largo de sus mejillas. La nariz, recta y elegante. La boca se abre ligeramente, intentando mantenerse alerta, mostrando perfectamente tallada la lengua, paladar y dientes, ofreciendo a la obra una calidad escultórica francamente llamativa.

El pelo es interpretado a través de ricas guedejas, intercalando cortos y largos, yendo éstos rizados y con una impronta muy "roldanesca", llamando poderosamente la atención los dos mechones que enmarcan el rostro de Santa María Salomé. Las manos se presentan entrelazadas e implorantes, mostrando en todo momento una escena de recogimiento que hace que tenga esa unción que tanto necesita la imaginería actual.

 

Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de la obra a través del icono que encabeza la noticia.

 

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